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Nivel 3: Desbloqueo: Sistema de Sangre

  Andrew giró una última vez antes de cambiar de marcha sin detenerse. Un escalofrío le recorrió el cuerpo. Intentó detenerse, pero sus manos se tensaron. No se detuvo. Pisó el pedal, cambió de marcha. Vio rojo. Entrecierro los ojos, esquivó varios coches que intentaban cerrarle el paso. Su conexión con el auto le ayudaba demasiado. En el asiento trasero, sus chicas se agacharon. Andrew se revisó la cara: sangraba por la nariz, los ojos y las orejas. Su vista era borrosa, pero su coche aún estaba allí. Le costaba sentir lo cercano.

  —?A la derecha! ?Más derecha! Julia, mueve esos drones. Andrew, a la izquierda —ordenó Ashley.

  él obedeció sin dudar. ?Dónde estaba? ?Por qué le atacaban? Su cara se humedeció. Andrew sacudió la cabeza. ?Estaba sangrando más? ?O qué estaba pasando?

  —Quédate quieto, tonto. Estoy tratando de limpiarte —la voz de Ashley le hizo relajar los hombros.

  Un pinchazo en su costado le hizo presionar. Sus ametralladoras destruyeron ese insecto molesto.

  —Atrás, atrás. No, está bloqueado —Julia estaba asustada, en pánico. No hablaba bien.

  —Dame eso... Ok. Derecha, y sigue mis instrucciones.

  Andrew suspiró. Se tensó. Se hundió más. El auto le hablaba: aún le quedaba más de la mitad del combustible, la munición era suficiente, sus chicas estaban sensibles, la carrocería estaba da?ada pero nada grave.

  Siguiendo las instrucciones de Ashley, ya no sintió dolor. Los ruidos de balas se desvanecieron. Sus ametralladoras montadas le quemaban las manos. Julia le limpiaba la cara con manos temblorosas. Más de una vez presionó, haciendo que él chillara. Ella se disculpaba. Andrew se mordió la lengua para no insultarla. La quiero mucho. No debo hacerle nada malo. Eso arruinaría mis oportunidades.

  Con dificultad, logró abrir los ojos por completo. Lo poco que pudo ver era todo rojo. Había cadáveres por todo el desierto. Su corazón latía a mil.

  —??Dónde estamos, maldición?! ??Por qué todo está rojo!? —gritó, escupiendo sangre como si no fuera suficiente.

  Julia le lavó la cara.

  —Andrew, cálmate. Estás viendo profundo. Esa sangre y esos cadáveres están en esta tierra —sintió un beso en el cuello. La voz de Ashley sonaba firme—. Te lo digo, es una experiencia alucinante. Yo la he visto seguido. Yo desperté la visita, ?recuerdas, Andy? Sigue mi respiración y parpadea.

  Andrew siguió el ejemplo, manteniendo el pedal a fondo. El mundo rojo desapareció en un parpadeo, junto con los cadáveres.

  —Según mi información... matamos a Mónica. Y todos los de su tribu nos quieren muertos —dijo Julia en posición fetal.

  Andrew quiso detener el auto, pero no sabía dónde estaban sus enemigos. Por suerte, Ashley se acercó y la abrazó. Julia, lentamente, abandonó la posición fetal.

  —Ok, iremos con el maestro. Tenemos una clase de teoría, y no sé ustedes, pero yo tengo muchas preguntas —Ashley hablaba como si todo estuviera bien. Maldijo. Hoy, maldición. Tomó un pa?uelo y limpió lo que quedaba de sangre.

  El camino de regreso a la ciudad se llenó con el canto de Ashley:

  Un día como cualquier otro.

  Te levantaste, nos llamaste.

  Este día viviremos, viviremos.

  No hay camino, solo nosotros.

  Hay estaciones que pasamos.

  Pero nosotros vivimos, la aventura está allí.

  Fue suave y lento. Andrew se relajó por fin, viendo el desierto pasar. Todo tan tranquilo. Respiró profundo. Aún debía seguir. No podía detenerse. Debía llegar a un lugar seguro. Sus brazos estaban como losas.

  El desierto pasó lentamente. Edificios abandonados adornaban el camino. Julia le dio un beso en el cuello, y se sintió diferente, no como el de Ashley.

  Andrew parpadeó y, por un instante, todo se volvió blanco y negro. Las primeras construcciones de las afueras aparecieron como siluetas recortadas contra un cielo sin color. Humo negro emergía de las calles laterales, retorciéndose como dedos que se?alaban algo que él no podía ver. Quiso enfocar la mirada, pero los edificios parecían respirar. De sus entra?as llegaban gritos. No gritos claros, ni palabras. Eran ecos sin forma, voces que se acumulaban unas sobre otras hasta volverse un murmullo espeso, como estática emocional.

  Apretó el volante. Los nudillos se blanquearon.

  Entonces Ashley cantó.

  Hay caminos que duelen.

  Hay noches que no terminan.

  Pero cuando la tierra tiembla,

  siempre hay un lugar al sur.

  La voz llegaba desde el asiento trasero, suave, casi susurrada. Andrew sintió cómo los hombros le bajaban un centímetro. El blanco y negro parpadeó, vaciló. Por un momento, el semáforo frente a él recuperó su rojo.

  Nos rompemos, nos cosemos.

  La aventura deja marcas.

  Pero el auto siempre sabe

  el camino que regresa a casa.

  Los gritos de los edificios se apagaron. El humo negro ya no eran dedos acusadores; era solo humo, contaminación, la ciudad haciendo lo que la ciudad siempre hacía. Respiró hondo. El olor a gasolina y comida rápida llenó sus pulmones. Normal. Cotidiano. Vivo.

  Dobló una esquina. El bar de Susano apareció al final de la calle, su neón parpadeante como un faro en la niebla. Andrew sintió el peso de sus párpados por primera vez en horas. Los brazos, que habían sido losas, ahora eran solo brazos muy cansados. La calma lo envolvía como una manta pesada.

  —Ya casi —murmuró, más para sí mismo que para ellas.

  Aparcó. Apagó el motor. El silencio del auto apagado fue lo segundo más hermoso que había escuchado en todo el día. Pero por primera vez en horas, por primera vez quizás desde que comenzó la carrera, sus párpados pesaban como si estuvieran hechos de plomo.

  Se sintió en paz.

  Casi podía dormir, pero con un gru?ido se levantó. Aún no terminaba. Tosió, pateó la puerta y salió, teniendo que sostenerse del auto cuando sus ojos perdieron el foco. Vio el cielo iluminado por el sol en lo más alto.

  —Maldición, ?por qué pesas tanto? Estás gordito, Andy.

  —Andrew, está bien. El maestro ya arreglará todo. él puede.

  Las voces de sus chicas sonaban a su alrededor. Andrew solo pudo sonreír al escuchar los improperios de Ashley sobre cargar a un gordo.

  Usándolas como apoyo, logró caminar lentamente y pellizcó a Ashley.

  —Tú eres... la... gordita —dijo, con sus pulmones tragando aire como un loco. Estaba seguro de que el apagón que sufrió cuando conducía no fue tan grave.

  —Se llama tener un culo de calidad. Y no eres nadie para quejarte; eres un cliente recurrente.

  Andrew trató de decir que, como hermano, siempre sería el principal cliente, pero no sonaba tan bien cuando lo pensaba, y sus pulmones no le dejaban hablar.

  Se pararon frente al bar. Camino a la profundidad, por alguna razón se sentía más. ?Eso tiene sentido?.

  Con el cuerpo pesado, Andrew entró al bar a paso de tortuga. El lugar estaba desierto; solo su maestro limpiaba un vaso junto a Penny. Oyó a Ashley decir algo antes de que su visión se nublara. Al intentar captar un rastro extra?o en el aire, el equilibrio le falló y el mundo se fundió a negro.

  Despertó entre tinieblas, arrullado por el zumbido de máquinas y pasos distantes. Creyó escuchar a un perro, un bulldog como el que Julia tanto quería. Ella merecía un lujo así, pensó vagamente. Pero ?qué le daría a Ashley? Un destello verde cortó de golpe sus divagaciones.

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  Andrew se sentía suspendido en gelatina. Al incorporarse, vio a Penny.

  —El amigo Andrew sufrió graves da?os —anunció el robot—. Agotamiento crítico de glucógeno, acumulación de lactato y hemorragia en orificios faciales.

  Andrew giró la cabeza y vio a Ashley y Julia en cápsulas de ambrosía. Siempre le asombraba la tecnología de las ciudades; aquel equipo era digno de magnates, pero su maestro lo poseía.

  —Déjalo, Penny, no está escuchando —intervino el maestro, su voz cargada de fastidio—. Están castigados. Su castigo serán las clases. Llevan un a?o, cuatro meses y veintidós días conmigo. Normalmente espero dos a?os, pero esa vena suicida me obliga a ense?arles cómo morir. Como maestro, es mi obligación.

  Un holograma mostró monjes, ojos y el símbolo de la organización: la cruz clavada sobre el dragón, pero asediada por un basilisco y un Baphomet por los costados.

  —?Esto es una mierda! ?Exijo mis derechos de paciente! —bramó Ashley.

  —Jovencita, hace horas tus ojos escupían sangre —suspiró el maestro—. Aprende de Julia, que ya está lista para escuchar.

  Andrew se dejó flotar en la ambrosía. Se sentía relajado, flotando en una nube de analgésicos. La voz de Julia, llena de duda, preguntó qué era el tercer ojo.

  —Yintang, Ojo Espiritual o de la Providencia; ha tenido muchos nombres. Quizá en la antigüedad fueran diferentes habilidades, pero hoy solo designa al sentido que despierta bajo la influencia de un demonio —explicó, mientras el holograma mostraba a un hombre disparando con los ojos vendados.

  —?Entonces es demonización? —Ashley volvía más tranquila.

  Andrew sintió que debería estar alarmado, pero la ambrosía lo mantenía flotando.

  —El cuerpo trata de defenderse. Paso uno: captar. Así los seres vivos crecen —con un ademán, Andrew vio videos de perros olfateando apenas nacer—. Ante la presión de seres que modifican la realidad, la habilidad básica nuestra —el sentido— primero crece en los sentidos terrenales, que definimos como los cinco básicos.

  Penny le indicó que podía salir. Ashley saltó de la cápsula sin vergüenza. Andrew se tapó los ojos. Después de un rato, ya vestidos, los llevaron a una habitación limpia y fresca, con una ensalada de pollo César orgánica.

  Era tan deliciosa. Los chillidos de sus chicas le daban ganas de comer y disfrutar. Su maestro, con un toque, activó otra pantalla holográfica..

  —Con el tiempo sentirán más profundo, analizarán detalles que pasan por alto y conectarán información. Un cazador necesita saber de su presa —explicó el maestro mientras la pantalla mostraba a un lobo acechando a un humano—. Como Andrew es testigo, pueden hundirse para imponer su voluntad. Por ejemplo, el auto tiene los sistemas da?ados porque Andrew luchó contra ese virus de forma bruta y se quemó.

  —?Jajajajaja! —la risita de Ashley hizo que Andrew golpeara su cabeza contra la mesa.

  Su bebé... No importaba. Estaba vivo. Sus chicas estaban bien. Se podía reparar; ya vería cómo.

  —Por ahora necesitan apoyo, como el cable link. Al ganar experiencia, verán más allá por sí solos. Las visiones son residuos emocionales, pero ustedes, como una estación de radio, sintonizan eventos específicos —respiró hondo. En la pantalla, Andrew vio a un hombre reconstruir un asesinato reuniendo información residual—. Si se ciegan, crean un falso positivo. Si hay dolor, ven dolor; entonces la información se distorsiona.

  —Entonces, ?en ese desierto ha muerto tanta gente que mi dolor hizo que solo viera eso, lo cual me causó más dolor? ?Un ciclo de mierda? —Andrew masticó un muslo de pollo y notó que lo miraban.

  —Correcto. En el futuro, cuando cacen, verán muchas cosas. Deberán concentrarse para hallar pistas, reconstruir, investigar.

  Andrew infló el pecho ante el elogio. Ashley le dio un pulgar arriba y Julia parecía sonrojada. Sacudió la cabeza para concentrarse.

  —Hablemos del origen: la influencia de demonios. Nadie sabe qué son, ni sus siervos conocen más que sus poderes. Su influencia en humanos de este mundo otorga el tercer ojo. En otras especies da efectos diferentes. Nadie sabe por qué.

  —?Somos especiales? ?Tomen eso, elfos! ?Serán extraterrestres? Si son humanos de otro mundo, ?iremos alguna vez? —Ashley lanzaba preguntas como metralleta.

  Julia le seguía de cerca, preguntando donde vienen los Daemons. El maestro miró al cielo buscando respuestas. Andrew lo entendía, pero se quedó pensando: dijo "de este mundo". ?Había humanos en otros planetas?

  —Los demonios viven en el Mundo Abisal. Imaginen un collage de fragmentos de mundos conquistados por los demonios. Es tan grande que ni ellos lo dominan todo —el maestro mostró un castillo medieval junto a un mar, una ciudad de los noventa y un planeta cuya luna era otro mundo.

  —?Entramos y tomamos cosas para hacer magia? —preguntó Ashley, casi declarándolo.

  —Esa será otra lección. Coman, que aún falta...

  Andrew apretó los dientes. Terminó su ensalada y Penny le trajo un pasticho grande. Era delicioso, pero la maldijo porque ella sonreía disfrutando de su furia contenida.

  —Ahora hablemos de... magia.

  Tras una pausa dramática, el maestro lanzó la bomba. Ashley escupió. A Julia se le cayó el tenedor. Andrew se atragantó.

  ?Magia? ?Cómo que magia? ?Qué carajo?

  Con los ojos muy abiertos, Andrew observó a su maestro sacar de su gabardina un libro enorme con letras japonesas y detalles rojos y dorados.

  Fuego.

  Antes de que Andrew pudiera reaccionar, todo se cubrió de fuego. Saltó de su asiento, ayudó a Julia, que se había caído. Se giró. Ashley estaba sentada, comiendo su lasa?a sin inmutarse, mientras la sangre inundaba todo con un olor a hierro.

  —Ooo, estamos muy sensibles, ?verdad, maestro? —con la boca llena, Ashley le apuntó con los ojos. Andrew notó que sus ojos estaban tensos—. Apenas hizo algo y nuestro sentido saltó.

  —Esta es nuestra magia. Fuego y sangre. Es un poder con mucha historia —su maestro miró su mano como si fuera un buen amigo. Andrew vio garras triangulares de diez centímetros—. Por ahora deben entender que la sangre es la vida de la magia, y el fuego, su furia.

  Cuidadosamente, Andrew se sentó. Julia hizo lo mismo. Su maestro abrió su libro, que gru?ó. Andrew apretó los pu?os. Debo esperar. No importa cuánto quiera golpear ese libro con... ?dientes?

  —Estos son mis grimorios. Aquí está mi maná, mis hechizos. Es una extensión de mi ser. Si ríe, soy yo. Si odia, soy yo. Para dominar la magia, deben aprender a hundirse, como hace Andrew.

  El libro voló hacia Ashley. Andrew saltó al verlo morder. Intentó arrancarlo, pero el libro lo levantó y lo tiró. Desde el suelo, vio a Ashley tomar el grimorio.

  —Ooo, Andrew, no lastimes al libro. Es muy amable. No me está lastimando, ?verdad que sí?

  Perfecto. Ahora tendrá que competir con un libro en el futuro. Por otro lado... ?él tendrá un libro? ?Tendrá magia? Ok, estaba en shock total. Alucinando al ver a Julia leyendo otro grimorio.

  —?Cómo? ?Por qué la tecnología? —Julia no podía articular palabra.

  Andrew se levantó, miró el grimorio en su asiento. Al abrirlo, vio figuras geométricas dentro de otras, símbolos.

  —Para hacer magia, deben hacer un ritual donde la sangre cambiará su esencia. Se volverán parte de la familia del clan —su maestro sacó una copa de dragón con el símbolo de la cruz.

  —?Quiero, quiero! ?Vamos, estamos listos! —Ashley estaba efusiva, pasaba páginas del grimorio que le había tocado—. ?Podemos volar? ?Podemos controlar el agua? ?Podemos...?

  Así, más preguntas se formaron. Andrew esperó. Ashley haría las preguntas. Julia seguía en silencio, con los ojos bien grandes.

  —Aún no están listos. Andrew imprudentemente se hundió, y miren cómo terminó —un golpe en la mesa silenció todo. El aire ardía—. El fuego es poder. Si quieres controlar el agua, debe hervir. Debes sacrificar sangre.

  En ese momento, Penny entró cargando barriles llenos de agua y madera. Los dejó frente a ellos. Su maestro les preguntó si estaban listos.

  Sin esperar respuesta, la madera se encendió y creó tanto humo que Andrew tuvo que respirar profundamente mientras se mantenía en su asiento. Debía esperar, confiar en que su maestro haría su magia... Su magia. Suena más raro con el tiempo.

  El humo se apoyó en el techo. Sin ese olor a quemado, la madera formó un fuego azul. Andrew esperaba asarse, como en el campamento donde los ponían bajo el sol abrazador... pero se sentía fresco. Escuchó a Julia murmurar que el fuego azul no tiene humo.

  —El fuego es nuestro. Sus hijos o parientes están bajo nuestro abrazo —la llama azul se movió y el agua hirvió hasta que las burbujas explotaron—. Del fuego nace el humo. Entonces, nuestra magia nos permite crear humo del fuego, incluso si este no lo tiene. El fuego es la base.

  Burbujas violentas estallaron en un caos líquido, hirviente y cegador. El vapor ya se estaba formando. Pero su maestro se cortó la mano, dejando escapar gotas de sangre. Andrew pudo ver cómo la sangre salía de forma controlada.

  —Los elementos: sangre, fuego, calor, humo. Nuestra esencia —el agua hirviendo se elevó en el aire.

  Andrew miró fijamente, el cuerpo tenso. Esto es increíble. ?Qué podrá hacer...? Pero si le sumamos la tecnología...

  Apoyó el mentón sobre el puente entrelazado de sus manos. ?Qué tan fuertes son los enemigos que enfrentan? ?Qué tan complicado es dominar esta magia? ?Cuál es el ritual del que habla? Ashley miraba todo con asombro, sus ojos brillaban. Julia no se quedaba atrás. Andrew sonrió. Siguen teniendo dieciséis a?os.

  —La sangre crea el vínculo, y el fuego conquista. Sea el elemento más duro, por así decirlo, y más grande, necesitas más sangre y mucho más maná. Estos se llaman elementos secundarios —ahora se mostró un círculo con sangre y fuego en el centro, con humo y calor en la segunda capa, y...

  Andrew se acomodó para ver mejor. Agua, aire, lava... ?Qué carajo?

  —Entonces, ?la tecnología cómo se relaciona? —Julia habló mordiéndose el labio, nerviosa.

  —Es una herramienta más —su maestro cruzó los brazos—. Considerando nuestras habilidades físicas, los cazadores utilizamos el cyberware estadounidense. No es un reemplazo.

  Su maestro tocó una pared y se abrió una caja. De allí sacó una armadura de brazo. Con un movimiento rápido, se la colocó. Andrew esperó luces, pero nada. Solo recibió una carcajada de su maestro.

  —Esto nunca deja de ser divertido —su maestro extendió el brazo. Salieron cables con púas, golpeando la pared—. Somos más resistentes. Por lo tanto, nuestro equipo puede prescindir de ciertas partes.

  En la pantalla se mostró un holograma de comparación. Una armadura de cazador no tenía refrigerante, dejando mucho espacio. Tenía menos amortiguadores u otras medidas de seguridad.

  —Aún les falta mucho. Por ahora, entrenaremos hundirse en equipos tecnológicos. Ya tienen una función para interactuar; son accesibles —les entregó varios libros de... ?biología sanguínea? ?Qué es eso? —. Después, objetos más analógicos, hasta llegar a una piedra.

  —Entonces, abran sus libros en la página uno. Deben entender la sangre —detrás suya, un holograma de una gota de sangre.

  Andrew vio a Ashley, llena de energía. A ver cuánto dura leyendo. Vio a Julia, igual de enérgica. A ver cuánto dura antes de pedir un tiempo fuera y maldecir que no tiene sentido... Ambos eran igualitas.

  Andrew solo abrió su libro. Era hora de aprender.

  Fin.

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