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Capítulo 31: El silencio roto

  **Perspectiva de Falu**

  Despertando de un profundo sue?o, el canto de los pájaros me da la bienvenida. Como en otros días, me levanto y la fría sensación de la madera bajo mis pies me recuerda que aún estoy vivo.

  —Hijo —me llama una voz familiar.

  —?Papá? —pregunto, sacudiéndome el sue?o.

  —Hoy van a llegar. Nuestros hombres están vigilando los alrededores. Si las negociaciones van bien, podremos salir de esta... ?estás bien?

  —Sí... estaba un poco cansado.

  Mi padre se sienta a mi lado y sostiene mi cabeza.

  —Sé lo que sientes y sé que todavía vives solo... mantente fuerte.

  Sin decir más, nos dirigimos, junto a los otros líderes, a la casa donde se llevan a cabo las reuniones, situada en el centro del pueblo. Al mirar hacia arriba, cada patrón de protección que se ha formado busca resguardar a nuestra gente. A pesar de verlo con regularidad, un suspiro de cansancio se escapa de mí. Al entrar en la casa, comienzan a organizar quién se presentará ante ellos y qué información se mostrará primero.

  —Hablé con Tovael y ambos creemos que tú deberías ir primero. Si algo más ocurre, estaremos listos para apoyarte —opina Nehari.

  —Uff, supongo que no puedo negarme, pero a cambio quiero que mi hijo presente los alrededores a los invitados.

  —?De qué hablas? ?Pero él es solo...! —intenta cuestionar Tovael.

  —No es un ni?o... yo confío en él —interrumpe mi padre.

  Con esas palabras, las manos de Tovael comienzan a apretarse de frustración.

  —No, eso. Debemos saber si son confiables y obtener toda la información que podamos —insiste Tovael.

  —?Y tú crees que alguien como tú o como yo podría extraer información? Creo que no, pero tal vez un ni?o como él pueda hacer que se sientan más cómodos que con nosotros —argumenta mi padre.

  —Supongo que sí; ambos tienen cara de ogros —bromea Nehari, soltando una risita despreocupada.

  —???Cara de ogro?! —se asombra Tovael, volteando su rostro, fastidiado.

  —Bueno, como sea.

  —Yo también creo que puede hacerlo... por favor, denme la oportunidad —interrumpo, dirigiendo la mirada hacia mi padre. Con cada gota de valor que puedo reunir, sostengo sus miradas.

  Hecha esta desesperada petición, todos quedan en silencio. Con una sonrisa, la persona menos pensada interrumpe el ambiente tenso.

  —Yo también creo que ese ni?o debería ir. Si mi opinión cuenta para algo, este ni?o está hecho para ser un líder. Es bueno que practique desde ahora.

  Al voltear a ver a quien dijo eso, me encuentro con una anciana cuyo rostro refleja diversión.

  —?Saserdotisa? No, perdón, se?orita Sey. ?Qué hace aquí? —cuestiono.

  —Estoy aquí para ver qué harán.

  —Ja, supongo que ya todo está dicho, ?me equivoco, chicos? —cuestiona, mirando a los otros líderes.

  Con ese leve silencio, nadie refuta, y con un asentimiento, todos aceptan. Entre acuerdos, un explorador llega a la reunión, acelerado y, con jadeos, habla.

  —Otros exploradores vieron a un grupo de no más de 20 personas, todas a caballo, llegando a las puertas principales.

  Sin decir más, mi padre se despide.

  —Bueno, con eso creo que es todo... qué fastidio —resopla Nehari mientras aprieta el pu?o.

  —Ya relájate. Lo que vendrá ahora sí será complicado —consuela Tovael, serio.

  Al escuchar esto, la cara de Nehari se ilumina de sorpresa y replica:

  —Sabes, a veces aciertas cosas muy acertadas.

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  —Ya cierra la boca —responde él, fastidiado, mientras un silencio se interrumpe rápidamente con las risas de todos y su posterior salida de la sala.

  —Confiamos en ti, Falu, lo harás bien —me dice Nehari, tocándome el hombro.

  Al salir, la soledad es lo único que me acompa?a, y, con ella, un peso extra?o se posa en mi espalda. El paso de las aves da cuenta del tiempo que pasa; todos están expectantes por los recién llegados, entre miradas de temor y preocupación. La puerta se abre y todos observamos cómo arriban unas cuantas personas. Entre ellas, dos individuos llaman mi atención... ?ni?os?

  Estas personas, casi de mi edad, están junto a una chica que, con un vistazo, parece alguien a tener en cuenta. El cabello de la chica que acompa?a a ese chico es de un color raro, un negro profundo que contrasta con el tono morado de su vestimenta; algo que es... único. Con eso, el sonido de la madera crujiente me hace acercarme más a ambos mientras se pierden dentro de la sala de reuniones.

  —Vaya, ni?os en problemas de adultos... supongo que el exterior no ha... —intenta opinar la sacerdotisa desde un costado.

  —?Sacerdotisa, está... bien? —pregunto, mirando la preocupación que se asienta en su rostro, casi siempre sereno.

  —?Eh?

  —Es que se le veía...

  —No, no es nada, solo me sorprendí —interrumpe rápidamente la sacerdotisa.

  —Creo que debo ir con el resto del pueblo. Tal vez necesiten ayuda —replica, saliendo apresurada en dirección a la guardería.

  A medida que pasan los minutos, la noche llega y, con ella, el frío se hace presente. Las negociaciones se cierran. Todo el grupo se marcha y, con ello, finaliza el primer día de negociaciones. Al llegar a mi casa, la figura de mi padre, sentado cerca de mi cuarto, se hace presente.

  —Ma?ana deberás presentarles todos los alrededores y, si todo va bien, tendrás que ir con ellos a una cacería para unir lazos. ?Entiendes? —me ordena mi padre con una mirada seria.

  —Entiendo. Haré todo lo que esté en mis manos para obtener información sobre ella —trato de confirmar con la mayor seriedad que puedo reunir, ocultando el temblor en mi mano.

  —Pero no olvides esto: eres mi hijo y el de tu madre. Si crees que son de confianza, no dudes en extender tu mano hacia ellos. Confía en el corazón que te dejó ella. —Con una sonrisa, se levanta, me toca el hombro y sale de mi habitación.

  Horas después, la noche transcurre junto con los ruidos de las fogatas que alejan el frío. Al ponerme de pie, mi padre, como siempre, me espera fuera de la casa, mirándome.

  —Vamos.

  Con estas palabras, comienza a caminar en dirección a la puerta principal del pueblo.

  —Cuando estés con ellos, aparte de extraer información, estúdialos y observa en quién puedes confiar... es tu decisión —ordena mi padre, manteniendo su mirada al frente.

  —De aquí vas solo. Yo debo ir con los cazadores para mantenerlos informados... nos vemos después, hijo.

  Sin decir más, se va en un parpadeo. Al llegar a la puerta, lo único en lo que puedo pensar es en confiar en mí mismo. Al verlos, el número de personas que me indicaron no coincide con los que están delante de mí.

  Eso me arranca de mi confusión, mientras una sensación de ser analizado me envuelve. Veo a la se?ora que desprende un aura mucho más fuerte que los demás. Esa sensación me lleva hacia ese chico, alguien que no tiene magia ni experiencia real, pero que posee una mirada tan intensa.

  —Hola, mi nombre es Falu...

  Es lo único que puedo decir entre presentaciones y explicaciones. El primer lugar al que los llevo es la guardería de los ni?os del pueblo. Cada paso que damos, el ruido de los ni?os jugando nos da la bienvenida, mientras las miradas de los demás se mantienen sutilmente en las personas a las que estoy guiando. De pronto, una de las chicas pregunta:

  —?Y no son muy... desconfiados? —es la chica llamada Daina.

  Escuchando eso, un nudo en la garganta casi me impide contestar de la manera correcta, pero las siguientes palabras de ese ni?o me recuerdan un peso que había olvidado.

  —Esas son casi las mismas palabras que dijo el se?or Zael.

  Tras algunas charlas y los consuelos de un desconocido, la idea de llevarlos a la fogata donde mi pueblo realiza sus festejos cruzó por mi mente, pero el susurro de ese chico tocó algo olvidado en mí.

  —No creo que sea eso... supongo que es alguien perdido.

  Dicho esto, la imagen de un lugar que casi no visito en mucho tiempo cruzó por mi mente y, antes de darme cuenta, unas puertas conocidas me dieron la bienvenida junto con el crujir de hojas secas repartidas por los árboles en los alrededores.

  Los había conducido a un lugar sagrado, pero olvidado por las circunstancias actuales de mi gente. El ruido de los insectos y la luz lo hacían un lugar bello, pero su historia no permite que su belleza sobresalga. Una duda salió naturalmente.

  —Estas puertas son bonitas, ?no creen?

  Esas palabras que salieron de mi propia boca evocan la imagen de una chica... una amiga que hizo esa misma pregunta. Pero, a diferencia de ella, esas palabras tenían significados diferentes. Entre respuestas, los recuerdos de personas que vinieron y pintaron sus manos, algunos tristes, otros felices por lo que eso significa para nosotros. Cuando me di cuenta, las palabras, junto con la luz, fueron pasando entre ellos, la fogata de los festejos y otros lugares más regresando al inicio.

  —?Cómo te fue, hijo? —pregunta mi padre desde atrás.

  —Bien, supongo.

  —?Quieres contarme algo?

  —Según pude averiguar, ese chico es un extranjero, pero a pesar de ello confía lo suficiente como para involucrarse en este tipo de misiones y, en cuanto a la se?ora Akeeva, al parecer es cierto que ella tomó el puesto de líder a la fuerza... te puedo hacer una pregunta.

  —...Por supuesto, hijo.

  —Si eso es verdad, lo otro...

  —Aún es muy pronto para decirlo; lo importante será la decisión que tomen cuando repasemos la historia —dice mi padre. Regresa entre sus pasos y, entre suspiros, expreso:

  —Esto es un fastidio.

  —Cuf, cuf, supongo que sí. Y una cosa más... —tose mi padre mientras habla.

  —?Qué pasa?

  —Disculpa, creo que no me siento bien, pero eso no es importante. La cuestión es que los ayudarás a cazar algunos animales.

  —?Carajo! —es lo único que puedo decir.

  Con el paso de las ma?anas, los pájaros dan cuenta de todo lo que ha pasado.

  —Eso es todo lo que he podido escuchar de ellos.

  —Y dime, ?sobre otros? —indaga mi padre.

  —?Qué cosa?

  —Sobre la chica Kanea.

  —Es una maga; su familia murió y...

  —No creo que sea prudente hablar de eso justo ahora —interrumpe Nehari.

  —?Confías en ella? —pregunta mi padre con una sonrisa.

  —Supongo que sí...

  Antes de poder responder, la tos de Tovael interrumpe.

  —Lo lamento —se disculpa.

  —Bueno, supongo que ahora que alguien interrumpió, puedo hacer mi petición —habla una mujer desde la entrada de la sala de reuniones.

  —?Sacerdotisa... perdón, Sey? —pregunta mi padre.

  —Quisiera hablar con el ni?o llamado Víctor.

  —...eso no es problema; en la próxima reunión podrías —intenta aceptar mi padre.

  —A solas —interrumpe ella.

  Dicho esto, todos en la sala se sorprenden.

  —?Por qué? —frunce el ce?o Nehari.

  —He tenido un sue?o recurrente estos días; tal vez no sea nada, pero algo dentro de mí me susurra que tengo que hablar con él.

  —Imposible —rechaza Tovael con firmeza.

  —...yo también creo que sí.

  —?Recuerdan cómo llegué aquí? —interrumpo la negación.

  —Hace a?os, en una época un poco menos difícil que esta, según mis padres —responde Nehari.

  —Sí, fue como si algo me trajera aquí y, gracias a ello, pude ayudarlos. Nunca pedí nada, entregué todo sin exigir algo... creo que esta petición no sería nada —expresa Sey con una calma que nunca le había visto.

  Dicho esto, mi padre suelta un suspiro y, volteando a ver a sus compa?eros, emite otro.

  —Hablaré con Nehari y Tovael, no te preocupes —susurra mi padre.

  —?De qué hablas? Si ella se expone... —trata de refutar Tovael.

  —?Podría hablar contigo afuera, Falu? Deja que estos ni?os hablen —bromeo con el mismo tono de voz de siempre.

  Con un asentimiento de mi padre, el ruido de la discusión de los líderes se queda atrás.

  —?Cómo estás? —intenta averiguar Sey.

  —Bien —respondo mientras sonrío.

  —Te ves un poco más relajado —sonríe Sey.

  —Sí, bueno, yo no sé si... ?en serio?

  Esas palabras no llegaron con el peso que siempre venían.

  —?Qué sabes de ese ni?o, Víctor?

  —Bueno... él no habla mucho, así que no sé más de lo que dije. él llegó a Guardián y logró, de algún modo, ser parte de la facción de Akeeva.

  —...

  —Puedo decir algo... ?por qué Víctor? —sin poder evitarlo, la miro.

  —últimamente he tenido una idea en mi cabeza.

  —?Una idea?

  —Un poema que comienza así:

  ...Y al consumarse la última ofrenda, quedará en sus manos la balanza del nuevo ma?ana: quizás forje un amanecer de esperanza, o contemple su ocaso según su propia decisión...

  Al decir ese poema, una sensación amarga se apodera de mi boca junto con el recuerdo de una bestia más cercana a monstruo que a cualquier otra cosa, y una frase cruza mi mente: "algo viene". Con esas palabras, un escalofrío recorre mi espalda.

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