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Capítulo 4 : primera etapa del examen

  —?YA!

  La se?al de Magnus explotó en el cielo como un sol artificial, y en el instante siguiente, trescientas personas se lanzaron hacia adelante.

  El suelo tembló.

  Los primeros metros fueron puro caos. Empujones, gritos, aspirantes tropezando entre sí. Algunos intentaban abrirse paso a codazos; otros quedaban atrapados entre la multitud y caían al suelo.

  Un chico resbaló y fue arrastrado por la masa humana.

  —?Cuidado!

  Demasiado tarde.

  El primer obstáculo apareció a los pocos segundos: un tramo de plataformas móviles suspendidas sobre un foso de barro espeso. Las tablas se inclinaban con el peso y se movían de forma irregular.

  Los más imprudentes saltaron sin calcular.

  Error.

  Dos cayeron de inmediato.

  Lance sonrió.

  —Esto se pone interesante.

  Saltó con precisión, ligero, casi disfrutando. No parecía forzado; su cuerpo reaccionaba como si hubiese estado esperando ese momento toda su vida. Esquivaba, calculaba, pisaba justo donde debía.

  Un aspirante intentó cerrarle el paso.

  Lance apoyó la mano en su hombro y lo usó de impulso.

  —Gracias, amigo.

  Cayó del otro lado con una risa breve.

  Kyo llegó segundos después. Dudó antes de saltar. Una tabla se inclinó demasiado y casi pierde el equilibrio. Sus brazos temblaron al estabilizarse.

  —No mires abajo… no mires abajo…

  Avanzó con dificultad, pero avanzó.

  Al salir del foso, ya había decenas eliminados.

  Segundo obstáculo: un campo de estacas que emergían del suelo de forma impredecible. No eran puntiagudas para matar, pero sí lo suficiente para derribar.

  Shion apareció como una flecha.

  No corría más fuerte. Corría mejor.

  Sus pasos eran exactos. No desperdiciaba energía. Sus movimientos eran mínimos, eficientes. Mientras otros saltan exageradamente, él apenas se desplazaba lo necesario.

  Lance lo notó.

  Y sonrió.

  —Ah… así que hay alguien interesante.

  Aceleró.

  En cuestión de segundos, Shion lo superó.

  Lance quedó atrás un instante, sorprendido.

  —?Qué…?

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  Apretó los dientes y aumentó el ritmo hasta alcanzarlo.

  —Oye —dijo mientras corrían—. ?Cómo te llamas?

  —Shion.

  Seco. Directo.

  —Soy Lance. ?Carrera hasta la meta?

  —No tengo tiempo para juegos.

  Y volvió a acelerar.

  Lance soltó una risa.

  —Perfecto. Entonces es competencia.

  Y lo persiguió.

  Desde las gradas, Edgar cruzó los brazos.

  —Ese de cabello oscuro —dijo se?alando a Shion—. Yo lo recluté.

  Dorian no apartaba la vista del circuito.

  —Se nota.

  —Tiene disciplina. Hambre. Ambición real.

  Dorian observó más atrás.

  Kyo estaba en el puesto 55.

  Tropezó con una estaca emergente y cayó de rodillas.

  Se levantó.

  Volvió a correr.

  —El mío no se rinde —murmuró Dorian—. Se llama Kyo. No creo que pase… pero me gusta su actitud.

  Edgar lo miró con curiosidad.

  —A veces eso es más peligroso que el talento.

  Tercer obstáculo: una pendiente de arena inclinada que cedía bajo los pies. Cada paso hacia arriba implicaba medio paso hacia abajo.

  Los músculos comenzaban a quejarse.

  Lance y Shion subían casi al mismo ritmo.

  —No estás mal —dijo Lance entre respiraciones controladas.

  —Tú tampoco —respondió Shion sin mirarlo.

  —A partir de hoy somos rivales.

  —Decídelo cuando ganes.

  Y aceleró otra vez.

  Más atrás, Zoe avanzaba con ritmo constante. No intentaba llamar la atención. Observaba.

  Calculaba.

  —Esos dos… —pensó—. Técnica limpia. Excelente condición física. Probablemente los más fuertes de este a?o. Pero uno de ellos tiene mejor control de energía… interesante.

  En otro punto del circuito, Layla reía mientras saltaba un muro bajo.

  —?Oigan, no se empujen tanto! ?Hay meta para todos! Bueno… casi.

  Tenía buena condición física, sorprendentemente estable. No parecía forzarse demasiado.

  —Esos dos de adelante se esfuerzan mucho por impresionar —comentó con una sonrisa divertida—. Aunque admito que es entretenido.

  Mientras tanto, Kyo seguía cayendo.

  Subió la pendiente de arena usando manos y rodillas.

  Un aspirante lo superó.

  Luego otro.

  Su respiración ardía.

  “Puesto 60… 58… 55…”

  —Lance es increíble… —pensó—. No puedo compararme…

  Sacudió la cabeza.

  —No vine a compararme.

  Y siguió.

  Finalmente, el último obstáculo apareció ante los primeros aspirantes.

  La Gran Cascada.

  Un muro de agua brutal cayendo con fuerza constante. La roca era resbaladiza, irregular.

  Dorian sonrió levemente.

  —Kyo… ya pasaste por esto. Veamos qué aprendiste.

  Shion fue el primero en escalarla. Rápido. Preciso. Sin titubeos.

  Lance llegó segundos después.

  Ambos alcanzaron la cima casi al mismo tiempo.

  Shion cayó primero al otro lado.

  Lance, segundo.

  —Nada mal —dijo Lance riendo—. Eso fue divertido. Te superaré.

  Le extendió el pu?o.

  Shion lo miró un segundo… y chocó el pu?o suavemente.

  —Aún no cantes victoria. Falta la prueba definitiva.

  Los pactantes observadores murmuraban impresionados.

  Zoe llegó en octavo lugar.

  Layla en décimo.

  Uno a uno, los aspirantes cruzaban la meta.

  Cuarenta y nueve.

  Solo quedaba uno.

  Dorian frunció el ce?o.

  —?Será que Kyo ya perdió…?

  Lance miró la cascada.

  —Creí que llegaría antes… me cayó bien.

  Zoe entrecerró los ojos.

  —?Kyo? ?Es fuerte?

  Layla inclinó la cabeza.

  —Si Lance lo menciona así… supongo que debe ser interesante.

  Shion no dijo nada, pero esperó.

  Entonces apareció un aspirante agotado. Trepó la cascada con dificultad y cayó del otro lado.

  Quince metros lo separaban de la meta.

  Corrió tambaleándose.

  —Es él —dijo alguien.

  Dorian bajó la mirada.

  —Lo siento, Kyo…

  Pero entonces—

  Otra silueta emergió entre la cortina de agua.

  Kyo.

  Sus brazos temblaban. Sus piernas apenas respondían.

  El otro aspirante lo vio.

  Aceleró.

  Kyo también.

  El mundo comenzó a volverse borroso.

  Por un instante… oscuridad.

  Y en esa oscuridad, recordó las noches.

  Las caídas.

  Las manos raspadas.

  El agua helada golpeando su rostro.

  La voz de su padre.

  “Levántate.”

  —No voy a perder… —susurró—. No otra vez.

  Sus piernas respondieron.

  Corrió.

  Más rápido.

  El otro aspirante forzó su cuerpo más allá del límite… y cayó desmayado a pocos metros de la meta.

  Kyo lo superó.

  Un paso.

  Dos.

  Cruzó.

  Cayó de rodillas.

  Magnus alzó la mano y una gigantesca llamarada iluminó el cielo.

  —Así concluye la primera etapa.

  Aplausos.

  Dorian sonrió, orgulloso.

  —Nada mal, ni?o… nada mal en absoluto.

  Lance llegó junto a Kyo, riendo sin aliento.

  —?Pasamos! ?Solo queda la segunda mitad! Creí que no llegarías… pero lo lograste.

  Le dio palmadas en la espalda.

  Kyo apenas podía mantenerse de pie.

  Desde la distancia, Shion, Zoe y Layla lo observaban.

  último lugar.

  Silencio.

  Magnus dio un paso al frente.

  —Es hora de la prueba final… donde se decidirá quiénes serán los próximos pactantes oficiales.

  El aire cambió.

  Y el verdadero examen estaba por comenzar.

  ?

  Fin del capítulo 4

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