Kael recibió bastantes coscorrones por sobre exigirla y hacerla seguirlo de un lado a otro, cruzando calles, tiendas y pasillos como si no existiera el concepto de "descanso".
Para su mala suerte, hoy no sería la excepción. En uno de sus viajes de negocios a la ciudad no estaría supervisado por sus guardianes... sino por su propia madre.
En el gremio de aventureros se preparaba una nueva tanda de misiones. El murmullo constante llenaba el salón principal: el roce de pergaminos, el sonido metálico de armaduras al acomodarse, el olor a cuero, sudor y madera vieja impregnando el ambiente. Varios equipos se reunían en mesas largas, planificando rutas, peligros y recompensas.
De pronto, las puertas del gremio se abrieron de par en par con un golpe seco contra la pared.
Una figura entró apresuradamente.
Era una visita frecuente, alguien que hacía varios encargos con regularidad. Pero esta vez venía agitado.
Todos los aventureros, al verlo, ya se habían familiarizado con su presencia. Lo conocían como el joven amo que solicita misiones de recolección de recursos extra?os.
Kael pasó saludando rápidamente, apenas levantando la mano mientras avanzaba casi trotando, y se dirigió directamente a la recepción donde se encontraba Jane.
La interceptó sin frenar.
—???Mi querida y hermosa Jane!!! ?Necesito levantar una misión de protección ya! —exclamó Kael, apoyando ambas manos en el mostrador.
Impactada por la solicitud, Jane abrió los ojos de par en par.
—?Mi joven amo? ?Sucedió algo? ?Dónde es el peligro? —preguntó alarmada, inclinándose hacia él.
Kael la miró con una expresión que mezclaba preocupación y dramatismo.
—?Es aquí mismo! ?Un horripilante y maligno gorila me persigue! ?Necesito protección inmediata!
Algunos aventureros se pusieron tensos ante la palabra "gorila". Otros simplemente lo miraron con escepticismo.
Justo en ese momento se acercaban a saludar Valeryn y el equipo de rango D.
Kael los miró como si hubiera encontrado salvación divina.
—?Muchachos! ?Necesito una escolta inmediata que me lleve al reino elfo! —declaró se?alando la puerta.
Lyris frunció el ce?o.
—?No que habías dicho que un monstruo había invadido la ciudad?
Valeryn cruzó los brazos, analizando la situación.
—?Por qué necesitas escapar exactamente?
De pronto, las puertas del gremio volvieron a abrirse de par en par.
Esta vez no hubo murmullo.
Una temible aura mágica se esparció por todo el lugar como una presión invisible que aplastaba el aire. Varios aventureros sintieron un escalofrío recorriéndoles la espalda. Algunos incluso llevaron la mano a sus armas instintivamente.
El joven amo no bromeaba con lo de que un ser poderoso lo perseguía.
Pero, para sorpresa de todos, no era un monstruo.
Era la gran se?ora Caria.
Furiosa.
Buscando a su hijo.
En un movimiento casi supersónico, apareció junto a la recepción y tomó a Kael por el cuello de su chaqueta.
—?Peque?o enano revoltoso! ?Cuántas veces te dije que no te separes cuando estamos afuera? —rugió Caria, con el ce?o fruncido.
Los aventureros, bastante impactados, intercambiaron miradas nerviosas.
Elira dio un paso al frente con una sonrisa tensa.
—Mi se?ora Caria, qué gusto verla por aquí... ?el joven amo Kael se portó mal?
Kael, aún suspendido del cuello de la chaqueta, la miró con cara de cachorro apaleado.
—?Por supuesto que no! Yo le dije claramente que necesitaba venir a revisar unos libros de exploración del gremio. Y ella me dijo: "Ay sí, claro que iremos al gremio, yo te acompa?o ?i?i?i?i?i". ?Y ahí se quedó con mamá Tana como media hora en la tienda de ropa!
Varios aventureros tuvieron que contener la risa.
Caria lo miró con una expresión que mezclaba furia y vergüenza.
—?Así me pagas por buscarte ropa bonita, malagradecido? —dijo antes de comenzar a darle buenos coscorrones por maleducado.
—?Con mi ropa del taller estoy cómodo y feliz! —protestó Kael, cubriéndose la cabeza.
—?Cómo puedes decir eso? ?No puedes usar ropa sucia y hedionda todos los días! —replicó Caria, dándole otro golpe en la coronilla.
Mientras Caria terminaba de coscorronear a Kael, llegaron Tana con Zarina en brazos, ya que la ni?a no podía correr.
—?Ay, ustedes dos! Son lo mismo, verdaderos torbellinos de energía —suspiró Tana, con una mezcla de cari?o y cansancio.
Lyris miró a la recién llegada y, por fin, vio con claridad a la que en su momento fue la trágica y maltratada ni?a.
—Oh... se?ora Tana... ?y viene con la peque?a? Hola...
Zarina, un poco avergonzada, intentó taparse más con su gorro para no mostrar sus cuernos. Fue puesta en el suelo con cuidado y saludó educadamente, inclinando ligeramente la cabeza.
—Hola... buenos días. Mi nombre es Zarina. Encantada de conocerlos.
Las cuatro aventureras la miraron con su gorrito y su voz tímida.
Y quedaron completamente derretidas en ternura.
Mientras algunos se ponían al día socialmente, otros eran castigados sin misericordia. Kael seguía recibiendo coscorrones con dignidad cuestionable, y Caria no parecía dispuesta a detenerse todavía.
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Fue entonces cuando la puerta lateral del gremio se abrió con menos estruendo, pero con una presencia que imponía silencio.
Un hombre imponente apareció en la sala.
Su cabello oscuro, cae en ondas desordenadas que encajan perfectamente con su imagen de veterano indomable. Viste una armadura ligera pero fina, dise?ada no para pelear diariamente sino para reflejar autoridad; sobre ella lleva una capa roja que simboliza su rango dentro del gremio y su responsabilidad sobre decenas de aventureros.
Jane inclinó ligeramente la cabeza.
—Oh, líder del gremio... qué raro verlo por aquí...
Caria lo miró con disgusto, aún sosteniendo a Kael del cuello de la chaqueta.
—Oye, Joel... ?no crees que estás un poco viejo ya? Deberías retirarte.
Joel alzó una ceja con dramatismo exagerado.
—Ohhh, por dios... el joven amo Kael está siendo cruelmente atacado por un gorila y mis aventureros no hacen nada para salvarlo...
Kael levantó el pulgar, aún colgando.
—?Así es! ?Ahí se ve la lealtad de tus aventureros!
El comentario le valió otro coscorrón inmediato.
Y así terminaron tanto el líder del gremio como el joven amo más coscorroneados de lo habitual.
Joel se sobó la cabeza con resignación.
—Oye, si vas a venir con tu mamá, avísame para no estar...
—Pues quería venir solo, ?pero no me dejan! —se quejó Kael, cruzándose de brazos.
Tana intervino con firmeza.
—?Por supuesto que no! ?Cómo se te ocurre que te dejaremos venir así, sin más?
Joel suspiró, acomodándose la capa.
—Pues bien. Ya está la sala lista y tengo los libros que pediste... ahora vamos a los negocios.
Todos, a excepción de Kael, quedaron confundidos.
?Negocios?
Kael se adelantó con una sonrisa satisfecha y caminó junto a Joel hacia una sala privada en el segundo nivel del gremio. Antes de subir, miró hacia atrás.
—Mis dos mamás, si quieren pueden ir a ver ropa o algo con Zarina... pero ustedes, muchachos, los necesito para unas misiones. Así que necesito que vengan.
Los cinco aventureros de rango D intercambiaron miradas.
Una aventurera de rango S los acompa?aba.
Claramente no era algo menor.
La sala privada estaba iluminada por grandes ventanales que dejaban entrar la luz del mediodía. Sobre la mesa central de madera robusta, Joel colocó varios libros abiertos, con páginas remarcadas y anotaciones hechas con tinta oscura.
El olor a pergamino viejo y polvo se mezclaba con el aire caliente que subía desde el salón principal.
Joel tomó asiento.
—Bien... iniciamos con lo que mencionabas de suelos y paredes blancos...
Kael, sentado frente a todos, enderezó la espalda. Sus ojos brillaban con entusiasmo.
—Así es. Necesitamos salitre. Se caracteriza por ser blanco, medio cristalizado.
Sacó una peque?a muestra de su mochila. Era como una cáscara blanca adherida a un fragmento de piedra. Al tocarla, se deshacía en un polvo fino y seco.
Arán la miró con expresión asqueada.
—Oye, enano... si eso es lo que creo que es... ?no es lo que comienza a aparecer en las letrinas que llevan mucho tiempo funcionando?
Kael lo miró impresionado.
—?Exacto! Gran parte del salitre se produce en lugares donde fluyeron muchos excrementos y orinas.
Silencio.
Todos lo miraron con angustia.
Adriel hizo una mueca.
—?Ay, qué asco! Joven amo... ?por qué necesita ese material entonces?
Kael apoyó ambas manos en la mesa y habló con mirada científica.
—El salitre está compuesto por un material muy importante para mis avances. Uno de sus componentes más importantes es el nitrato de potasio.
Valeryn lo miró con seriedad absoluta.
—Joven amo... lo aprecio mucho... pero ni por todo el dinero del mundo le buscaré ese material en letrinas viejas.
Las otras tres aventureras asintieron de inmediato.
Joel intervino con tono pragmático.
—Bueno... ya que no quieren entrar a letrinas viejas... hay otra manera de conseguirlo, ?no es cierto, joven amo?
Kael asintió lentamente.
—Así es. Hay otra manera... pero será más peligrosa. Por eso planteaba primero la opción de las letrinas.
Se inclinó sobre el libro abierto.
—En cuevas con murciélagos, donde generalmente habitan goblins o animales especiales, se puede encontrar salitre acumulado.
Bezal habló con determinación.
—Eso nos beneficiaría bastante. Con el entrenamiento que nos dio lady Valeryn y con el equipo que tenemos... ya podemos entrar en una cueva de goblins.
Kael lo miró seguro.
—Con su equipo y algunas mejoras que les proporcionaré, podrán conquistar varias cuevas que requieren ser limpiadas de monstruos. Así cumplen una misión del gremio... y me buscan mis materiales.
Valeryn inclinó ligeramente la cabeza.
—Entonces... ?por qué me necesitas a mí?
Kael cambió su expresión. Se volvió más serio.
—Hay una misión de rango S: matar unos wyverns en las laderas del Monte de los Dioses. Estás esperando a que lleguen los miembros de tu grupo para realizarla, ?cierto?
Valeryn lo miró sorprendida.
—Así es. Prácticamente ma?ana llegan los chicos y partiremos enseguida.
Elira abrió los ojos con emoción.
—Se?orita Valeryn... ?los del resto de su grupo son los otros seis rango S?
—Así es —respondió ella con calma—. Algunos ya contaban con la fuerza para participar en la ceremonia de la Gran Academia para hacer un contrato con una bestia mágica. Me dijeron que solo uno pudo pasarla.
Los cinco aventureros de rango D la miraron con fascinación.
Kael apoyó el mentón en sus manos.
—Entiendo que esa prueba es bastante difícil y requiere un ritual de la diosa. No cualquiera la puede pasar.
Valeryn asintió.
—Así es. Vienen de todas partes del continente los mejores guerreros a probar suerte. Pero nunca son más de tres los que logran pasarlo. Ha habido a?os en los que ninguno lo logra... yo lo intentaré prontamente, a ver si lo consigo.
Kael sonrió con confianza.
—Yo sé que tú podrás. Nomás no hagas contrato con un chango violento como el de mi mamá.
Todos rieron.
Excepto Kael.
él tenía que sufrir diariamente la furia del "chango violento".
Las risas se apagaron poco a poco, y la conversación volvió a centrarse en la misión.
Valeryn recuperó la compostura y miró a Kael con atención.
—Bueno... pero respecto de esa misión, ?qué necesitarías exactamente?
Kael entrelazó los dedos sobre la mesa. Su expresión ya no era la del ni?o bromista del salón principal. Ahora parecía un investigador concentrado.
—También una recolección. Según entiendo, los wyverns anidan cerca de pozos de lava activa. Y, de acuerdo con estos libros, hay varios subiendo el Monte de los Dioses...
Valeryn asintió lentamente.
—Así es. Hay zonas bastante peligrosas donde habitan los wyverns. El terreno es inestable y el calor se siente incluso a varios metros de distancia.
El ambiente en la sala pareció volverse más denso solo con imaginarlo.
—Consulta —continuó Kael—. ?Ya has hecho misiones en este tipo de lugares volcánicos?
—Sí. Una vez, también matando wyverns —respondió ella con firmeza.
Kael inclinó levemente la cabeza.
—Cuando realizaban esa misión... cuando pasaban por esos lugares volcánicos... ?sentían un olor a huevos podridos?
Los cinco aventureros de rango D se miraron entre sí, confundidos por la pregunta. Arán incluso frunció el ce?o.
Valeryn, en cambio, asintió sin dudar.
—Ah, sí... había zonas donde guardaban sus huevos y se sentía ese olor... mareaba bastante. Era sofocante.
Los ojos de Kael brillaron con intensidad.
—?AAAAA! ?Entonces sí hay azufre!
Lyris parpadeó.
—?Azu... qué?
Kael se levantó ligeramente de su asiento, incapaz de contener su entusiasmo.
—El azufre es el material más peligroso de mi lista. Solo se encuentra en minas específicas y volcanes. El problema es que es muy difícil de extraer. Y peligroso...
Su voz cambió. Se volvió más baja, más técnica.
—El azufre no es peligroso por sí solo... lo peligroso es lo que lo rodea. Donde hay azufre hay gases venenosos, calor extremo y suelo inestable. Un paso en falso... y el cuerpo deja de respirar antes de caer al suelo.
Los aventureros sintieron un leve escalofrío.
—El olor a huevo podrido es una advertencia —continuó Kael, serio—. Donde el aire huele así, el cuerpo comienza a fallar sin que lo notes.
El silencio en la sala era absoluto. La imagen de un suelo amarillo, vaporoso y mortal se dibujó en la mente de todos.
Kael retomó el tono práctico.
—Se darán cuenta de que hay azufre cuando el suelo o la pared estén de color amarillo.
Luego miró a Valeryn con determinación.
—Lo mismo que a los chicos... si pueden traerme ese material cuando vayan a la misión, sería genial.
Valeryn lo evaluó unos segundos. No era una solicitud simple. No era un encargo trivial. Era algo que requería cálculo, equipo adecuado y preparación.
Finalmente asintió.
—De acuerdo. Si el terreno lo permite y no compromete la misión principal... lo traeré.
Con eso, quedó sellado el acuerdo.
Un equipo de rango S y uno de rango D aceptaban el encargo del joven amo para continuar con su avance más importante.
Kael sonrió con satisfacción.
—Cuando estén listos los dos grupos para partir, por favor vayan a la mansión y digan que vienen a hacer negocios con el estúpido y sensual jefe mono. Yo les daré los equipos necesarios para que puedan completar la misión con mayor facilidad.
Arán tuvo que contener la risa. Elira casi se atraganta.
Joel, que había permanecido en silencio durante la explicación técnica, finalmente habló.
—Y a todo esto... ?para qué necesitas estos materiales exactamente?
Kael giró lentamente la cabeza hacia él.
Su expresión cambió.
Una sonrisa apenas visible se dibujó en su rostro, pero sus ojos tenían un brillo distinto. Más profundo. Más ambicioso.
—Porque quiero llevar a este reino al próximo avance tecnológico y militar.
La frase quedó suspendida en el aire.
No fue un grito.
No fue una exageración infantil.
Fue una declaración.
En la sala, cinco aventureros de rango D y una aventurera de rango S sintieron que, sin darse cuenta, acababan de convertirse en piezas de algo mucho más grande que una simple misión de recolección.
Y Joel, veterano como era, comprendió que el joven amo no hablaba por capricho.
Hablaba con intención.

