La diosa mora le entrega la espada corta a Yui
—Yui… antes de que te vayas a la herrería, hay una última cosa que necesito preguntarte.
La elfa, quien se estaba colocando su capa, se giró hacia ella.
— ?Qué ocurre?
—En la carta que le envié a Calipso le pedí algo más—confesó Mora—. Le solicité que te permita presenciar la reunión… y que tengas la oportunidad de conocer Urano.
Yui se quedó en silencio, sorprendida.
— ?Urano…? —repitió en voz baja.
—No sé si tu intención era marcharte pronto o quedarte en Akron —continuó Mora—, pero quiero que sepas que me gustaría que me acompa?aras. Cada dios puede llevar dos escoltas a la reunión. Solo uno de ellos puede ingresar al recinto, pero aun así… tu presencia podría ser importante.
Yui bajó la mirada por un momento. Pensó en Risa, en el grupo dormido en el salón, en las cartas de Elara y Lyra. Pensó en Eldoria, en el árbol sagrado, en las marcas oscuras que aún la perseguían en sue?os.
Luego alzó la vista, firme.
—Planeo quedarme en Akron por mucho tiempo más —dijo—. Quiero aprender. Quiero volverme más fuerte. Aquí… encontré algo que creí haber perdido.
Mora sonrió con suavidad.
—Me alegra oírlo.
—Y si ir a Urano contigo puede ayudar a obtener pistas sobre lo que ocurrió en Eldoria… entonces iré encantada —a?adió Yui—. No importa cuán lejos tenga que ir.
La diosa la observó con una mezcla de orgullo y preocupación.
—Eso confirma lo que ya sabía —murmuró—. No eres solo una aventurera más, Yui Cronos. Tu camino va a cruzarse con cosas que incluso los dioses preferirían no mirar de frente.
Yui apretó ligeramente el pu?o.
—Entonces mejor empezar a mirarlas ahora.
Mora soltó una peque?a risa.
—Ya no interrumpiré más en tu inicio del día
La puerta se cerró suavemente, dejando en el aire una sensación de que, sin que Yui lo supiera del todo, su mundo estaba a punto de expandirse mucho más allá de Akron.
Nerfex aguardaba apoyado junto al arco de entrada del recinto cuando Yui apareció. Tenía los brazos cruzados y una expresión relajada, como si hubiese estado allí desde hacía rato.
—Te estaba esperando —dijo, incorporándose—. Te acompa?o a la herrería.
—No hace falta —respondió Yui casi de inmediato—. No quiero molestarte.
—Claro que no molestas —replicó él con una sonrisa—, quiero hacerlo de todas formas. Si vas a quedarte más tiempo con nosotros, mejor ir conociéndonos fuera de las batallas.
Yui lo observó unos segundos y finalmente asintió.
—Está bien… si no tienes ningún problema.
Empezaron a caminar por las calles todavía tranquilas de Akron. El aire de la ma?ana tenía ese olor limpio que solo aparece después de una noche larga.
—Por cierto —dijo Yui, sin mirarlo—, está mal escuchar conversaciones privadas.
Nerfex soltó una risa suave.
—Lo siento. Mi habilidad se activa casi de forma automática. Es como… respirar. A veces escucho cosas aunque no quiera.
—Aun así es increíble —admitió ella—. Llegar a dominar algo así debe haber sido muy difícil.
—Gracias, me esforcé mucho—respondió él—. Estar con la diosa Mora da ganas de esforzarse de esta manera. Para aportar al grupo tuve que entrenar más de lo que pensaba posible. Aunque ahora que las demás no están… supongo que me toca verme un poco más importante.
Yui lo miró de reojo.
—En el laberinto fuiste muy importante. No creo que seas alguien que pase desapercibido para el grupo.
Nerfex se quedó en silencio un segundo. Un leve rubor le subió al rostro.
—Gracias… en serio. No siempre se escucha algo así. Y, bueno… espero oírlo también del trío estallido cuando regresen.
— ?Tan buenas son? —preguntó Yui con curiosidad.
La expresión de Nerfex cambió de inmediato, como si hubiera abierto una compuerta de entusiasmo.
—No tienes idea. Son increíbles. Fuertes, decididas, y saben usar el poder de la diosa como si fuera parte de ellas. Cada una a su manera… pero juntas son otra cosa.
—Hablas de ellas como si fueran leyendas —sonrió Yui.
—Cuando las conozcas lo entenderás —respondió él, recuperando un poco de misterio—. Por ahora, tendrás que confiar en mí.
Apenas se alejaron un par de calles del recinto, los aromas empezaron a cambiar. Pan recién horneado, carne asada, especias dulces y algo salado que Yui no supo identificar se mezclaban en el aire.
—Espera —dijo Nerfex de pronto, girando hacia una fila de peque?os puestos de madera—. No puedes pasar por aquí sin probar algo.
—No vine a comer —protestó Yui inflando los cachetes—. Tengo que ir a la herrería.
—Cinco minutos —insistió él—. Confía en mí. Akron también se conoce por su comida.
Antes de que pudiera responder, Nerfex ya estaba hablando con un vendedor. Un instante después le puso en las manos un peque?o pincho humeante.
—Solo un bocado.
Yui no dudó y finalmente mordió. Sus ojos se abrieron un poco más de lo normal.
—…Está bueno —admitió, sorprendida.
Nerfex sonrió con orgullo y la llevó al siguiente puesto. Luego a otro. Y a otro más. Yui terminó con una peque?a colección de brochetas y cuencos, probando cosas que jamás había visto en Eldoria.
Cuando llegó el turno de unas peque?as esferas doradas, Nerfex le tendió una con especial entusiasmo.
—Bolas de pulpo. Esto sí o sí.
—Se ve… raro —murmuró ella.
—Pruébalo.
Yui lo hizo, y por un segundo se quedó completamente quieta. Luego, sin darse cuenta, acomodándose el pelo dio otro mordisco más grande.
—Esto… —dijo— esto es increíble Nerfex.
Nerfex no podía dejar de ver a Yui disfrutando comer por primera vez comida desconocida hacia ella.
—Lo sabía. Akron no será la ciudad más grande, pero en comida nadie le gana.
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Yui, con las mejillas ligeramente infladas, asentía mientras seguía comiendo, haciendo peque?as muecas de satisfacción que no podía ocultar.
—Hay muchas cosas así en la ciudad —continuó Nerfex mientras caminaban de nuevo—. Lugares tranquilos, gente rara pero buena… y ahora que el problema de la esclavitud se erradicó, todo va a cambiar. La vía comercial vuelve a estar libre. Llegará gente nueva, ideas nuevas.
—Suena… bonito —dijo Yui, mirando los puestos —. Como si le hubieran quitado los grilletes a la ciudad
—Exacto —respondió él—. Por eso creo que Akron tiene futuro. Y tú llegaste justo en el momento indicado.
Yui no respondió, pero siguió caminando con una peque?a sonrisa, aún saboreando las bolas de pulpo…
Mientras avanzaban por una calle más ancha, Nerfex comenzó a se?alar distintos edificios y pasajes, casi como si estuviera guiando a alguien que pensaba quedarse por mucho tiempo.
—Mira, para que no te pierdas después —dijo—. En Akron, y en casi todas las ciudades grandes, las tiendas funcionan más o menos igual.
Apuntó hacia un edificio con grandes ventanales y telas colgando.
—Eso es una sastrería. Ahí consigues toda la equipación: túnicas, armaduras ligeras, capas, botas. Si algo no te queda o no se adapta a tu estilo, te lo ajustan. Es mejor que comprar cosas al azar.
Luego giró un poco más el cuerpo y se?aló una calle lateral.
—Las armas van por otro lado. Espadas, lanzas, arcos… y herrerías como la de Ender están en ese sector.
Caminaron un poco más, y Nerfex levantó el dedo hacia un edificio de fachada oscura y símbolos grabados.
—Libros de hechizos por allá. Normalmente solo venden los básicos. Los más avanzados son raros y carísimos, y aunque los tengas, si tu nivel de poder no da, el hechizo simplemente no responde. Adaptarlo a tu aura es lo más difícil.
Yui escuchaba con atención, memorizando cada detalle.
—Los ba?os termales cerca del gremio, después de una misión dura, no hay nada mejor. Créeme.
Se rió un poco y siguió caminando.
—Bares hay, pero no tantos. Y la mayoría son tranquilos, más para hablar que para emborracharse pero también venden comida deliciosa. Akron no es una ciudad de excesos.
Y cuando pasaron de nuevo junto a varios puestos de comida, Nerfex abrió los brazos como si presentara un tesoro.
—Esto, en cambio, está por todas partes. Hasta muy tarde. Aquí la gente come, charla y vive en la calle. Todo es sencillo, relajado… y además, nada es caro.
Yui miró alrededor: gente caminando sin prisa, risas suaves, aromas cálidos flotando en el aire.
—Me gusta —dijo al final—. Es… diferente a lo que imaginaba de una ciudad grande.
—Por eso muchos no se quieren ir nunca y ahora que ya no se siente la malicia mucho menos —respondió Nerfex con una sonrisa tranquila—. Akron no te aplasta. Te deja respirar.
Y aquí estamos la herrería de Ender
Yui se detuvo un momento frente a la fachada discreta de la herrería y miró a Nerfex.
—Gracias por el recorrido… de verdad —dijo con una sonrisa sincera.
él se rascó la nuca, visiblemente sonrojado.
—Eh… me gustaría… salir más seguido contigo, mostrarte la ciudad con más calma, cuando quieras.
Yui lo miró, sorprendida apenas un instante, y luego asintió.
—A mí también me gustaría.
La reacción fue inmediata: Nerfex se iluminó como si acabara de ganar una batalla importante.
— ?E-en serio! Digo… genial —murmuró, tratando de recomponerse.
Frente a ellos, la herrería parecía casi escondida, metida en una esquina poco transitada de Akron. Desde afuera, más que un taller, parecía una casa vieja.
—Sabía quién era Ender… —comentó Nerfex— pero no tenía idea de que fuera herrero, y mucho menos que este lugar fuera su taller.
Golpearon la puerta una vez. Luego otra. Y otra más. Nadie respondió.
— ?Estará cerrado? —preguntó Yui, inclinándose para escuchar.
En ese momento, una peque?a explosión resonó desde el interior. Un ?pum! sordo, seguido de un temblor y un hilo de humo que comenzó a escaparse por debajo de la puerta.
—Eso no suena bien —dijo Nerfex.
Sin pensarlo dos veces, forzaron la entrada.
El interior estaba envuelto en una neblina gris, caliente y picante. Tosiendo, avanzaron con cuidado hasta encontrar una escalera que descendía hacia un piso subterráneo. El calor aumentaba con cada paso.
Abajo, el espectáculo era impresionante: una auténtica herrería. Armas de todo tipo colgaban de las paredes, cristales y piedras preciosas brillaban sobre mesas de trabajo, herramientas de metal cubrían cada superficie y un enorme horno ardía con intensidad brutal.
En medio del caos estaba Ender, un enano de aspecto joven para su raza, con el rostro tiznado de hollín.
— ?Ah! —Exclamó al verlos— ?Gracias por abrir la puerta! Estaba empezando a ahogarme con tanto humo.
Luego frunció el ce?o.
—Pero… ?por qué no reservan un turno como todos los demás en vez de meterse a la fuerza?
Nerfex y Yui intercambiaron una mirada. La idea de que alguien trabajara por encargos tan formales reforzaba que Ender debía ser un herrero muy solicitado… y por lo tanto, muy bueno. Aun así, la explosión les había dejado una duda flotando en el aire.
Ender la notó al instante y con calma dijo:
—Estaba probando algo nuevo antes de seguir con mi trabajo real, nada grave.
Sin mostrar molestia, se limpió las manos en un pa?o.
—Ahora bien… ?qué los trae por aquí?
El humo aún flotaba pesado cuando Yui dio un paso al frente y, con cuidado, apoyó la vaina de la espada sobre una de las mesas de trabajo.
—Soy Yui Cronos —dijo, obligándose a que su voz no temblara—. él es Nerfex, del grupo de la diosa Mora. Mi maestro, Aerion, me dio esta espada. No la he usado… ni siquiera la he desenvainado. Ayer me llegó una nota suya diciéndome que la trajera aquí. Me dijo que usted sabría por qué.
Ender levantó la vista como si acabara de oír algo imposible.
— ?Aerion… tomó un discípulo? —murmuró, incrédulo.
Dejó lo que estaba haciendo y se acercó. Sus ojos, duros y entrenados, recorrieron a Yui de arriba abajo como si estuviera evaluando no solo su cuerpo, sino algo más profundo, invisible.
—Por los metales de una cueva… —soltó una risa breve—. Estuve a punto de tomarme el día libre para celebrar. Pero claro… tenía que ser alguien como tú.
Yui quedó con una cara de no entender. Aquellas palabras no sonaban como un halago, sino como una constatación inquietante.
— ?Alguien como yo…?
No terminó la frase. Ender ya había tomado la espada. La desenvainó apenas unos centímetros, lo suficiente para que la hoja reflejara la luz del horno.
El cambio en su expresión fue inmediato.
Toda la ligereza desapareció.
Sus dedos recorrieron el metal como si estuvieran tocando algo vivo.
—Ya veo… —dijo—. Ahora lo entiendo. Por eso Aerion te mandó aquí, se nota que son tus comienzos.
La volvió a envainar con sumo cuidado.
—Esta espada no está completa. O mejor dicho… está incompleta para su verdadero propósito. Faltan elementos. Materiales que no existen en mi herrería.
— ?No puede terminarla? —preguntó Yui
—No así. No como debería ser. Podría hacer una versión intermedia, una sombra de lo que puede llegar a ser… pero los materiales adecuados están en pisos más profundos del laberinto. Más allá de alguien que recién empieza.
La miró a los ojos.
— ?Me equivoco?
Yui le da la razón al herrero.
Nerfex dio un paso al frente.
—Según el piso, nosotros podemos ayudarla a conseguir lo que necesite.
—No —afirmó con fuerza Ender—. No hace falta.
Golpeó la mesa con los nudillos.
—Esta espada no es para un principiante, pero tampoco para alguien que haya superado lo exagerado. Es para alguien con talento. Con… proyección. Y fue bueno que no la hayas usado —miró a Yui con severidad—. Si lo hubieras hecho, la habrías estropeado. Maldito Aerion… ?cómo no te lo dijo?
—Tal vez sabía que Yui no la usaría —intervino Nerfex—. él la conoce.
Yui bajó la mirada.
—Yo estaba enfocada en mi magia. En mi sensor… —murmuró—. Tal vez él lo sabía.
Ender bufó.
—Ese elfo siempre mira más lejos de lo que parece.
Se enderezó y comenzó a contar con los dedos.
—Escucha bien, Yui Cronos. Si quieres que esta espada sea lo que debe ser, necesitarás tres cosas.
El tono de su voz ya no era el de un herrero, sino el de un apasionado por su trabajo
—Primero: una poción llamada Elemezcla. Es común, vulgar incluso. Puedes comprarla en cualquier tienda de alquimia. También podrías fabricarla, pero necesitarías ingredientes que no valen la pena. Ve a la tienda. Diles que vas de mi parte. Te harán una rebaja.
—Es raro que no tenga una poción así —murmuró Nerfex.
Ender ni siquiera lo miró.
—Segundo: debes vencer al jefe del piso 10. Sin eso no podrás acceder al piso 13, donde se encuentra el material que necesito. Se llama Cristalmenta. En el gremio encontrarás referencias. Es un cristal que responde a la afinidad elemental.
—Es extremadamente raro —dijo Nerfex.
—No importa —respondió Yui, con una firmeza que sorprendió incluso a sí misma—. Lo conseguiré.
Ender la observó durante un largo segundo.
—Eso espero.
Levantó un tercer dedo.
—Y lo último: piso 11. Después de cada jefe hay una sala de descanso. En esa sala hay un roble. No es un árbol cualquiera. Necesito una de sus ramas. No una peque?a. Una que tenga fuerza. Son de muchos colores. Elige una que resuene contigo y tráemela.
—Ya hemos llegado a pisos superiores —dijo Nerfex—. No será un problema.
Ender soltó una risa áspera.
— ?De verdad? ?O necesitas que te lleven de la mano por los pisos más fáciles de la torre? Entonces esta espada será para que juegues a la aventurera.
Nerfex apretó los pu?os.
— ?Ella es nueva en este mundo!
Yui lo detuvo.
—Está bien. Desde el principio planeaba hacerlo sola. Así es como debo enfrentar lo que viene.
Ender la miró. Y esta vez no vio a una elfa frágil ni a un aprendiz. Vio una llama.
Elfo astuto… pensó. Había una segunda intención cuando la adoptaste como tu aprendiz.
—Marcha —dijo—. Tengo trabajo.
Yui hizo una reverencia.
—Gracias, herrero Ender.
Cuando estaba por irse, una espada voló hacia ella.
—Toma. Es una versión similar a la que te haré, funciona de la misma manera. Aprende a usarla antes de entrar al laberinto.
Yui la atrapó, no notó nada distinto. Pero ya tenía una misión

