—?Mi se?or! ?Mi se?ora! ?Traigo información importante! —anunció el guardia, ligeramente agitado por la prisa.
Laret levantó la vista con serenidad.
—Sí, claro. Dinos.
—Dos grupos de aventureros solicitaron reunirse con el jefe mono... —hizo una pausa abrupta, tragando saliva—. ?Digo, con el joven amo Kael!
Caria alzó una ceja.
—?Dos grupos?
—Así es. El grupo de aventureros rango D del otro día... y también el grupo rango S, Colmillo Plateado.
El último anuncio sí despertó a los lords inmediatamente.
Caria exhaló con cansancio, llevándose una mano a la cabeza mientras se rascaba con resignación.
—Ay, por Dios... ese ni?o...
Laret suspiró, pero mantuvo la compostura.
—Dile a los aventureros que pasen. Nosotros los llevaremos personalmente con Kael.
—?Sí, se?or!
Y así, los mismísimos lords de la casa Sungley salieron a recibirlos.
Valeryn dio un paso al frente y se inclinó con respeto.
—Muy buenos días, mis se?ores. Es un honor ser recibidos por los lords de la casa Sungley.
Todos los aventureros inclinaron la cabeza en se?al de respeto.
Caria les sonrió con amabilidad.
—Bienvenidos. Es un gusto verlos. Supongo que vinieron por algún negocio con nuestro hijo.
Lyris dio un paso adelante.
—Buenos días, mis lords. En efecto, el joven amo Kael nos pidió venir por unos equipos especiales para el requerimiento de su misión.
Laret los observó uno por uno antes de responder.
—Entonces vamos a verlo. Debe estar en su taller.
Los aventureros de rango S se miraron entre sí, visiblemente sorprendidos.
—Oye, Valeryn —murmuró una aventurera del rango S—. ?No habías dicho que el joven amo tenía cuatro a?os?
Valeryn asintió con una media sonrisa.
—Así es... es muy inteligente.
Mientras avanzaban, el aire tranquilo de la mansión se vio interrumpido por una explosión que retumbó como un trueno.
Las ventanas vibraron levemente.
Caria se detuvo en seco. Sus ojos se abrieron de par en par y su paciencia se evaporó.
—?AAAAAAAAAA! ?Ese peque?o demonio ya hizo algo que no debía!
El maná la envolvió como una llamarada invisible. Sin dar más explicaciones, dio un salto supersónico y desapareció en un parpadeo, dejando una ligera corriente de aire detrás.
Los aventureros de rango S quedaron impactados.
—Creo que no deberían preocuparse... —dijo Lyris con naturalidad—. Por lo que entiendo, esto pasa constantemente.
Cando todos llegaron al taller, el panorama era exactamente el esperado.
Caria, visiblemente furiosa, le daba coscorrones a un Kael completamente chamuscado y con el rostro negro de hollín. A su lado, también chamuscada pero con expresión completamente neutral, estaba Zarina, cubierta de hollín.
Kael levantó la vista... y sus ojos brillaron con intensidad al reconocer a los recién llegados.
Era el grupo Colmillo Plateado completo.
Con rapidez estratégica, se acercó a su madre, le dio un beso en la mejilla y, aprovechando el desconcierto, logró soltarse.
Luego se acercó a los nuevos aventureros y, aún con la cara negra y el cabello humeando levemente, se inclinó con formalidad.
—?HOLA! Buenos días. Es un gusto conocerlos. Soy Kael Sungley. Espero que podamos llevarnos bien.
Los aventureros intercambiaron miradas. La escena era absurda... pero también impresionante.
El primero en presentarse fue el líder.
Carred dio un paso al frente.
Su presencia imponía respeto incluso sin armadura pesada. Era un explorador de élite cuya experiencia lo había convertido en el eje táctico del grupo. Dominaba el arco con precisión letal a larga distancia, pero no dudaba en entrar en combate cuerpo a cuerpo cuando era necesario, manejando la espada con la misma frialdad.
Su estilo era directo, calculado y despiadadamente eficiente.
—Me llamo Carred. Un gusto, joven amo. Para nosotros es un gran honor poder colaborar con la gran casa que nos guía y protege.
Su voz era firme, pero sin arrogancia.
El siguiente en presentarse fue Arlen.
—Muy buenos días. Me presento, soy Arlen.
El mago principal del grupo. Frío, analítico y extremadamente calculador. Sus ojos violeta parecían contener energía arcana incluso en reposo. Vestía túnicas oscuras reforzadas con detalles arcanos discretos, y su porte era elegante sin ser ostentoso.
Luego avanzó el tanque del grupo.
Tolnya parecía una muralla.
—Es... es un gusto conocerlo, joven amo Kael. Yo... yo soy Tolnya.
Su voz era profunda pero ligeramente torpe en lo social. Su armadura pesada mostraba marcas de antiguos combates, y su cuerpo macizo transmitía la sensación de que nada lo derribaría con facilidad.
Mientras Tolnya siguiera en pie... el combate no terminaba.
Kael observaba a cada uno con fascinación infantil, pero también con análisis silencioso.
Y aún faltaban tres.
Ahora fue el turno de las integrantes femeninas del equipo.
La cuarta en presentarse fue Ferrah.
La joven avanzó con pasos ligeros, casi felinos. Su mirada era vivaz y curiosa, y una sonrisa ladeada se dibujó en su rostro al ver a Kael completamente chamuscado.
—?Ay, qué lindo y negrito, peque?ín! —dijo sin ningún filtro, inclinándose un poco hacia él—. Hueles a madera quemada. Me presento, yo soy Ferrah.
Era una cazadora ágil y letal, especialista en dagas y ballesta. Su cuerpo esbelto y atlético estaba hecho para el movimiento constante. Tenía rasgos bestiales sutiles que delataban su origen, con orejas ligeramente afiladas que parecían siempre atentas al más mínimo sonido. Su vestimenta ligera estaba dise?ada para no entorpecerla jamás; cada arma parecía una extensión natural de sus manos.
El comentario no pareció molestar a Kael... al contrario, lo hizo sonreír aún más.
La quinta en presentarse fue Sara.
Su postura era recta, impecable. Cada movimiento transmitía elegancia y disciplina.
—Muy buenos dias. Para mí es un honor servir y recibir ayuda de los se?ores Sungley. Mi nombre es Sara.
Era una noble entrenada en un estilo híbrido que combinaba esgrima refinada con magia ofensiva. Su cabello rojo intenso estaba recogido con sobriedad, y su mirada firme reflejaba orgullo y seguridad. Vestía una armadura completa con detalles ornamentales, sin sacrificar movilidad.
Su presencia imponía respeto incluso en silencio.
Y finalmente, la sexta integrante.
Mitan dio un peque?o paso al frente. Su voz fue suave, pero clara.
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—Hola, muy buenos días, joven amo... mi nombre es Mitan. Es todo un honor conocerlo...
Ella era el buffer del grupo, el pilar silencioso del Colmillo Plateado. No combatía en primera línea, pero su magia era decisiva: fortalecía ataque, defensa y resistencia con una precisión casi perfecta.
De piel morena y figura esbelta, su cuerpo estaba cubierto por tatuajes mágicos finamente elaborados que brillaban tenuemente cuando canalizaba maná. Sus ojos verdes transmitían calma y absoluto control. Vestía ropas ligeras adornadas con amuletos arcanos que tintineaban apenas al moverse.
Kael, maravillado con todos los miembros del grupo, no pudo contenerse.
Sus ojos brillaban con auténtica emoción.
—?Wow! ?Se ve que tienen mucho poder! ?Y quién fue el que logró hacer contrato con un espíritu mágico?
Laret apareció detrás de él como una sombra silenciosa y colocó su mano firme sobre la cabeza de su hijo.
—Hijo —dijo con tono serio—, características como el elemento de magia o si alguien posee un espíritu son personales. No se puede revelar esa información tan fácilmente. Son cartas de defensa. Si tu oponente sabe de qué eres capaz, podrá prepararse mejor.
Kael parpadeó un par de veces, entendiendo de inmediato.
—?Ay! Mi apá tiene razón. Mis disculpas... es que me entusiasmo con esto de los espíritus y tipos de magia.
Tolnya, con algo de nerviosismo pero también con determinación, dio un paso al frente.
—Y... y yo fui quien hizo contrato con un espíritu, joven amo...
El silencio cayó por un segundo.
Los miembros del grupo rango S —excepto Tolnya— bajaron ligeramente la mirada, recordando la dificultad de aquella ceremonia.
Kael abrió los ojos con asombro genuino.
—?WOOOW! Se?or Tolnya, gracias por la información. Me alegro mucho por usted.
Arán, incapaz de medirse, intervino sin pensar demasiado.
—Ah... yo pensaba que el líder, como era el más fuerte, había pasado la prueba...
Varias miradas se dirigieron hacia él.
Caria suspiró antes de responder con calma, aunque su mirada era firme.
—La ceremonia de espíritu no trata solo de usar fuerza o inteligencia. De hecho, eso es lo de menos. En la ceremonia de contrato influye mucho más el espíritu que desea vincularse contigo... y tu resistencia y perseverancia. Debes tener un temple mental, ideales y metas inquebrantables para llegar a la prueba final.
Las palabras de Caria resonaron con peso.
El grupo rango S asintió en silencio.
Kael levantó una mano, retomando el control de la conversación con sorprendente naturalidad.
—Bueno, apá tiene razón. Ya se entregó mucha información. Vamos a los negocios. Ahora le pediré especial ayuda a mi increíble y poderosa asistente, Zarina.
El coscorrón llegó de inmediato.
—?Zarina se irá a ba?ar por tu culpa, mendigo ni?o endemoniado! —reprendió Caria—. Si quieres explotar cosas, hazlo tú solo. ?No la metas a ella!
Y sin darle oportunidad de replicar, tomó a Zarina en brazos y se la llevó, mientras la ni?a permanecía completamente neutral, aún cubierta de hollín.
Kael se giró hacia Laret con expresión indignada.
—?APá! ?Dile algo! Quiere más a Zarina que a su hijo...
Laret lo miró con una expresión que mezclaba decepción y absoluta sinceridad.
—Pues es obvio que la quiera más si tú lo único que haces es causar desastres, hacerla explotar y gritar.
Kael quedó completamente expuesto.
No hizo más que asentir ante la brutal verdad.
Luego, sin perder tiempo, entró en su taller.
El interior estaba lleno de herramientas, mesas de trabajo, frascos con sustancias extra?as y artefactos a medio ensamblar. El aire aún olía a metal caliente y madera quemada.
Kael comenzó a sacar una gran variedad de aditamentos y los colocó con orden sobre una mesa amplia.
—Bien, se?oras y se?ores. Vamos primero con sus misiones. Ambas tratan de entrar a lugares potencialmente tóxicos.
Su tono cambió. Ya no era el ni?o emocionado.
Era alguien que sabía exactamente de qué estaba hablando.
—Para el equipo rango S: dióxido de azufre, SO?. Y sulfuro de hidrógeno, H?S... olor a huevo podrido. Ambos irritan los pulmones, marean y pueden matar en concentraciones altas.
Se?aló otro conjunto de materiales.
—Y en las cuevas de goblins donde hay salitre, también hay guano, orina y acumulaciones orgánicas que generan amoníaco, gases tóxicos y polvo fino.
El ambiente se volvió más serio.
Kael colocó sobre la mesa varias máscaras toscas de cuero, con armazón de cobre y un compartimento frontal.
—Antes de entrar a esos lugares... van a usar esto.
Carred frunció el ce?o.
—?Qué es?
—Filtros de respiración —respondió Kael con absoluta naturalidad—. En cuevas con salitre y zonas volcánicas, el aire puede matarte antes que un monstruo.
Abrió una máscara y mostró el interior.
—Dentro hay capas de lana, carbón vegetal y ceniza tratada. El carbón atrapa gases tóxicos. La ceniza neutraliza vapores ácidos. La tela filtra el polvo fino.
Valeryn lo observó con atención analítica.
—?Funcionan?
—No hacen milagros —respondió Kael—, pero les darán tiempo. Tiempo para pelear, huir y respirar sin caer inconscientes.
El silencio fue de comprensión.
Aquello no era jugueteo.
Era supervivencia.
Kael no perdió el ritmo. Se movía por el taller con una seguridad impropia de su edad, pero completamente natural en él.
Sacó de debajo de la mesa unas gafas robustas y las extendió hacia el grupo.
—Estas son gafas de protección que he dise?ado para ustedes. El salitre y el azufre pueden liberar vapores nocivos para los ojos. Estas lentes están selladas y filtran el aire cercano al rostro, evitando que los gases irritantes entren en contacto directo con los ojos.
Los aventureros de rango D y S las tomaron con curiosidad.
—Las lentes son de resina tratada —continuó Kael—. Bloquean vapores corrosivos y peque?as partículas suspendidas. La estructura de cuero sella los costados. No son elegantes... pero sí efectivas.
Valeryn giró una entre sus dedos.
—Esto no es equipo común de aventurero...
—No —asintió Kael—. Es equipo de extracción y supervivencia.
Luego dejó caer sobre la mesa varios pares de guantes oscuros y gruesos.
El cuero era denso, reforzado en las palmas y los dedos con costuras adicionales.
—Estos son guantes de protección. El salitre y el azufre no solo apestan... también queman la piel si se manipulan sin cuidado.
Los aventureros los probaron. Eran rígidos, pero sólidos.
—Están hechos de cuero grueso reforzado. Les permitirán agarrar minerales calientes, piedras contaminadas o sustancias corrosivas sin destrozarse las manos. Sin esto... terminarían la misión con las palmas llenas de heridas o sin poder cerrar los dedos.
Bezal asintió, imaginando el escenario.
—Entendido.
Kael sacó entonces un par de botas altas, mucho más robustas que el calzado habitual.
El exterior era de cuero endurecido; la suela estaba reforzada con capas de resina y una fina placa metálica sellada.
—Estas botas están dise?adas para no dejar pasar líquidos ni gases desde el suelo. En cuevas de goblins y zonas volcánicas, el peligro no siempre está en el aire... muchas veces viene desde abajo.
Valeryn examinó la suela con atención, presionando con el pulgar.
—El suelo puede filtrar vapores tóxicos, ácidos naturales o calor extremo. Con estas botas no respirarán gases que suban por grietas ni sufrirán quemaduras leves en los pies.
Los aventureros entendieron la lógica.
No era equipo para luchar.
Era equipo para volver con vida.
Luego Kael sacó un saco grueso y lo golpeó con los nudillos.
El sonido fue seco.
—Esto es igual de importante que las máscaras. Estos sacos están sellados. No dejan entrar humedad ni dejan salir vapores.
Adriel tomó uno con cautela.
—?Por qué tanto cuidado solo para transportar el material?
Kael la miró con seriedad absoluta.
—Porque el salitre húmedo se arruina. Y el azufre... si respira demasiado aire, empieza a liberar gases que pueden marearlos incluso fuera del lugar volcánico.
Valeryn inspeccionó el interior.
—No es un saco común... está tratado.
—Exacto —respondió Kael—. Recolectan, sellan y no lo abren hasta volver. Nada de meter la cara para mirar dentro. Nada de curiosear.
Algunos tragaron saliva.
Luego colocó varias lámparas metálicas sobre la mesa.
—Esto es exclusivo para ustedes, equipo rango D. Nada de antorchas.
Los aventureros se miraron confundidos.
—?Y cómo se supone que veremos dentro de la cueva? —preguntó Bezal.
Kael tomó una de las lámparas y la encendió. Una llama peque?a y firme iluminó la sala sin producir humo.
—Las antorchas consumen demasiado oxígeno y generan humo. En cuevas cerradas eso es una sentencia de muerte... o una explosión si hay gases.
Giró ligeramente un anillo en la base y la llama se redujo aún más.
—Son lámparas de aceite de llama baja. Iluminan lo suficiente, no levantan humo y no encienden gases peligrosos.
Arán sintió un escalofrío.
—...O sea que si entrábamos con antorchas...
Kael lo miró sin suavizar la respuesta.
—Sí. Probablemente volaban junto con la cueva.
El grupo se puso serio al instante.
Luego sacó herramientas metálicas, ordenándolas con precisión sobre la mesa.
—Esto no son armas. Son picas y cinceles de extracción. El salitre es frágil y cristalizado... si golpean como idiotas lo van a romper o contaminar.
Los aventureros examinaron las herramientas.
—Las picas son para abrir grietas controladas. Los cinceles para separar el material con cuidado. Nada de golpes fuertes, nada de chispas y nada de derrumbes.
Bezal asintió con gravedad.
—Si extraen el material limpio, vale diez veces más. Si lo arruinan... solo cargaron mierda blanca inútil.
Una ligera tensión recorrió al equipo rango D.
Kael entonces colocó sobre la mesa varios objetos peque?os y alargados.
—Estos son marcadores de ruta.
Los sostuvo entre los dedos.
—Las cuevas no son caminos rectos. Se bifurcan, se repiten y enga?an a la vista. Sin esto, pueden caminar en círculos hasta morir ahí dentro.
Explicó cada función con claridad:
—Orientación visual. Están tallados con flechas simples que indican el camino de salida. Incluso con poca luz, pueden sentir la forma al tacto.
—Identificación del equipo. Cada marcador tiene la marca grabada del grupo, para evitar confusiones con cuevas ya exploradas.
—Y se?alización luminosa pasiva. En el centro hay una resina que absorbe luz de las lámparas y la libera lentamente en la oscuridad. No arde. No consume oxígeno.
Kael los miró uno por uno.
—Cada cierto tramo clavan uno en la pared o lo encajan entre rocas. Si algo sale mal... esto puede ser la diferencia entre salir vivos o desaparecer para siempre.
El equipo rango D sintió el peso real de la misión.
Kael no estaba improvisando.
Estaba planificando supervivencia.
Luego sacó varias capas gruesas. Parecían pesadas, pero al tocarlas eran sorprendentemente flexibles.
—Estas capas no son simples abrigos. Están dise?adas para resistir calor extremo, ceniza caliente y ráfagas de aire abrasador. En zonas volcánicas, el aire puede quemar la piel, el suelo irradia calor y los cambios bruscos pueden matar en minutos.
Valeryn tomó una y la examinó con atención técnica.
—La capa exterior está tratada con resina del árbol Nabu mezclada con ceniza volcánica. Eso le permite resistir mejor el calor, repeler parte de las chispas y evitar que la ceniza ardiente atraviese la tela. El interior tiene capas de tejido comprimido que atrapan aire, creando una barrera térmica.
Lyris frunció el ce?o.
—?Y eso no nos hará sudar hasta morir?
—No —negó Kael—. Está hecha para conservar una capa de aire entre la tela y el cuerpo, reduciendo el golpe directo del calor. Además, el cuello y los hombros están reforzados para evitar que entren ráfagas ardientes, ceniza y polvo caliente por las aberturas.
Valeryn asintió lentamente.
—Con esto podemos movernos cerca de zonas volcánicas sin quedar inutilizados.
—Exacto —dijo Kael—. No es para pelear. Es para sobrevivir el entorno.
Finalmente, sacó varios objetos peque?os y metálicos.
—Por último... silbatos de se?al.
Los aventureros los observaron.
—En cuevas o en medio del combate, gritar no sirve. El humo y el ruido lo ahogan todo. Estos están dise?ados para que el sonido viaje lejos y claro.
Kael sopló uno. El sonido fue agudo y limpio, atravesando el aire como una cuchilla.
—Apréndanse las se?ales. Tres silbidos rápidos significan abandonar todo y retirarse. Sin discutir.
El ambiente era completamente distinto al inicio.
Ya no era un ni?o chamuscado.
Era alguien que estaba pensando en vidas.
El ambiente en el taller se había vuelto denso, no por humo esta vez, sino por la seriedad del momento.
Kael respiró hondo y sacó el último artefacto.
Colocó sobre la mesa varios objetos redondos, del tama?o de una manzana. Su superficie era rugosa, con peque?as ranuras laterales y un seguro metálico en la parte superior.
Adriel frunció el ce?o.
—?Y eso... qué es?
Kael sostuvo uno con cuidado.
—Es una bomba de humo paralizante. úsenla como última opción en caso de enfrentamiento con algún enemigo.
Los aventureros intercambiaron miradas tensas.
Kael explicó con voz clara y firme:
—Dentro hay una mezcla de resinas y polvo de un hongo especial. Cuando se activa, libera un humo denso que bloquea temporalmente el sistema nervioso.
Arán tragó saliva.
—?Y los goblins...?
—Quedarán tirados sin poder moverse —respondió Kael sin titubear.
Arán volvió a hablar, ahora más preocupado.
—?Y nosotros?
Kael levantó una de las máscaras de respiración.
—Por eso van equipados. Ustedes respiran aire filtrado... ellos no.
Elira sonrió apenas, entendiendo la ventaja estratégica.
—Eso es una limpieza quirúrgica de cueva.
Kael asintió.
—Exacto. Menos riesgo, menos heridas... más salitre.
Luego los miró a todos con expresión seria, muy distinta a la del ni?o entusiasmado de hace unos minutos.
—Esto es lo más que puedo hacer de momento. No tengo materiales ni herramientas necesarias para darles un mejor equipamiento...
El silencio cayó en el taller.
Carred dio un paso al frente.
—Como líder del equipo, estoy más que satisfecho con lo que nos diste. Hemos hecho una misión similar antes... y terminamos bastante afectados. Pero tú... literalmente supliste todas las necesidades que ignoramos aquella vez.
Bezal asintió con sinceridad.
—Con nosotros también. Nunca esperé tanto detalle para nuestra primera misión en cueva. Siento que vamos más preparados que un equipo rango A.
Las palabras no eran halago vacío. Eran reconocimiento genuino.
Los dos equipos de aventureros miraron directamente a Kael y agradecieron la consideración y la preocupación.
Arán, incapaz de guardarse lo que pensaba, soltó:
—Enano, fácilmente podríamos tomar todo este equipo y venderlo a muy buen precio.
Antes de que la frase terminara de asentarse en el aire, el equipo rango D apareció por detrás y le dieron una combinación precisa de coscorrones.
—?AUUUCH! —se quejó Arán, sobándose la cabeza—. ?No lo decía con esa intención! Es solo que... te has preocupado mucho por nosotros. De verdad... te has preocupado más que muchas personas en el gremio.
La confesión fue honesta.
Kael los miró a todos con expresión ligeramente extra?ada, como si la idea de no preocuparse jamás hubiera pasado por su cabeza.
—Por supuesto que me preocupo por ustedes. Los considero mis clientes... y muy buenos amigos. No podría perdonarme saber que fueron a una misión, salieron heridos... y pude haberlo evitado.
Sus palabras no eran dramáticas. Eran simples. Directas.
—De verdad... y por favor, usen todo este equipo sin preocuparse por perderlo o da?arlo. Su prioridad es su vida. Si algo sale mal, aborten la misión y a la verga los materiales.
El taller quedó en silencio por un segundo más.
Luego ambos equipos comenzaron a recoger el equipo, ahora con un respeto distinto.
Uno más profundo.
Kael, pese a seguir negrito y chamuscadito, recibió siete besitos y siete apretadas de cachete de las siete aventureras, completamente agradecidas por su preocupación.
Entre risas y peque?as bromas, se despidieron.
Cuando finalmente el taller quedó en silencio y la puerta se cerró, Laret observó a su hijo.
Kael ya no sonreía.
Su mirada estaba fija en la mesa donde habían estado los artefactos.
—?Qué pasa, negrito? —preguntó Laret con tono tranquilo—. ?Crees que fallarán? ?Tan importantes son esos materiales?
Kael levantó la mirada lentamente.
Su expresión ya no era infantil.
Era seria.
—Los materiales no son más importantes que sus vidas... —respondió con calma—. Pero si logran traerlos... créeme que podría preparar el camino para la verdadera carta de triunfo ante una posible invasión de cualquier reino.
Hizo una peque?a pausa.
—Y sin necesidad de recurrir a la magia.
Laret comprendió en ese instante el peso real de lo que su hijo estaba planeando.
No era solo extracción de salitre.
No era solo azufre.
Con esas palabras, Kael dio por cerrado y listo el primer paso hacia el desarrollo armamentístico de los explosivos.
Y el taller, aún impregnado de olor a hollín y metal caliente, se convirtió silenciosamente en el inicio de algo mucho más grande.

