Pero este bosque no era su mundo.
Y aquí no existían jueces.
// -- ya déjate de estupideces tenemos que atacar de manera seria no lo podrás paralizar! -- //
El jefe bandido, con una agilidad sorprendente para alguien de su tama?o, lanzó un ataque de rocas que emergieron del suelo con violencia, impulsándolo hacia adelante como si la tierra misma lo catapultara. En un parpadeo ya estaba frente a Kael.
El impacto fue brutal.
El bandido giró sobre sí mismo y lanzó una patada cargada de una fuerza monstruosa. Kael apenas alcanzó a levantar el brazo izquierdo en posición defensiva. El choque fue tan potente que el aire se comprimió con un estallido seco.
El cuerpo del ni?o salió disparado.
Atravesó el aire como una mu?eca de trapo y terminó estrellándose contra un árbol grueso. El tronco crujió, se partió por la mitad y cayó con estrépito al suelo.
Kael rodó entre polvo, hojas y astillas.
El dolor fue inmediato.
Abrumador.
Cegador.
Si no hubiera reforzado su cuerpo con magia defensiva en el último segundo, no habría sobrevivido al impacto.
Quedó boca abajo, respirando con dificultad. Cada intento de inhalar era como si le clavaran agujas en el pecho.
Levantó apenas la cabeza.
A través del polvo suspendido en el aire logró ver a los ni?os escondidos bajo las raíces y ramas retorcidas de un árbol caído. Estaban inmóviles. Temblando. Con los ojos abiertos de terror.
Eran ni?os.
Y estaban viendo cómo él moría por ellos.
// -- tienes 2 opciones mendigo escuincle.... O escapas y dejas a esos ni?os que son enemigos, o te levantas y matas a ese tipo! -- //
Kael intentó incorporarse.
Sus piernas fallaron.
Cayó de bruces contra el suelo húmedo. El sabor metálico de la sangre le llenó la boca.
Su brazo izquierdo colgaba en un ángulo antinatural.
Dislocado.
Cada movimiento era un latigazo de dolor.
Intentó levantarse otra vez. Sus dedos se clavaron en la tierra, tratando de impulsarse... pero el cuerpo no respondía.
El jefe bandido ya caminaba hacia él.
Paso a paso.
Sin prisa.
Saboreando el momento.
Y entonces, ocurrió algo que Kael no esperaba.
Una figura peque?a se movió desde el escondite.
Una ni?a.
Delgada. Exhausta. Su presencia parecía tan frágil que contrastaba con la brutalidad del entorno. Su cabello bicolor —blanco puro a un lado, negro profundo al otro— caía en mechones sucios que enmarcaban un rostro delgado cubierto de polvo y lágrimas secas.
Sus ojos rojos eran grandes... demasiado grandes para su rostro. Pero no brillaban con inocencia infantil. Había en ellos algo roto. Algo que había aprendido demasiado pronto que el mundo era cruel.
Dos peque?os cuernos curvados asomaban de su cabeza, todavía en crecimiento. Sus orejas puntiagudas sobresalían entre el cabello enredado.
Vestía apenas harapos desgastados, atados con una cuerda improvisada como cinturón. Su piel estaba marcada por moretones, raspones y heridas mal curadas.
No era una ni?a que hubiera tenido infancia.
Era una ni?a que había sobrevivido.
Con pasos inestables se acercó a Kael.
Se agachó junto a él y, con las pocas fuerzas que le quedaban, intentó levantarlo. Sus brazos temblaban.
No pudo.
Sus manos resbalaron.
Entonces agarró un palo del suelo.
Se colocó frente a Kael, temblando, pero firme. El palo apenas era un trozo de madera seca. No serviría contra alguien como el jefe bandido.
Pero aun así lo sostuvo.
—Levántate y corre... o él te matará... por favor, huye... —susurró la ni?a demonio, con la voz rota.
Kael la miró.
Confusión.
Desconcierto.
Terror.
No entendía por qué actuaba así. No entendía por qué alguien que había sido su enemiga por definición estaba ahora cubriéndolo con su propio cuerpo.
Pero sí sabía lo que iba a pasar.
El jefe bandido llegó hasta ella.
No dudó.
La pateó en el estómago con la misma brutalidad que había usado contra Kael.
El sonido fue seco.
El peque?o cuerpo salió despedido y se estrelló contra una roca. El golpe fue tan fuerte que la ni?a quedó tendida, inmóvil.
Un hilo de sangre escapó de su boca.
Su cuerpo se dobló sobre sí mismo, casi sin vida.
// -- oye pero que maravilla, grandísimo fracasado!!!!! ?????Que tu moral del pasado te haga morir y darle la razón a un maldito y asqueroso gusano como ese bandido y que una ni?a inocente intentando salvarte muera!!!!! ?Estas total y completamente preparado para este mundo! Siii que mueran todos!!! -- //
Algo dentro de Kael se quebró.
Ya no era una discusión moral.
Ya no era un dilema.
Este no era su antiguo mundo.
Aquí no había tribunales.
No había cárceles.
No había reinserción social.
Aquí, los débiles morían.
Y los indecisos también.
Kael empujó el suelo con el único brazo funcional y se impulsó hacia arriba.
Saltó.
En el aire, la magia lo envolvió como una llamarada invisible. Su báculo giró en su mano derecha mientras canalizaba energía con precisión brutal.
El jefe bandido retrocedió, preparándose para lanzar otro ataque de rocas.
No tuvo tiempo.
Un proyectil atravesó la roca antes de que terminara de formarse y se incrustó directamente en su pecho.
El impacto le arrancó el aire.
Otro proyectil atravesó su brazo.
Otro perforó su pierna.
Luego otro.
Y otro.
Y otro más.
Más de treinta proyectiles de acero lo atravesaron en cuestión de segundos.
Kael los había comprimido y lanzado con una presión y velocidad comparables a un arma de gran calibre de su mundo anterior. Cada impacto explotaba carne y hueso.
El jefe bandido murió sin siquiera comprender qué lo había alcanzado.
El bosque quedó en silencio.
Kael aterrizó con dificultad.
No analizó.
No reflexionó.
Corrió hacia la ni?a.
Estaba inconsciente.
Vomitando sangre.
Su respiración era irregular.
// -- pues la misión falló... lo más probable es que la ni?a morirá... -- //
Kael apretó los dientes.
Kael pensamiento: cierra el pico. Me vale verga la misión. No dejaré que muera.
Sus ojos ardían.
Determinación pura.
Concentró toda su magia neutra al máximo.
El aire vibró a su alrededor.
Kael respiraba con dificultad. Cada inhalación le quemaba el pecho, pero no podía detenerse ahora.
Su brazo izquierdo colgaba en un ángulo imposible. El dolor pulsaba como si tuviera un corazón propio.
Y aun así, se obligó a moverse.
// -- que vas a hacer? -- //
Kael miró su propio brazo dislocado. La piel estaba inflamada, el hombro fuera de lugar. Si no lo ajustaba, no podría canalizar magia con estabilidad.
Extendió su magia neutra sobre la articulación. La sensación fue como introducir miles de agujas invisibles bajo la piel. Manipuló el hueso, buscó el encaje correcto, midió el ángulo.
Y entonces, con un impulso seco de energía...
CRACK.
El hueso volvió a su sitio.
El dolor fue tan brutal que su visión se ti?ó de blanco por un segundo. Su cuerpo tembló entero. La adrenalina explotó dentro de él y, de pronto, el dolor dejó de sentirse con claridad. No porque desapareciera... sino porque su mente decidió ignorarlo.
Respiró hondo.
No tenía tiempo para desmayarse.
Tomó a la ni?a con extremo cuidado. Su cuerpo era liviano. Demasiado liviano. Como si el mundo ya la estuviera soltando.
Se acercó a los demás ni?os, que lo miraban paralizados.
—Disculpen... necesito su ayuda... —dijo Kael, con la voz quebrada pero firme—. Si caigo inconsciente, intenten mantener esta posición hasta que despierte. Es muy peligroso intentar moverla.
Los ni?os asintieron con miedo. Algunos tenían los ojos llenos de lágrimas. Otros apenas podían sostener la mirada.
Kael recostó a la ni?a con delicadeza sobre el suelo, acomodando su cabeza y su torso con precisión milimétrica. Luego se arrodilló a su lado y volvió a concentrar toda su magia neutra sobre ella.
// —?Qué demonios vas a hacer? ?No tienes magia de luz, idiota! — //
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Kael cerró los ojos.
Kael pensamiento: No tengo magia de luz... pero sí puedo mover materia. La magia neutra no me permite crear vida ni curación real, pero sí puedo modificar la estructura física sin romper el vínculo con el alma. Si no puedo sanar... al menos puedo estabilizar.
Lo primero era diagnosticar.
Extendió su magia como si fueran miles de peque?as manos invisibles, entrando en el cuerpo de la ni?a con extremo cuidado. No era una invasión violenta. Era una exploración delicada.
Costillas fracturadas.
Microperforaciones en el pulmón derecho.
Hemorragia lenta en el estómago.
Contusiones internas múltiples.
Era un desastre.
El golpe había sido letal para alguien de su tama?o.
Kael pensamiento: Manipular el cuerpo a nivel macro es inútil... no puedo soldar huesos como si fueran metal. Pero a nivel celular... puedo acomodar, juntar, presionar, estimular. No estoy curando... solo estoy ayudando al cuerpo a realizar su proceso de mejor manera y que no se muera antes de tiempo.
Comenzó.
Su magia entró como una presión suave y precisa.
Unió los bordes de los tejidos desgarrados, comprimiéndolos lo suficiente para detener la hemorragia.
Ajustó las costillas fracturadas apenas lo necesario para que no siguieran perforando órganos.
Aplicó presión interna al pulmón para estabilizarlo y evitar que colapsara por completo.
Cada movimiento exigía una concentración absurda. Un error mínimo y podría desgarrar más de lo que intentaba reparar.
El sudor comenzó a correr por su frente.
Los ni?os observaban en silencio absoluto.
Y entonces sintió algo.
En lo profundo del cuerpo de la ni?a, una vibración débil.
Un núcleo.
Kael pensamiento: Vamos... despierta maldita cosa... sé que los demonios tienen un núcleo de vida... si logro estimularlo, su cuerpo terminará el trabajo.
Dirigió su magia hacia ese punto. No lo forzó. Solo lo estimuló, como si diera peque?os golpes a una puerta cerrada.
Un pulso.
Débil.
Pero real.
La respiración de la ni?a dejó de caer en picada. Seguía siendo irregular, pero ya no estaba apagándose.
Todavía estaba en peligro.
Pero ya no estaba muriendo.
Kael exhaló por primera vez desde que había comenzado.
No la había curado.
No podía curarla.
Pero había hecho lo suficiente para mantenerla viva.
Entonces su propio cuerpo le pasó factura.
La presión de sostener magia con esa precisión le desgarró el interior. Una tos violenta lo sacudió. Sangre brotó de su boca y cayó sobre la tierra.
Era la misma sensación que aquella vez que intentó separar hierro de una piedra usando pura manipulación molecular. El mismo agotamiento extremo. La misma sensación de que su cerebro se estaba incendiando.
Los ni?os lo miraban aterrados.
—Tranquilos... estoy bien... —murmuró Kael, limpiándose la sangre con el dorso de la mano.
No lo estaba.
Los ni?os, incapaces de soportarlo más, comenzaron a llorar. Se abrazaban entre ellos con desesperación. Habían sido secuestrados. Obligados a marchar por el bosque durante días. Sin comida suficiente. Sin descanso.
Eran ni?os.
Kael los miró con una mezcla de culpa y firmeza.
—Sé que es difícil de asumir... —dijo con voz más estable—, pero deben mantenerse serenos y fuertes, por favor. Ya encontraremos una manera de solucionar esto. Lo importante es que están vivos... y los bandidos están fuera de combate.
Sabía que necesitaban energía.
Rápida.
Fácil de absorber.
Abrió su cubo dimensional. La abertura brilló con un leve destello azulado.
Sacó chocolate.
El aroma dulce se mezcló con el olor húmedo del bosque.
—Miren... ni?os... tengan esto.
Les entregó un pedazo a cada uno.
No habían comido en dos días.
Cuando el chocolate tocó sus bocas, sus ojos se abrieron con sorpresa. El dulzor, la textura cremosa, la energía inmediata. Lo devoraron con desesperación.
Luego sacó agua.
Les dio de beber con cuidado.
Aplicó medicinas herbales en las heridas superficiales de algunos.
Cortó tiras de cuero para improvisar zapatos rudimentarios.
Entregó mantas para cubrir sus cuerpos temblorosos.
Esperaba recuperar un poco más de energía para lanzar una bomba de moco al cielo y anunciar su ubicación a los guardianes.
Pero estaba exhausto.
Su cuerpo temblaba.
Y entonces...
Lo peor ocurrió.
Los bandidos que habían quedado paralizados comenzaban a recuperar movilidad. Sus dedos se movían. Sus ojos parpadeaban.
Y desde la espesura del bosque emergió una horda de goblins.
Peque?os. Verdes. Con armas oxidadas y miradas hambrientas.
El caos regresaba.
Kael se puso de pie con dificultad.
—Quédense debajo del refugio de raíces —ordenó a los ni?os—. No salgan pase lo que pase.
Luego gritó con lo poco que le quedaba de voz:
—?Malditas alima?as! ?Aquí estoy! ?Síganme y peleemos en otro lado!
Estaba dispuesto a atraerlos lejos.
Sabía que probablemente moriría.
Pero al menos los ni?os tendrían una oportunidad.
Se preparó para correr.
Y entonces el cielo cambió.
Una presión helada descendió desde lo alto.
El aire se volvió cortante.
De pronto, una cantidad inmensa de estacas de hielo comenzó a caer como lluvia mortal. Atravesaron cuerpos. Perforaron cráneos. Clavaron goblins al suelo. Los bandidos que intentaban levantarse fueron atravesados sin piedad.
El bosque se llenó de gritos que duraron apenas segundos.
Luego, silencio.
Kael quedó inmóvil.
En guardia.
No sabía quién había lanzado ese hechizo.
Y eso era peor.
Una voz femenina resonó entre los árboles.
—Vaya, vaya... esto sí que es un evento único y fortuito. Un humano tan peque?o usando magia... y encima cuidando ni?os demonio...
Kael apretó el báculo.
—No sé quién eres... pero aún tengo bastante energía para agarrarme a madrazos con quien sea —escupió con desafío—. Deja a los escuincles tranquilos y ven a darme la cara. Porque te van a faltar manos pa' pelarme la verga, do?a.
Un parpadeo.
Nada más.
Y la hechicera estaba frente a él.
Lo tomó del cuello y lo levantó del suelo como si no pesara nada.
Sus dedos eran fríos. Inhumanamente fríos.
—Bastante mal educado y grosero, enano —dijo con voz suave pero afilada—. ?Tan siquiera sabes quién soy?
Kael apenas podía respirar.
—Eres... mi puta... —gru?ó.
Reunió lo poco de magia que le quedaba e intentó lanzar una patada.
La hechicera la detuvo con absoluta facilidad.
Como si detuviera el movimiento de un mu?eco.
—Premiaré tu esfuerzo y valentía, enano... y no te mataré. Pero sí me llevaré a esos ni?os.
Lo soltó.
Kael cayó de rodillas.
Y entonces la vio bien.
Kael cayó de rodillas, tosiendo con violencia. El aire regresó a sus pulmones como cuchillas frías.
Y entonces la vio con claridad.
Ella era la clase de belleza que inquieta antes incluso de que la mente comprenda por qué. Su piel pálida contrastaba de forma hipnótica con su larguísima melena negra, que caía como una cortina de sombra viva sobre su cuerpo. No era solo cabello: parecía una extensión de la noche misma.
Sus ojos eran de un azul intenso y sobrenatural. No un azul común, sino uno que parecía brillar desde dentro, afilado, casi felino. La forma en que lo observaban no era curiosidad simple... era evaluación.
Cuando sonrió, lo hizo con una mezcla peligrosa de encanto y crueldad contenida.
Dos cuernos cristalinos, azulados, se arqueaban desde su cabeza. No eran rústicos ni salvajes; parecían tallados con precisión, casi ornamentales. Emitían un leve resplandor que vibraba en sintonía con la magia que aún impregnaba el aire.
Sus pendientes y colgantes, adornados con gemas azules, no eran simples joyas. La energía arcana fluía a través de ellos como si fueran conductores de su poder.
Vestía un vestido negro ce?ido, elegante, que revelaba más de lo que ocultaba. No era vulgaridad. Era dominio. Cada pliegue, cada corte, transmitía seguridad absoluta.
No necesitaba alzar la voz.
Su presencia imponía.
Kael la miró con atención, analizando cada detalle.
—Eres un demonio también... —murmuró.
Ella inclinó apenas la cabeza.
—Pero qué ni?o más inteligente. ?Cómo te diste cuenta?
Kael escupió sangre a un lado.
—Ahhh... por tus u?as, sin duda. Son las de un demonio. Imposible los cuernos... conozco a muchos bien cornudos...
La demonio arqueó una ceja.
—Vaya... estás a punto de caer inconsciente y aún tienes energía para bromear.
Kael la observó con tensión.
—Por favor dime que vienes a rescatar a estos ni?os... porque de verdad no sé qué podría haber hecho con ellos en Cautares para protegerlos...
La demonio lo miró con expresión casi divertida.
—Pues sí. He venido a buscarlos. Quería matar cruelmente a los bandidos... pero te me adelantaste y ya los habías reducido. Qué malo eres... —sus labios se curvaron apenas—. ?Por qué los ayudaste y protegiste?
Kael la miró como si la respuesta fuera obvia.
—Pos son ni?os. Creo yo que no debieron haber hecho nada malo como para que los secuestren.
Ella ladeó el rostro.
—Pero son demonios. Somos tus enemigos.
Kael frunció el ce?o.
—?Enemigos? No digas mamadas. Esos ni?os no tienen nada que ver con la guerra que hubo hace a?os. Yo menos tengo que ver con eso. Ellos no tendrían por qué sufrir los prejuicios y la xenofobia que generó la generación anterior.
El silencio se extendió unos segundos.
La demonio lo miró con una fascinación creciente.
—Eres un chico muy interesante... tan joven y lanzando magia como un veterano. Bueno... ?puedo saber tu nombre?
Kael se acomodó como pudo.
—Me llamo Kael. Tengo casi cuatro a?os. ?Y tú?
Ella sonrió.
—Mi nombre es Cerva.
El corazón de Kael dio un salto.
No logró ocultarlo.
Cerva entrecerró los ojos.
—Oh... parece que conoces mi nombre, peque?o. Seguro en sus libros de historia me tienen como un monstruo despiadado. Uno de los grandes generales del rey demonio.
Kael tragó saliva.
—Este... bueno... algo así. Digo... no recuerdo mucho...
Cerva dio un paso más cerca. Su presencia era fría, pero no en temperatura. Era fría en intención.
—No. Tienes la cara de alguien que ha visto algo más de mí. Estás más nervioso de lo que deberías. ?Conoces algo de mí que te incomode?
Kael forzó una sonrisa.
—Ay, no, no... para nada...
Cerva inclinó el cuerpo hacia él, como si compartieran un secreto.
—Ay, vamos, peque?ín. Dime qué sabes o qué han dicho de mí. La verdad es que soy muy curiosa.
Kael la miró con tensión creciente. Sentía que cada palabra podía convertirse en su sentencia.
—Bueno... es que yo... la recuerdo porque mi mamá dijo que le dio un pu?etazo bastante fuerte y que le pateó el trasero...
La expresión de Cerva cambió.
Su sonrisa desapareció.
Ahora su mirada era más profunda. Más analítica.
—Así que tu mamá dijo que me golpeó... ohhh... —sus ojos brillaron—. No me digas que eres hijo de Caria...
Kael asintió con nerviosismo.
—Shi...
Cerva soltó una carcajada suave.
—Así que esa gorila apestosa tuvo un hijo... ?ajajajaja! Qué interesante... —lo miró de arriba abajo—. Sabes... podría haberte llevado conmigo y hacerte un montón de cosas para hacer sufrir a tu mamá...
Kael sintió un frío real recorrerle la espalda.
Pero Cerva volvió a sonreír.
—Pero tú lo dijiste. Nuestros conflictos son entre nuestra generación. Los ni?os no tienen la culpa... —miró hacia los peque?os demonios—. Y te debo agradecer que salvaras y cuidaras a nuestros ni?os.
Kael soltó el aire que no sabía que estaba reteniendo.
Los ni?os comenzaron a salir del escondite con cautela. Al verla, algunos rompieron en llanto de alivio.
—?General Cerva! —susurraron varios.
Cerva extendió ligeramente una mano.
—Bien. Me llevaré a estos ni?os. Lamentablemente... a ella no me la puedo llevar. Probablemente morirá.
Kael la miró de golpe.
—?No puedes hacer eso! ?No la abandones! ?Es inocente!
Cerva lo observó con una calma fría.
—Entiendo tu postura. Pero no sobrevivirá el viaje. Y por su ropa... probablemente sea de alguna aldea empobrecida donde sus padres la vendieron. Es mejor que muera tranquila aquí, sin dolor ni sufrimiento.
Kael sintió que algo volvía a romperse dentro de él.
—?No dejaré que muera! ?Ella quedó así para salvarme!
Cerva lo miró fijamente.
—Pues entonces, si ella dio su vida para proteger la tuya... es tu deber cuidarla y quedarte con ella.
Kael quiso argumentar.
Pero sabía que tenía razón.
El camino de regreso al reino demoníaco sería largo. Duro. Peligroso.
La ni?a no lo lograría.
Kael bajó la mirada unos segundos.
—?Cuánto les tomará llegar al reino demoníaco?
—A paso rápido... una semana, quizás —respondió Cerva con naturalidad.
Kael abrió su cubo dimensional.
La abertura brilló de nuevo.
Comenzó a sacar grandes cantidades de comida, ropa, agua, medicinas.
Los ni?os lo miraban con ojos abiertos como platos.
Cerva también.
—Wow... qué habilidad más increíble tienes... —murmuró con genuino interés.
—Eso no importa. Por favor, llévate todo esto.
—?Todo estos recursos? ?Por qué?
Kael levantó la mirada.
—Tú me vales madres... pero los ni?os necesitan recuperar energía y sanarse. De lo contrario morirán en el camino de vuelta.
Cerva lo observó unos segundos más.
Luego asintió con seriedad.
—Pues muchas gracias, Kael. Creo que eres lo único bueno que ha hecho hasta el momento la gorila de tu mamá... jajaja.
Justo cuando se preparaban para marcharse...
El aire cambió.
Tres presencias poderosas descendieron al claro.
Y una más.
Lyris fue la primera en hablar.
—?Joven amo Kael! ?Hemos venido a rescatarlo!
Pero no fue alegría lo que dominó el ambiente.
Fue presión.
Holley dio un paso adelante, sus ojos ardiendo.
—Cerva... maldita y asquerosa general...
Cerva sonrió con diversión peligrosa.
—Pero miren a quiénes tenemos aquí... al trío de tontos que fueron los juguetes de Mexas y Nagon...
La tensión se volvió tangible.
La magia comenzó a vibrar en el aire.
Y el punto central del conflicto...
Era Kael.
La presión mágica comenzó a arder en el aire como si el bosque entero estuviera conteniendo la respiración.
Los tres guardianes avanzaron un paso. Sus presencias se expandieron de manera brutal, haciendo vibrar las hojas de los árboles y crujir las ramas más débiles. No era solo poder: era ira contenida.
Cerva, por su parte, no retrocedió ni un centímetro. Su aura helada se extendió con elegancia, sin explosiones visibles, pero con una densidad que aplastaba el entorno.
Kael estaba en medio.
Literalmente.
Y si alguien cometía un error... él sería el primero en morir.
// -- oye animal di algo o va a quedar la grande aquí!!!!! -- //
Kael dio un paso al frente, tambaleándose por el cansancio.
—?AAAAAAAAAAAAA! ?Calmados todos! ?Relajen las tetas! —gritó con desesperación—. ?No son necesarios los insultos y tampoco es necesario revivir recuerdos!
Los guardianes lo miraron sorprendidos.
Enta avanzó con firmeza. Su voz, grave y autoritaria, cortó el aire.
—Joven amo, venga aquí en este preciso momento.
Kael negó con fuerza.
—?NO! ?Cálmense todos! Aquí los únicos enemigos eran esos bandidos que traficaban con ni?os.
Ken dio un paso al frente, su mirada era mezcla de furia y preocupación.
—?Mi se?or está extremadamente herido! ?Se da cuenta del peligro en que se metió?
—?Había ni?os en peligro! —respondió Kael sin titubear.
Los guardianes miraron más allá de él.
Los ni?os demonio comenzaban a salir del escondite de raíces. Algunos cargaban las mantas que Kael les había dado. Otros sostenían comida en las manos peque?as y temblorosas.
Cerva habló con serenidad.
—En efecto. Yo solo vine en rescate de estos ni?os que fueron raptados por bandidos de su raza. Entraron a aldeas, masacraron inocentes y robaron ni?os. Si no he hecho nada contra ustedes es porque este enano ya había rescatado y protegido con su vida a estos peque?os.
Holley apretó los dientes.
Ken intercambió una mirada con Enta.
Sabían que pelear contra una general del rey demonio no era un juego. Sabían que el resultado no les favorecía.
Kael aprovechó el silencio.
—Ya ven... lo importante aquí es que los ni?os, incluyéndome a mí, vayamos a un lugar seguro... y que ellos regresen a su reino. No es necesario agarrarse a madrazos.
El ambiente tardó unos segundos en relajarse.
Finalmente, los guardianes cedieron.
Cerva miró a Kael con una sonrisa ladeada.
—Pues bueno, enano, fue un gusto conocerte. Sin duda demuestras más inteligencia y conciencia que los tontos de tus padres.
Kael entrecerró los ojos.
—?Sabes quién es mi papá acaso?
Cerva rió suavemente.
—Por supuesto. Eres una fiel copia del tonto de Laret.
Antes de que Kael pudiera responder, Cerva tomó de su vestido una rosa negra. No era una flor común. Sus pétalos parecían absorber la luz alrededor.
Con naturalidad, la encajó en el cinturón de Kael.
El contacto fue frío.
Kael la miró confundido.
—?Y esta rosa para qué es?
Cerva gui?ó un ojo.
—Ahhh... no es nada malo, no te preocupes... bueno, sí es mala... pero solo para tu mamá.
Kael no entendió el significado, pero la intención le quedó clara: era una provocación.
Cerva se dio la vuelta.
Los ni?os demonio comenzaron a reunirse detrás de ella.
Sin ceremonia, sin despedidas dramáticas, desaparecieron entre los arbustos y los árboles del bosque, moviéndose con agilidad sobrenatural hasta perderse en la espesura.
El silencio regresó.
Ken suspiró profundamente.
—Ay, se?or... será mejor que se prepare. Porque le va a llegar un castigo que no me puedo ni imaginar.
Kael, aún de pie pese al dolor, respondió con firmeza:
—Ya lo sé. Asumiré el castigo que me impongan.
Sin decir más, caminó hacia el escondite de raíces.
La ni?a demonio seguía inconsciente.
Se agachó con esfuerzo y la cargó sobre su espalda. Cada paso era un desafío para su cuerpo agotado.
Enta frunció el ce?o.
—Joven amo... ?quién es esa ni?a? Es un demonio. ?Por qué Cerva no se la llevó?
Kael ajustó el peso sobre sus hombros.
—Ella dijo que no sobreviviría el viaje por el da?o que recibió...
Lyris se acercó con expresión preocupada.
—?Qué le pasó?
Kael bajó la mirada un instante antes de responder.
—Ella intentó defenderme del jefe de los bandidos... y fue brutalmente golpeada.
Su voz ya no tenía rabia.
Tenía culpa.
Con una mirada cargada de importancia, dolor y resignación, a?adió:
—Ella sufrió por mi culpa... por no tener la determinación suficiente para matar a un ladrón cuando debía hacerlo.
Ken lo observó en silencio.
—?Mató al jefe de los bandidos, mi joven amo...?
Kael asintió.
—Era él o yo. Ahora debo pagar mi insubordinación... y salvar a esta ni?a.
No había arrogancia en sus palabras.
Había aceptación.
Y decisión.
Con paso firme —aunque su cuerpo estuviera al límite— comenzó a caminar por el sendero por donde habían llegado los guardianes.
El bosque parecía distinto ahora.
Más silencioso.
Más pesado.
Kael avanzaba cargando no solo a una ni?a demonio inconsciente...
Sino el peso de haber cruzado una línea que su antiguo mundo jamás le habría permitido cruzar.
Y sabía que no había vuelta atrás.

