home

search

Capítulo 11 : El Reparto

  El bullicio del Gran Comedor se convirtió en un zumbido lejano a espaldas de Estela. Se quedó un momento estática, con la bandeja vacía frente a ella, observando cómo la silueta de Selene cruzaba el umbral con esa elegancia insultante, seguida por una Iris que ni siquiera se había dignado a lanzarle una mirada de disculpa. Los chicos —Adrián, Marcus, Nathan y Lucian— ya habían abandonado el salón hacía minutos, moviéndose hacia sus respectivas habitaciones para cambiarse para la clase de Anatomía del Combate y Derribo .

  Estela empezó a recoger sus cosas con movimientos bruscos. Metió la tableta en la mochila y se colocó los cascos alrededor del cuello, aunque no puso música; el silencio le servía de escudo.

  —"Leyendas urbanas", "videojuegos"... —susurró para sí misma, sintiendo que el calor de la rabia le subía por el cuello—. Qué sabrás tú, Selene. Qué sabrás tú de lo que corre por mi sangre.

  Salió del comedor a paso rápido. Mientras recorría los pasillos de piedra gris, el eco de sus botas parecía martillear su frustración. Se sentía peque?a, ridiculizada ante la única persona a la que siempre había llamado "mejor amiga". Al llegar a su sector en el Ala Norte, se detuvo frente a su puerta. No buscó llaves ni pomos; simplemente esperó a que el panel de cristal líquido reconociera su retina. El sistema emitió un pitido sordo y la puerta se deslizó, cerrándose automáticamente tras ella con el característico clic del codificador magnético. Estaba sola.

  —Será estúpida —exclamó, lanzando la mochila sobre la cama—. "?Se cree que esto es un RPG de fantasía oscura?" ?Ojalá lo fuera! Al menos en los juegos la gente como ella no dura ni tres niveles.

  Empezó a caminar de un lado a otro por la estancia, gesticulando. El disgusto le quemaba por dentro.

  —Y tú, Iris... qué decepción. Te vas con la primera que te mira por encima del hombro solo porque tiene "estilo". Pues quédate con ella. Quédate con su frialdad. Yo no necesito vuestra aprobación para saber quién soy.

  Se detuvo frente a su vitrina. Sus ojos pasaron por los tomos de sus mangas favoritos y las figuras de edición limitada, buscando ese orden que siempre le daba paz. Pero su mirada, como atraída por un imán invisible, terminó bajando a la balda inferior. Allí, justo debajo de su colección más preciada, descansaba el libro de su abuelo.

  Desde que él murió, Estela lo llevaba a todas partes, pero siempre lo había visto como un objeto inerte, un recordatorio sentimental. Nunca había tenido letras. Nunca había tenido dibujos. Era, en esencia, un libro vacío que ella pensaba llenar algún día con sus propias vivencias.

  —Tú también me fallaste, abuelo —murmuró con amargura, acercándose al cristal—. Me dijiste que este libro me daría las respuestas, y lo único que tengo es un montón de hojas en blanco y a una compa?era de clase que me trata como si estuviera loca.

  En ese preciso instante, el aire de la habitación se espesó, volviéndose denso y frío. Estela retrocedió un paso al ver que, desde el interior de la vitrina, una luz cenicienta , pálida como el reflejo de la luna sobre el mármol, empezó a filtrarse por las costuras del cuero viejo.

  Con el corazón galopando, Estela abrió la vitrina. Un aroma a tierra antigua, a madera de olivo y a tiempo estancado inundó la estancia, anulando el olor a productos de limpieza de la academia. Al tomar el libro, no sintió el peso del papel, sino una vibración profunda que parecía responder al latido de su propia sangre.

  Abrió las páginas. Ya no estaban en blanco.

  Unas letras negras, densas como el carbón, empezaron a brotar de las fibras del pergamino. Se formaban ante sus ojos, retorciéndose como raíces buscando la luz. Estela leyó la primera línea y sintió que el mundo se detenía:

  " Manuscrito de los Guardianes de los Ecos."

  —No puede ser... —susurró, rozando con las yemas de los dedos el papel rugoso.

  Las páginas empezaron a pasarse solas, movidas por un viento invisible. El texto seguía apareciendo, revelando una verdad ancestral:

  " Bienvenida , Estela Ward .El Tiempo de la espera ha terminado .Eres la Próxima Guardiana de los ECOS DESCODIFICADORES ."

  El libro empezó a mostrarle la guerra eterna de las frecuencias. Le habló de Agraan, el Dios del Caos, quien inoculó la semilla de la psicopatía en el alma humana para devorar la armonía desde dentro. Y le habló de Vacuüs, el Dios del Vacío, quien otorgó el poder del Eco para equilibrar la balanza.

  Estela leyó sobre las dos ramificaciones. La de aquellos que, como Selene, eran guerreros de campo, capaces de ver el rastro del asesino. Y la ramificación oculta, la más poderosa: los Descodificadores.

  "Tú no eres el arma, Estela. Eres la Reveladora de Sue?os. Tu labor es unirte al Eco Descodificador, ser su ancla y su escudo. Tú eres quien despierta sus habilidades, quien hace que la magia fluya para que él pueda anular la frecuencia del Caos."

  Al terminar de leer, una energía cálida brotó de las páginas y envolvió sus manos. Sintió un hormigueo eléctrico que subía por sus brazos, instalándose en su pecho como una llama. Su visión se agudizó; las sombras de la habitación cobraron profundidad y el zumbido de los servidores de la universidad ahora le sonaba a una canción que podía descifrar.

  —No son leyendas... —dijo Estela, y su voz sonó con una autoridad nueva—. Es real. Todo es real.

  Se miró las manos, que aún emitían un rastro de esa luz cenicienta. El disgusto por Selene e Iris se había disipado, sustituido por una determinación gélida. Adrián Vane no estaba loco. él era un Descodificador sin guía, y ella era la única que tenía la llave para salvarlo.

  Estela cerró el libro con fuerza y el broche de bronce se selló con un chasquido. Se quitó la mochila y buscó su uniforme para la clase de Anatomía de Combate y Derribo .

  Sus movimientos ya no eran los de una chica herida; eran los de una Guardiana que acababa de recibir su primer encargo del destino.

  —Ríete ahora, Selene —murmuró mientras se ajustaba la chaqueta de entrenamiento —. El videojuego acaba de empezar de verdad, y tú ni siquiera conoces las reglas.

  Salió de la habitación, el codificador de la puerta emitió un tono verde a su paso.

  El Campo de Entrenamiento 4 era una nave de hormigón inmensa, donde la luz blanca de los focos halógenos hacía que todo pareciera extraído de una mesa de autopsias. El olor a caucho quemado y desinfectante llenaba el aire, puntuado por el zumbido constante de los extractores.

  En el centro, el profesor Varek Volkov esperaba con los brazos cruzados. Era un hombre de unos cincuenta a?os, de una robustez fibrosa, con el rostro marcado por finas cicatrices y una mirada gris que nunca parecía parpadear. Su asignatura, Anatomía del Combate y Derribo , era la pesadilla de los novatos: allí se ense?aba que el cuerpo humano no es más que una máquina con puntos de fallo específicos que pueden activarse con la presión adecuada.

  En las gradas laterales, Marcus se dejó caer al lado de Adrián, que seguía frotándose las sienes con gesto cansado, tratando de ignorar el martilleo sordo en su cráneo.

  —Joder, Adrián, mira eso —susurró Marcus, dándole un codazo y se?alando hacia la pista con un descaro absoluto—. Mira a Iris. Con esas mallas... menudo culazo tiene, tío. Si un asesino la pilla por la espalda, se queda embobado antes de clavarle nada.

  Adrián asintió mecánicamente, con la mirada perdida en el suelo de caucho. Marcus soltó una carcajada baja, acomodándose en el banco.

  —A ver cómo se defiende hoy —continuó Marcus, estirando el cuello para no perder detalle—. Porque con este frío las articulaciones no responden igual, y como Volkov la pille desprevenida, la va a poner a hacer flexiones hasta el próximo siglo.

  —?Drax! ?Crowe! ?Al centro! —tronó la voz de Volkov, cortando las risas de la grada como un hachazo.

  Selene avanzó hacia el tapiz con una calma que bordeaba la insolencia. A su lado caminaba Lucian Crowe . Bajo la luz cruda de los focos, el aspecto de Lucian era casi inquietante: era extremadamente delgado, con una palidez demacrada que hacía que su uniforme de entrenamiento le colgara de los hombros. Sus pómulos eran tan afilados y sus ojeras tan profundas que parecía un cadáver que acababa de levantarse de una mesa de disección, pero se movía con una agilidad nerviosa, como un cable de alta tensión a punto de romperse.

  —Demostración de interceptación por palanca —ordenó Volkov, haciendo girar su vara de policarbonato—. Crowe, ataca a matar. Drax, neutraliza sin romperle el radio... si puedes.

  Lucian no esperó. Se lanzó hacia delante con un movimiento seco y eléctrico, buscando el cuello de Selene con una mano en forma de garra. Fue rápido, preciso, un ataque nacido de a?os de estudio de la anatomía. Sin embargo, Selene ni siquiera pareció tensar un músculo.

  Support creative writers by reading their stories on Royal Road, not stolen versions.

  Justo cuando los dedos de Lucian iban a rozar su piel, Selene rotó el torso apenas unos centímetros. Capturó la mu?eca del chico y, con la punta de un solo dedo aplicada con una presión quirúrgica en el nervio cubital de su codo, anuló toda su inercia.

  El cuerpo demacrado de Lucian colapsó hacia delante, como si le hubieran cortado los hilos.

  El eco del golpe seco de Lucian contra el caucho todavía vibraba en el aire del pabellón cuando Selene retiró la mano, recuperando su postura relajada. Volkov, que rara vez mostraba emoción alguna, bajó la vara de policarbonato y arqueó una ceja, observando a la chica con una curiosidad que rozaba el respeto profesional.

  —Esa no es una técnica de los manuales de Dragonhall, Drax —dijo Volkov, acercándose a ella mientras Lucian se levantaba frotándose el codo con gesto dolorido—. Has utilizado una palanca de eje ciego. Se necesita una precisión de milímetros para anular a un tipo con la agilidad de Crowe usando solo un punto de presión. ?Dónde has aprendido eso?

  Selene se limitó a alisarse la camiseta del uniforme, manteniendo esa máscara de porcelana que no dejaba filtrar ninguna emoción.

  —En mi casa no se esperaba a que llegara la hora de la cena para aprender a defenderse, profesor —respondió ella con una voz plana, pero cargada de una seguridad que hizo que varios alumnos se miraran entre sí—. Mi familia consideraba la disciplina de combate como algo tan obligatorio como respirar. Llevo practicando técnicas de interceptación desde que tengo uso de razón.

  Volkov asintió lentamente, escaneando la postura de Selene.

  —Una disciplina familiar, ?eh? —murmuró el profesor—. Pues tus maestros sabían lo que hacían. Has convertido el cuerpo de tu oponente en su propia trampa. Es una lástima que los expedientes de ingreso sean tan... escuetos con los antecedentes de algunos alumnos.

  Nadie en el aula, ni siquiera el propio Volkov, sabía nada del origen de Selene. Para la mayoría era una chica brillante y enigmática que venía de "alguna parte" con una beca de excelencia. Sin embargo, en las gradas, Adrián no apartaba la vista de ella.

  Adrián ya no veía solo a una chica experta en artes marciales. Tras lo sucedido en la plaza de los fundadores , la reconocía como lo que realmente era: un Eco del Rastro. Sabía que esa facilidad para el combate no venía sólo del entrenamiento físico; venía de su capacidad para sintonizar la intención del enemigo antes de que este golpeara. Selene no era solo rápida; ella ya estaba allí antes de que Lucian decidiera atacar.

  —Joder, Adrián, ?has oído eso? —susurró Marcus, inclinándose hacia él con una mueca de asombro—. "Disciplina obligatoria". Menuda familia tiene que tener la Drax, tío. Como para llegar tarde a cenar a su casa... —Marcus soltó una risita nerviosa, imaginando la escena—. Me veo a la madre saliéndote al paso y haciéndote una llave de judo en mitad del pasillo solo por no haberte lavado las manos.

  Adrián no respondió. Sentía el ruido en su cabeza aumentando, una vibración que parecía reaccionar ante la presencia de Selene en el tatami.

  —No es solo entrenamiento, Marcus —murmuró Adrián, casi para sí mismo. La voz le salió espesa, como si le costara articular las palabras entre el zumbido que le martilleaba los oídos.

  —?Qué has dicho? —preguntó Marcus, frunciendo el ce?o—. Tío, no me digas que ahora tú también te vas a poner místico.

  Pero Adrián no respondió. Se levantó de golpe, impulsado por una necesidad física de escapar del sonido que solo él podía oír. Se sentía mareado, con la visión nublandose por momentos. Se puso en pie para alejarse de las gradas , buscando un poco de aire o quizás un rincón donde el eco del pabellón no fuera tan ensordecedor. Sus piernas temblaron ligeramente, y tuvo que apretar los pu?os para no perder el equilibrio frente a todos.

  En el centro de la pista, Varek Volkov notó el movimiento. El profesor detuvo su explicación de Anatomía del Combate y Derribo y clavó sus ojos grises en el chico.

  —?Algún problema, Vane? —tronó Volkov—. ?O es que ya has aprendido suficiente con solo mirar?

  Adrián se quedó rígido a mitad de la grada. Sentía la mirada de Selene clavada en él, analítica, reconociendo el colapso que estaba sufriendo su compa?ero de estirpe. Pero lo que Adrián no esperaba era ver a Estela, que ya se había ajustado su chaqueta táctica y avanzaba desde el lateral.

  Estela, con el Tratado de las sombras blancas oculto en su mochila, caminaba con una seguridad que nunca antes había mostrado. Ella sabía perfectamente por qué Adrián se había levantado: su sistema estaba saturado de información y necesitaba un ancla de forma urgente.

  —Vane se ofrece voluntario para la siguiente práctica, profesor —intervino Estela con una voz clara y firme, colocándose a pocos metros de Adrián para intentar estabilizar su frecuencia con su sola presencia—. Y yo me ofrezco como su pareja de entrenamiento.

  Marcus se quedó sentado en la grada, con la boca abierta.

  —?Pero qué les pasa a todos hoy? —susurró para sí mismo, mirando a Adrián—. Se levanta como si hubiera visto un fantasma y ahora la "gamer" quiere pelear. Esto se está volviendo muy raro.

  El profesor Volkov golpeó el suelo con su vara de policarbonato, un sonido seco que silenció el murmullo de las gradas. Sus ojos grises viajaron de la palidez de Adrián a la determinación inusual en el rostro de Estela.

  —Me gusta esa iniciativa, Ward. Menos consolas y más práctica —sentenció Volkov con un gesto severo—. Bien, vosotros dos al cuadrante central. Y ya que estamos, no quiero ver a nadie más sentado. ?Hale, Iris! Vosotros al cuadrante de la izquierda. Vamos a ver si esas horas de gimnasio sirven para algo real.

  Marcus dio un respingo en la grada, casi perdiendo el equilibrio.

  —?Yo? ?Pero si yo estaba analizando la técnica desde una perspectiva teórica, profesor! —protestó Marcus mientras se levantaba a rega?adientes, ganándose una mirada fulminante de Volkov.

  Mientras se dirigían al centro del tatami de caucho, Estela no quitaba los ojos de Adrián. él caminaba como si estuviera atravesando un campo de minas invisible, con los hombros tensos y la mirada desenfocada. Estela sabía que su misión en ese momento no era practicar una palanca de brazo. Según lo que había comprendido del Tratado de las sombras blancas, su primer objetivo era actuar como un pararrayos.

  El Eco Descodificador no podía procesar el caos solo. Ella necesitaba establecer un contacto físico sutil para que el ruido que atormentaba a Adrián se drenara a través de ella. Tenía que estabilizar antes de que su mente colapsara en mitad de la clase bajo la atenta mirada de Selene.

  En el cuadrante de al lado, la situación era radicalmente distinta. Marcus se colocó frente a Iris, intentando poner su mejor cara de seguridad, aunque le temblaban un poco las rodillas al ver la intensidad en los ojos de la chica.

  —Bueno, Iris... —dijo Marcus, intentando sonar galán mientras se ajustaba los pantalones—. No te pases conmigo, ?vale? No me gustaría tener que usar toda mi fuerza y dejarte en evidencia delante de la clase.

  Iris soltó una carcajada y se colocó en posición de guardia con una agilidad que hizo que Marcus tragara saliva.

  —Menos charla y más guardia, Marcus —respondió ella con una chispa peligrosa—. Cómo te quedes embobado mirando a las musara?as otra vez, te voy a hacer un nudo que ni Volkov sabrá deshacer.

  Marcus intentó lanzar un golpe lento para "tantear", pero Iris, con un movimiento de cadera felino, se agachó y le barrió los pies antes de que él pudiera reaccionar. Marcus terminó despatarrado en el suelo, mirando hacia los focos del techo con cara de absoluta incredulidad.

  —?Falta! ?Eso ha sido un ataque a traición! —exclamó Marcus desde el suelo, mientras Iris le tendía la mano con una sonrisa burlona.

  —?Levántate, Hale! —tronó Volkov—. ?Si te vence antes de empezar el intercambio, te pongo a limpiar los ba?os de los vigías con un cepillo de dientes!

  Mientras tanto, Estela se acercó a Adrián en el centro del tatami. Sus ojos estaban fijos en él, y por primera vez, Adrián sintió que el martilleo en su cabeza bajaba un poco de intensidad solo por tenerla cerca.

  —Adrián —susurró ella, extendiendo una mano hacia él—. Confía en mí. No me ataques, solo deja que te sostenga.

  El contacto fue casi imperceptible para el resto de la clase, pero para ellos dos fue como si el universo entero recuperara el eje. Estela dio un paso al frente y puso su mano derecha sobre el hombro de Adrián, justo por debajo de la costura de su chaqueta táctica.

  En ese instante, el mundo de Adrián cambió.

  El ruido ensordecedor, ese zumbido metálico que parecía el choque de mil cristales rotos en su cerebro, se detuvo en seco. Fue sustituido por una oleada de frío absoluto y purificador, una sombra blanca que barrió la negrura de su mente. Adrián soltó un suspiro profundo, un jadeo de alivio que le hizo flaquear las piernas, pero la mano de Estela lo sostuvo con una fuerza que no parecía humana.

  —?Qué... qué estás haciendo? —logró articular Adrián, abriendo los ojos. Por primera vez en días, su visión era nítida.

  —Shh —susurró Estela, apretando los dedos sobre su hombro.

  A través del contacto, ella sintió una sacudida violenta, como si una corriente eléctrica sucia intentara invadir su brazo. Era el eco de toda la oscuridad que Adrián no podía procesar. Sin embargo, el Tratado de las sombras blancas , oculto en su mochila a pocos metros, pareció reaccionar; Estela sintió un frío glacial recorriéndole la columna que actuó como un filtro, absorbiendo la presión. Sus dedos hormigueaban hasta casi doler, pero no soltó.

  —Solo respira —le ordenó en un susurro —. Estoy sacando el ruido de tu cabeza. Déjalo salir.

  Adrián sintió un alivio súbito, como si alguien hubiera apagado una sirena que gritaba dentro de sus sienes. Por primera vez en la clase, sus pulmones se llenaron de aire de verdad y el mundo dejó de dar vueltas.

  Desde la otra esquina del tatami, Selene se había quedado inmóvil, observándolos con una intensidad feroz. Como Eco del Rastro, sus sentidos estaban afinados para detectar cambios en el ambiente, y lo que estaba viendo no tenía sentido. Estela Ward, la chica a la que acababa de ridiculizar, estaba emitiendo una frecuencia de calma tan potente que estaba silenciando el colapso de un Descodificador.

  Selene entrecerró los ojos. Sabía que ahí no había técnica de combate. Había algo más antiguo. Algo que ponía en peligro su posición como la pieza más importante del tablero.

  —?Vane! ?Ward! ?Dejen de bailar y empiecen el intercambio! —gritó Volkov, golpeando el suelo con su vara de policarbonato —.Dragonhall no gasta recursos en vosotros para que os quedéis ahí parados mirándoos a los ojos . ?Ataque y respuesta , ahora !

  Adrián miró a Estela. Ya no tenía miedo. El silencio que ella le proporcionaba era como un arma nueva.

  —Atrápame si puedes, Estela —dijo Adrián, con una media sonrisa, recuperando por fin su compostura mientras se ponía en guardia.

  Estela lanzó un ataque de prueba —un golpe directo que buscaba su hombro—, Adrián no reaccionó con pánico. Vio el movimiento con una claridad asombrosa, como si el tiempo se hubiera ralentizado.

  Sin apenas esfuerzo, Adrián dio un paso lateral, interceptó el brazo de Estela con un roce mínimo en la mu?eca y, utilizando la propia inercia de ella, la giró sobre su eje de forma tan fluida que Estela terminó de espaldas contra su pecho, inmovilizada por un bloqueo perfecto que no le causaba dolor, pero del que no podía escapar.

  Fue un movimiento de descodificación física.

  —?Pero bueno! —exclamó Marcus desde el suelo, donde Iris acababa de volver a tumbarlo—. ?Desde cuándo Vane es un ninja? ?Si hace cinco minutos parecía que se iba a desmayar!

  Incluso Volkov se detuvo, con la vara a medio camino de un gesto correctivo. Sus ojos grises se clavaron en la posición de Adrián.

  —Esa... esa ha sido una interceptación de grado tres, Vane —dijo Volkov, bajando el tono de voz, visiblemente impresionado—. Has leído su centro de gravedad antes de que ella terminara de desplazar el peso.

  Desde la esquina, Selene observaba la escena con los pu?os apretados. Sabía que Adrián tenía potencial, pero lo que acababa de ver era diferente. Adrián no había usado fuerza, había usado sintonía. Y lo más inquietante para ella era que Estela Ward, la chica a la que consideraba un estorbo, parecía ser la responsable de ese milagro.

  ?Alguien más ha sentido la tensión en el tatami?

  Varias preguntas para vosotros en los comentarios:

  


      


  1.   Selene ahora que sabe que Estela no es una civil corriente? Su mirada al final lo dice todo...

      


  2.   


  3.   Lucian? Es un personaje que traerá muchas sorpresas.

      


  4.   


  5.   


  6.   


  Follow y dejar una Rating/Review. ?Ayuda muchísimo a que Dragonhall siga creciendo en las listas de Rising Stars!

Recommended Popular Novels