home

search

Capítulo 3 - El Aula de Piedra

  La campana sonó a las siete en punto. No era un timbre ni una melodía, sino un golpe metálico, seco, como un martillo contra un ataúd. Adrian se dirigió al aula de primer a?o siguiendo el flujo constante de sombras negras. El pasillo era angosto, iluminado apenas por lámparas de aceite que colgaban de cadenas oxidadas. Nadie hablaba; el silencio era tan absoluto que solo se escuchaba el roce rítmico de las botas sobre la piedra fría.

  El aula era un anfiteatro de pesadilla. Gradas circulares de madera oscura rodeaban una tarima central donde esperaba la se?ora Dahlia Marven. Vestía de luto riguroso, con un broche plateado en forma de daga en el pecho que parecía brillar con luz propia.

  Sobre la mesa, además de un libro grueso de cuero rojo, descansaban los dispositivos de codificación: cuadernos que, al tacto, vibraban con una energía eléctrica residual.

  Dahlia dejó el libro sobre la mesa y su voz cortó el aire como un bisturí.

  —Bienvenidos a Teoría del Asesinato. Este curso sentará las bases de vuestra vida. Quien falle aquí, no continuará.

  Su mirada recorrió las gradas, fría y evaluadora. Cuando se detuvo en Adrian, él sintió un escalofrío que le recorrió la espina dorsal.

  Dahlia apoyó la mano sobre un cuaderno de cuero rojo y, al instante, las paredes del anfiteatro se iluminaron con proyecciones holográficas de anatomía humana, resaltando los puntos vitales en un carmesí brillante. El pasado y el futuro se daban la mano en aquella sala de tortura intelectual

  —Empecemos por lo esencial —continuó ella—. ?Qué diferencia a un asesinato glorioso de un acto vulgar de violencia?

  Silencio absoluto. Nadie se atrevió a respirar hasta que Selene Drax levantó la mano con una calma insultante.

  —El propósito. Un asesinato sin propósito es solo ruido.

  Dahlia asintió levemente.

  —Una respuesta de manual, se?orita Drax —dijo Dahlia con voz gélida—. Pero en Dragonhall no buscamos definiciones de diccionario. Desarróllelo. Explíquenos por qué el "ruido" de un error puede ser más letal para el ejecutor que para la propia víctima.

  A case of literary theft: this tale is not rightfully on Amazon; if you see it, report the violation.

  Selene no parpadeó. Se reincorporó de su asiento y su mirada se volvió aún más afilada.

  —Porque el ruido atrae ecos —respondió Selene—. Un acto vulgar deja rastro, deja emoción, deja una historia. El asesinato glorioso es un vacío absoluto. No hay rastro porque no hay errores. Si fallas en el propósito, el eco te perseguirá hasta que la Academia decida que tú eres el siguiente ruido que debe ser silenciado.

  —Correcto. Aquí no formamos cazadores comunes. Aquí formamos artistas de la muerte.

  Dahlia alzó el libro rojo: —Este es el Codex Sanguinis —sentenció Dahlia, colocando sus manos enguantadas sobre el lomo de cuero rojo.

  Al abrirlo, Adrian observaba desde su asiento y no encontró el papel amarillento que esperaba. Notó, con un vuelco en el estómago, que las páginas no contenían simples dibujos. Eran representaciones forenses hiperrealistas . Los diagramas mostraban cuerpos reales con una precisión quirúrgica, pero lo más inquietante era la textura: el cristal líquido de las páginas vibraba, permitiendo que las imágenes rotaran en tres dimensiones al pasar los dedos sobre ellas.

  Podía ver la profundidad exacta de cada incisión, el ángulo de entrada del acero y la dispersión de la sangre, que parecía brillar en ese carmesí intenso que inundaba el aula. No eran solo archivos; eran los 100 mejores casos de asesinatos forjados por las mentes más brillantes y retorcidas que habían pasado por esos muros.

  —Cada página es una lección de perfección —susurró Dahlia—. Y cada rastro de sangre en este libro es el mapa de un error que alguien, en algún lugar, convirtió en arte.

  —Este es el nivel de detalle que vuestros cuadernos deben procesar —dijo Dahlia, se?alando las páginas—. Tomemos como ejemplo: El Silencio de la ópera, 1874. Una familia de ministros eliminada durante una función. El asesino utilizó la frecuencia de la orquesta para sincronizar cada golpe. El metal cortando la carne al ritmo de los violines. El aplauso final ocultó el último suspiro.

  Adrian abrió su cuaderno y, al hacerlo, la codificación interna se activó. Las líneas de la página empezaron a brillar sutilmente, esperando que su conciencia empezara a volcar el dise?o.

  —Tarea para la próxima clase —sentenció Dahlia—. Redacten el dise?o preliminar de su primer asesinato teórico. Tenéis que pensar y actuar como si estuvierais en la mente de un psicópata. Escogerán una víctima, elaborarán el método y calcularán los fallos.

  Un murmullo recorrió la sala. ?Dise?ar un asesinato? ?Analizar la anatomía de una muerte antes de que ocurra? Dahlia sonrió por primera vez, pero fue una mueca mecánica, carente de calor humano.

  —Y recordad: no existe error más grave que dejar testigos.

  La campana volvió a sonar. Adrian salió del aula con las manos temblorosas apretando su cuaderno. En su cabeza, una frase se repetía como un eco: En Dragonhall no aprendes a vivir; aprendes a matar.

Recommended Popular Novels