Maenut y Taenut
El barrio financiero parecía calmado, pero Maenut sabía que las apariencias eran veneno.
—Allí —susurró Taenut, se?alando la terraza de un restaurante lujoso.
Sinclair, imponente y bien vestido, se reía junto a figuras importantes del bajo mundo. Su aura era escalofriante, su sonrisa… falsa.
—?Tienes el sensor activado? —preguntó Maenut.
—Sí. Nada fuera de lo común, pero el tipo está rodeado de seguridad. La energía que emite es pesada —murmuró Taenut, ajustando el visor de su ojo izquierdo—. No es solo poder… es crueldad.
Desde la distancia, ambos registraron sus movimientos, conversaciones, rutas de salida.
—No hay duda, él es parte del núcleo —dijo Maenut con los pu?os apretados—. Pero aún no podemos hacer nada.
Taenut asintió.
—Pronto.
Bob y Kael
En un evento de gala, entre luces, copas y sonrisas falsas, Bob y Kael se infiltraron con trajes alquilados.
—?Ese es él? —preguntó Kael, observando al hombre de cabello plateado y mirada vacía, rodeado de guardaespaldas.
—No hay ningún nombre en ningún registro oficial. Pero tiene influencia… y huele a conspiración —dijo Bob, con una mueca seria.
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Kael se deslizó entre los invitados mientras Bob activaba un escáner de energía. La lectura era… extra?a. Distorsionada.
—Su energía es inestable, como si ocultara algo. O como si fuera alguien más —susurró Bob.
—?Crees que no es un quarzith?
—Creo que ni él sabe quién es en realidad —respondió Bob, inquieto, quien ni él ni Kael sabían que el hombre que veían ni siquiera era su objetivo.
Sarah y Karen
En una calle olvidada, un espectáculo callejero llamaba la atención. Un espadachín de movimientos ágiles desarmaba oponentes sin herirlos… todavía.
—?Ese es Wrooxie? —preguntó Karen, sorprendida por su destreza.
—Sí. Su nivel de combate es letal —respondió Sarah, frunciendo el ce?o.
Ambas observaron durante horas. Su estilo no era solo exhibicionismo: cada movimiento era una amenaza calculada.
—No es como Sinclair o el político. Este tipo disfruta pelear… pero no mata por impulso —dijo Karen.
Sarah miró de cerca. Wrooxie les lanzó una mirada. Fría. Como si ya supiera que lo vigilaban.
—Lo sabe —susurró Sarah—. Y aún así, no huye.
—Tal vez quiere que lo veamos.
Byd y Dave
En los suburbios, una casa abandonada se convirtió en su punto de vigilancia. Dentro, un joven reía mientras jugaba con cuchillas flotantes.
—Ese es Psycked… —murmuró Dave—. Tiene el cuerpo de un adolescente, pero su energía es monstruosa.
—No actúa como un asesino. Es peor… —a?adió Byd—. No tiene motivación. Solo placer.
Desde un ventanal, observaron cómo Psycked cortaba una silla en pedazos, luego la re ensamblaba… con partes de otro objeto. Un caos metódico.
—Es inestable, pero meticuloso. Un sociópata funcional —diagnosticó Dave, grabando con una micro cámara.
—No lo subestimes. Un enemigo como él no necesita lógica para ser letal —dijo Byd, con el rostro tenso.
Michael
En un callejón en ruinas, Michael esperaba. No por Larssen… sino por alguien que lo vigilaba.
—Sabes que no deberías dejar rastros —dijo una voz detrás de él.
—Y tú sabes que no deberías estar en esa lista —respondió Michael sin girarse.
Larssen apareció desde las sombras, encapuchado.
—No he dicho nada. Pero si siguen así, pronto sospecharán —dijo el hombre de ojos sombríos.
—Solo mantente útil. Byd y yo cumpliremos nuestra parte. Pero si los del otro grupo descubren tu doble juego…
—…Sabrás qué hacer —interrumpió Larssen con una sonrisa torcida.
Michael suspiró. No había aliados permanentes, solo ventajas temporales.
Cada grupo regresó al punto de encuentro con anotaciones, grabaciones y sospechas. Nadie sabía aún quién de los investigados era el verdadero responsable detrás del caos… pero todos sabían que este juego de vigilancia sería solo el primer paso.
Y que en las sombras, alguien —o algo— movía las piezas.

