Cuando abrí los ojos y me vi en una cama parda, iluminada por luces amarillas, junto a una puerta oscura frente a mí, creí que la muerte ya me había llevado, hasta que una cabellera blanca y unos ojos grises activaron mis alertas.
—Si no es mucha molestia, ?Dónde estamos?
—En la enfermería del refugio. Soy Rosario, un gusto, joven Miguel.
—?Cómo?… supongo que Luz se lo dijo.
—Hace un rato se fue por agua y comida.
—?Cuánto tiempo llevo inconsciente?
—Un día. Perdiste mucha sangre e hicieron un desastre al traerte.
—Mil disculpas por los inconvenientes. Quiero suponer que fue usted quien me dio tratamiento.
—Sí, mi habilidad me permite restaurar cosas a un estado completo. Sea lo que sea que eso signifique.
—Se lo agradezco de todo corazón.
—Basta de formalidades.
—Es la costumbre. Si le molesta puedo cambiarlo.
—?De qué ascendencia eres?
—Soy mitad monta?a, un cuarto río y un cuarto estrella.
—Eso es muy inusual. Aunque bueno, en estos tiempos comenzó a perder importancia, por eso no tienes que ser tan formal conmigo. Descansa por ahora. Más tarde de seguro vas a estar muy ocupado.
—Claro, pero a qué se refiere con eso…
Luz entró gritando mi nombre como si fuera el de la Madre Sol, me dio de comer y me volvió a cantar. Medio dejando ver sus lágrimas, que intentaba cubrir con risas, para quedarse a mi lado al dormir y al despertar. Durante el desayuno, que más parecía arena que comida, me puso en contexto de lo sucedido.
Estábamos en el refugio con otras treinta personas. Los que se pelearon y me hirieron, uno de ellos quería disculparse para poder hablar, mientras que el otro está encerrado. Después de parar la pelea, ella y otros dos me trajeron aquí para que la Hija de la luna me curara, quedándome un día fuera por la pérdida masiva de sangre.
También me contó sobre el castigo que recibieron los que no completaron la misión, condenados a no usar sus habilidades por una semana, siendo todos los ni?os del refugio y, tres de octavo curso que tenían miedo de luchar. Desde entonces el recuadro no volvió a aparecer, pero con la última se?al de radio de un celular escucharon un anuncio del posible corte de agua y luz dentro de tres días, haciendo un llamado a cualquier operario para que se presente en el puesto o en el cuartel.
—Si no te molesta…
—Mph —tragué como pude— ?pasó algo más?
—?Conocías a esa chica de antes? Eres muy educado con ella.
—No. Para nada, solo que… bueno ya lo has de haber notado por mi pelo. Junta a los monta?a con los estrella, y obtienes unos adoradores empedernidos.
—Y también un Fares. Eso es casi el paquete completo, solo te falta el cabello rojo.
—Nah. Aunque lo fuera, no soy ese tipo de persona. Desde siempre me ense?aron que sobrevivir, es lo primero y lo último en lo que debo pensar.
—Pues para mí eso no es cierto —se sentó a mi lado— me defendiste antes.
—Solo fue un reflejo… creo. Además, no crees que estás un poco, demasiado cerca.
—No lo creo —dijo apoyándose más en mí— aparte, todos allá afuera parecen muy tensos. Mejor si no salimos hasta que estés mejor.
Estando casi encima de mí, comenzó a cantar. El suave arrullo me incitaba al sue?o, pero no tenía ganas de dormir, en cambio, solo disfruté la aguda melodía, que por un momento se asemejó a un cántico ritualista de muchas festividades monta?esas.
Ella me enterró en su pecho cuando mis ojos húmedos casi se rinden ante la nostalgia, el anhelo y el miedo de que esos días se han acabado. Apreté su cintura como cuando abrazaba a mi madre de peque?o, sabía que era un consuelo unilateral, pero por un rato sentí algo de tranquilidad.
—?Se puede? O es mal momento, puedo volver en el almuerzo si quieres.
—Sin problema, pasa —dije despegándome de Luz.
—Disculpa por lo de antes. él no entendía razones y pues no creo que sea excusa, pero, de todas formas, perdón. Si no fuera por la Hija de la luna, ahora mismo estaría más arrepentido de lo que ya estoy.
—No te preocupes por eso. Dejando eso a un lado ?De qué quieres hablar?
—Pues Luz me comentó todo lo que les ha pasado y quería confirmarlo contigo —balbuceó un poco— No es que no le crea, pero es algo difícil de asimilar.
—Nada de lo que te dijo es mentira, pero… ?Por qué?
—De eso justamente quería hablar. Ella me comentó varias de tus ideas, las suyas propias y algo de teorías rebuscadas. Si bien son teorías, pienso que son bastante acertadas y tienen más sentido de las que pensé yo en un inicio. Además, que los niveles y las misiones pueden no ser las únicas formas de obtener puntos. La experiencia también es debatible, pero no sé cómo probarla y quería que me ayudes con eso. Además, me gustaría que ayudes con formas para comunicarnos con el exterior o con alguna autoridad y generar una especie de acuerdo de ayuda mutua y paz. Ah, también me preguntaba si podías ayudarnos creando más de esas armas, cualquier cosa está bien, siempre que sirva para defendernos…
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—Bien, bien. —interrumpí— Tranquilo, toma aire. Y no creo poder ayudarte con las armas, el machete no sé cómo lo hice y el escudo es una recompensa de parte del recuadro.
—Ya veo… Bueno, luego seguimos, aún debes estar cansado. No te haces idea la alfombra que hiciste cuando te trajeron, algunas chicas se asustaron bastante por eso. De nuevo perdón y talvez sea un poco descarado, pero si vuelve a pasar, ayúdame con él. Cierto, olvidé presentarme, soy Jairo. Mucho gusto, Miguel —Extendió su mano.
Con solo el apretón supe que no me veía realmente de buena forma, y cómo todo caballero respondí apretando más fuerte, en un instante se rindió saliendo del cuarto con una sonrisa enorme. Pese a su habladuría no me dijo nada, solo era un intento de buen conversador. Quería algo de mí, algo que no tenía y por eso perdió el interés.
Ya estoy harto de ese tipo de personas, ya sea por linaje o prestigio, siempre me vi rodeado de malicia injustificada. Quizá por eso no me interesan esas cosas cómo liderazgo o acumular riqueza, con tener comida, salud y algo de buena música es más que suficiente para vivir.
[] Atención a los participantes. Debido a su agrupación en zonas específicas se ha decidido asignarles misiones de forma grupal []
[] Misiones. Misión dos. Sobrevive a las oleadas de enemigos que atacarán tu base. Si el número de participantes es inferior a diez, si no acaban con todos los enemigos o si su base sufre más de un noventa por ciento de da?o, automáticamente la misión será tomada como fallida []
[] El castigo por no completar esta misión será la reducción de cinco puntos en todas las estadísticas []
[] Aquellos que tienen el castigo vigente también deben participar, de lo contrario el castigo de esta misión les será aplicado de sobremanera, y si acumulan tres castigos simultáneos serán retirados de las pruebas []
[] Sus bases y líderes serán anunciados en breve []
Sentía cómo mi resistencia a ese recuadro aumentaba, ahora solo empeoraba mi humor y las cosas alrededor, más aún cuando apareció el anuncio de que ese malnacido era el líder.
En parte era un alivio, ya que así se tiene a quien echar la culpa si las cosas se ponen feas, y si la persona en cuestión puede manejar eso, entonces el ochenta por ciento de los problemas estaban resueltos. También aplicaría con los aciertos, pero cómo eso solo sirve para inflar el ego, tarde o temprano se le caerá el mundo encima.
Antes de que mi cara de amargado también le afectara, Luz me hizo un tour por el refugio y aunque todas las instalaciones son seguras, esa rajadura en el domo no sale de mi cabeza, dejando de lado los obvios problemas, cómo tratemos esa grieta será decisivo durante el asedio. Si bien esas iguanas no harán nada, pero si una de esas quimeras aparece, el pánico que genere marcará la derrota y si viene algo peor, solo queda rezar.
—?Qué crees que pase?
—?Con qué?
—Si se reducen las estadísticas… Yo no me siento más rápida.
—Yo tampoco me siento más inteligente. Pero solo es un punto, quizá no hay una diferencia real, y solo sea algo así como una forma de medición.
—Eso significa que los puntos no sirven.
—Pues no sé. En los juegos se aumenta y ya. Nunca pensé que algo así pasaría en la vida real.
—Lo revisé mientras dormías, pero tampoco creo que sea un problema de verdad. Es decir ?Cómo reduces la fuerza de una persona?
“Para el guerrero, la comodidad es el peor de los venenos”. Esa parte del código resonó en mi cabeza. Quise decírselo a Luz, pero decidí que no valía la pena volver a preocuparla después de casi morir frente a ella. No era justo, ni necesario.
Bajo el mando del nuevo líder, las cosas se organizaron mejor de lo que pensaba, hasta parecía como si ya estuviera planeado y todos siguieron órdenes sin dudar. A excepción de Santiago, que de alguna manera logró salirse del cuarto donde lo encerraron, pero con el incidente anterior, su comportamiento en la repartición de comida, las muestras claras de agresión a los demás, además de su nula capacidad para controlar su lengua. Se decidió volverlo a encerrar y que era mejor hablar con él a través de la puerta.
—Créeme que te partiré la cabeza cuando salga de aquí.
—Más razones para no sacarte. Pero eso no importa ahora, necesito que colabores en la defensa, puede que seas un maleducado violento, pero eso no quita que eres de los pocos que saben usar su habilidad. Además, que todavía tienes que disculparte con…
—Bla, bla, bla. Deja de ladrar, sé que solo me quieres mandar al muere “líder”. ?Qué pasa? Ahora te sientes importante por ese insignificante título —rio de forma espantosa— ten por seguro que, si esas cosas no te matan, lo haré yo.
—No intento matarte. La Hija de la luna va a curarte, viste las heridas que le causamos a Miguel y aun así él está aquí de pie. No puedes acusarme de usarte cómo carne de ca?ón.
—Perdón por interrumpir, pero creo que la se?orita Rosario y yo no somos necesarios.
—Tranquilo —volvió a Santiago—. Ahora quiero que escuches algo muy impor…
—Cierra la puta boca infeliz. Nada de lo que digas o hagas me hará cambiar de parecer.
—Jairo, paremos esto. Ya empieza a ser incómodo, además que no veo, en qué tiene que ver Miguel en todo esto.
—Incluso si ese algo es que Miguel es más fuerte que tú —golpeó la puerta—. El logro matar a una de las bestias, eso te deja cómo un inepto que no puede hacer nada más que intentar.
—?Maldito! ?Siempre has sido así! Pues déjame decirte que no eres superior a los demás. Solo eres un urgido de atención, narcisista, in…
Jairo golpeó la puerta con sus balas de agua y aunque innecesario, fue efectivo, tanto que por reflejo protegí a la se?orita Rosario, Santiago también se calló. Dando paso a una cena muy incómoda, donde nadie se detenía para ver si ya se le había quitado el enojo.
Pero si nadie lo hacía las cosas se irían al lajhulu sin siquiera iniciar el ataque, con la mirada busqué a la persona más maleable de la sala, descartando a Luz y a la se?orita Rosario, solo quedaba el chico de cabello casta?o sentado a mi lado.
Después de un intercambio de gestos, accedió a ir luego de devorar mi porción de pollo. Entre paso y paso, comenzaba a sentir más culpa por no hacer nada yo mismo, pero sí bajo la cabeza cómo perrito rega?ado, le estaría diciendo que acepto ser inferior a él.
Todo un clásico por parte de un “ni?o de miel”, siempre acomodado, viviendo en las costillas de los más pudientes, ejerciendo una autoridad que no tiene, creyendo ser especial solo por su piel canela y sus ojos dorados almendrados.
Algo que se notó a leguas a la hora de asignar los cuartos, donde era clara la división por ascendencia, lo peor de todo es que el muy infeliz parecía divertirse con eso y por un instante simpaticé con Santiago. Un salvaje y un presumido peleando por ver quien cede a los insultos del otro, vaya inútiles.
De seguro la historia de esos dos es más larga de lo que pienso, pero si no se conocen hace mucho, entonces coincidieron en los peores momentos del otro. Sacando los trapos al sol cuando les conviene y tapando con la alfombra todo lo que les diera problemas.
En mi cuarto junto con otros tres chicos, todos de monta?a y por costumbre callados, intentamos conversar, pero era inútil, desde ni?os nos ense?aron a no hablar más de lo necesario.
Ahora sí maldigo las costumbres de mi gens, pero no puedo odiarlas, todo lo que sé, me lo ense?aron esas fábulas y canciones tradicionales cortesía de mi abuela, esos refranes y reflexiones por parte de mi tío abuelo. El arte de las manos y la guerra que los mayores de la gens me tallaron en la cabeza a fuerzas, los juegos con los primos, el baile de las tías, la comida de mi hermana, los cálidos abrazos de mi madre.
Con la llamada para apagar las luces, di por terminado el día, en un lugar seguro que, aunque por fuera es un refugio, aquí se siente como una prisión. Por un momento se me cortó la respiración y entendí por qué papá siempre evitaba hablar de esa época, este lugar no era mejor que un hueco, pero las cosas eran diferentes, yo no tengo opción ni control de la situación.
Aunque si me hubiera gustado hablar un poco con Luz antes de dormir, pero ella parecía molesta por alguna razón.

