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Capitulo 1: El fín

  Yui, una joven elfa de la pacífica aldea de Eldoria, abre sus ojos mientras el hermoso rayo de sol ma?anero ilumina su rostro. Con un ligero estiramiento se incorpora, dejando que la brisa templada que se colaba por la ventana acaricie sus orejas puntiagudas. Baja a desayunar junto a sus padres, como cada ma?ana, y el aroma a pan dulce y flores silvestres llena la peque?a cocina tallada en madera viva.

  —Come bien, Yui —le recuerda su madre con una sonrisa suave—. Hoy necesitarás todas tus fuerzas.

  —Es tu primer día como protector del árbol Sagrado —a?ade su padre con un tono orgulloso, dejando una jarra de néctar sobre la mesa—. No te permitas flaquear.

  Yui asiente mientras da otro bocado. Sabía que proteger aquel árbol no era simplemente un deber: era un honor ancestral , una tarea reservada solo para los jóvenes que demostraban disciplina, sensibilidad al maná natural y, sobre todo, un corazón sincero.

  El árbol Sagrado —el antiguo guardián de Eldoria, cuyas raíces nutrían la tierra y mantenían abundantes las minas cavernosas— era el símbolo de vida más importante para los elfos. Cuidarlo significaba cuidar a toda la aldea .

  La tarea de Yui era simple en apariencia: vigilar los alrededores, escuchar los susurros del bosque, y asegurarse de que ninguna criatura o viajero imprudente perturba el equilibrio.

  Pero, en el fondo, Yui sabía que aquello significaba mucho más.

  No era solo un rito de madurez. Era la primera vez que tendría una responsabilidad real… La primera vez que sentiría el peso de la historia sobre sus hombros.

  Sus días transcurrían con el dulce aroma de las cosechas maduras y una sinfonía de tranquilidad. Eldoria era un remanso de paz, testimonio del armonioso equilibrio entre la vida élfica y los dones de la naturaleza. Todo lo que esto representaba seria borrado del mapa, Yui apenas había dado unos pasos alrededor del árbol Sagrado cuando un escalofrío recorrió el bosque. El canto de los pájaros se detuvo. Las hojas dejaron de murmurar. El aire se volvió pesado… demasiado pesado.

  — ?Eh…? ?Qué es este sentimiento? —susurró Yui, llevando una mano a su pecho. El bosque nunca había guardado silencio de esa forma.

  Un crujido seco rompió el ambiente. Luego otro. Y otro.

  No eran ramas cayendo…Eran pasos . Pasos pesados. Pasos que no pertenecen a ningún elfo.

  Pero esta paz se vio arrebatada por la llegada de un grupo de humanos , hombres de mirada fría y movimientos precisos, armados hasta los dientes. Sin embargo, entre ellos destacaban tres figuras aún más imponentes, cuyos cuerpos irradiaban una aura potente que dejaba ver lo superior que eran ante todo ser a su alrededor.

  Yui retrocedió un paso, sintiendo miedo por primera vez en su larga vida.

  — ?Humanos…? Aquí no deberían… —murmuró, confundida.

  Uno de los hombres más corpulentos la vigila con una sonrisa torcida.

  —Miren lo que encontramos. Una peque?a elfa jugando a ser guardiana.

  —Qué conveniente —a?adió otro, alzando un arma que brilló con una luz rojiza—. Cuanto antes acabemos con la plaga no humana, mejor.

  Yui sintió cómo sus piernas temblaban.

  — ?P-plaga…? ?Qué están diciendo? Eldoria no les ha hecho nada…

  El líder del grupo dio un paso al frente. En su cuello, brillaba un símbolo peculiar que se dejaba ver por su aura, mostrando una profunda devoción. Devoción… pero no bondad.

  —No necesitamos permiso para purificar este mundo —sentenció—Nuestro dios así lo ordenó.

  — ?Un dios…? —Yui frunció el ce?o, sin comprender.

  —Derribénlo todo. Quemen el bosque. Mato a cualquiera que respire. Los recursos de este lugar serán ofrendas para él.

  El ataque fue inmediato. Un rugido metálico quebró el aire. Explosiones de luz y acero cayeron sobre Eldoria como una tormenta infernal.

  - ?No! ?Deténganse! ?Esta es nuestra tierra! ?No les hemos hecho da?o! —gritó Yui desesperada.

  Los humanos avanzaban con indiferencia, arrasando casas, arrancando raíces, incendiando lo que encontraban.

  -?Capellán! ?Madre! —corrió Yui, pero su voz se perdió entre los gritos de terror.

  —?Yui! ?Corre, hija! —gritó su padre, empujándola hacia la esperanza—. ?No mires atrás!

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  - ?No! ?No voy a dejarlos! ?Deténganse, por favor! ?Somos un pueblo pacífico!

  Pero el líder humano solo río.

  —Justamente por eso caerán sin dejar huella.

  Yui sintió cómo su mundo se rompía en pedazos mientras el acero chocaba contra las defensas élficas, mientras el árbol Sagrado temblaba, mientras el fuego devoraba lo que alguna vez fue su hogar.

  Esa ma?ana perfecta…se convirtió en el amanecer de su tragedia.

  El humo empezaba a cubrir todo Eldoria. El cielo, antes claro, ahora era un tapiz gris oscuro que oprimía el pecho. Yui apenas podía respirar mientras veía su hogar consumirse.

  —?Padre! ?Madre! ?Tenemos que irnos! ?Vengan conmigo! —gritó entre lágrimas, tomando sus manos.

  Su madre, con el rostro manchado de ceniza pero con la misma ternura de siempre, colocó una palma cálida sobre la mejilla de Yui.

  —Mi ni?a... tú debes vivir.

  —No… no digan eso… Podemos escapar juntos —sollozó Yui, negando con fuerza.

  Pero su padre, con una expresión grave que Yui nunca antes había visto, la sostuvo de los hombros.

  —Escucha bien, Yui Cronos —dijo firme, aunque la voz le temblaba—. Nosotros somos guardianes de este bosque. Nuestro deber... es protegerte a ti ahora.

  Detrás de ellos, los humanos se acercaban, rompiendo árboles, avanzando en formación.

  — ?Veo movimiento! ?Allí! —gritó uno.

  — ?Rápido! ?Atrápenlos antes de que huyan! —ordenó otro.

  El tiempo se acababa.

  El árbol Sagrado tembló, sus raíces pulsando como un corazón herido. Una luz verde se intensificó debajo del tronco.

  La madre de Yui lo notó y entendió que ese era el momento de salvar a su peque?a.

  - ?No! ?No me dejen! ?Por favor! ?No quiero perderlos! —gritó, desesperada.

  Su madre la abrazó por última vez, apretando con fuerza, como si quisiera grabar ese momento en su alma.

  —Yui… gracias… por hacernos tan felices.

  Su padre se giró hacia los humanos, alzando sus manos mientras el maná natural del bosque se agitaba a su alrededor, creando una barrera y haciendo tiempo con todas sus fuerzas.

  La tierra respondió. Raíces enormes surgieron del suelo, bloqueando el paso de los atacantes por un instante.

  El padre irritante, triste, la madre tomó aire tembloroso.

  —Que nuestro último acto sea proteger lo que más amamos.

  Ambos alzaron las manos hacia el árbol Sagrado y redirigieron una luz que envolvió a Yui, elevándola lentamente para enviarla al profundo bosque.

  - ?No! ?Por favor, no! ?Déjenme bajar! ?Escapamos juntos! —gritó ella, golpeando la barrera de luz que la envolvía.

  Su padre la miró por última vez.

  —Yui… conviértete en la elfa que este mundo necesita.

  Su madre agregó con una sonrisa rota:

  —Y recuerda… siempre te amaremos.

  Impulsada por la furia cruda e indomable de una superviviente, Yui avanzaba sin rumbo con un único pensamiento grabado en su mente: el símbolo maldito. El mismo que llevaban los desalmados que destruyeron Eldoria. El mismo que portaban los tres humanos cuya presencia desbordaba una fuerza imposible de olvidar.

  — Los encontraré… aunque me cueste la vida —murmuraba una y otra vez, como un mantra, como una promesa hecha con sangre.

  El viaje inicial de Yui fue un brutal descenso hacia realidades que jamás imaginó. Más allá del abrazo protector de Eldoria, el mundo era áspero y cruel. Recorrió bosques traicioneros, con sus pies descalzos heridos por raíces y espinas. Las sombras parecían burlarse de ella. El hambre la consumía. El viento helado le cortaba la piel como peque?as cuchillas.

  Aun así, con cada día que pasaba, algo nuevo nacía dentro de ella. Una resistencia que jamás había sentido.

  Sus sentidos élficos, antes acostumbrados a los suaves susurros del bosque, comenzaron a agudizarse hasta límites desconocidos. Los sonidos le llegaban más claros. El olor del peligro… más cercano. La tensión en el ambiente… casi palpable.

  Fue así como despertó su primera habilidad:

  ?Sensor de amenazas?

  (Aún en estado de aprendizaje)

  — ?Qué… es este presentimiento? —susurró Yui un día, mirando a su alrededor con el corazón acelerado—. Algo viene... algo... grande.

  No tardó en verlo.

  De entre la maleza, cirujanos lobos de dos cabezas, criaturas de ojos rojos y respiración capaz de empa?ar el aire. Yui retrocedió, su cuerpo tembloroso y el corazón a punto de romperse.

  —No… no ahora… —jadeó, intentando correr.

  Pero los lobos la persiguieron sin piedad. El bosque rugía con sus pasos, ramas quebrándose bajo la presión brutal de las bestias. Finalmente, la acorralaron contra un roble inmenso.

  — ?Es… el fin…? —susurró Yui, sintiendo que sus lágrimas ardían en la piel sucia por el polvo y el cansancio.

  Los lobos gru?eron al unísono. Las dos bocas abiertas. Los colmillos a un paso de desgarrarla.

  Y entonces… algo dentro de ella se quebró.

  O quizás…se liberó.

  El odio, el rencor, la sede de venganza por sus padres, por Eldoria, por su vida arrebatada.

  Todo estalló.

  -???NO!!! —gritó Yui con una voz que no parecía humana.

  Un aura esmeralda, brillante y feroz, envolvió su cuerpo, el aire vibró, el suelo tembló.

  Y cuando los lobos saltaron para atacarla, Yui desató un poder puro e indomable.

  Una ola de luz explotó desde ella como un latido gigante.

  Los lobos fueron arrancados del suelo, arrojados hacia atrás como si un titán invisible los hubiera golpeado con su pu?o. Volaron varios metros, estrellándose contra robles centenarios. Sus cuerpos grotescos quedaron retorcidos, gimiendo, hasta que finalmente huyeron hacia las sombras de donde habían venido.

  Yui cayó de rodillas.

  — ?Qué… fue eso…? —jadeó, sintiendo el mundo inclinarse—. Mi energía… se está… apagando…

  La fuerza que brotó de ella desapareció tan rápido como vino. Su visión se volvió brumosa. Cada respiración era dolorosa.

  Tropezando, con su aura élfica debilitada al borde de extinguirse, Yui encontró por casualidad un sendero apenas visible. Se apoyó en una roca para no caer, y entre la neblina, vio algo a lo lejos.

  — ?Una… aldea…? —susurró, apenas consciente.

  Intentó caminar hacia ella, pero sus piernas ya no respondían. El hambre y la semilla se retorcían en su interior como cuchillas. El frío la envolvió, llevándola al borde de la inconsciencia.

  —Solo… un poco más… —murmuró, dando un paso tambaleante—. No… puedo… morir… aquí…

  Pero sus fuerzas la abandonaron.

  El suelo la recibió con un golpe seco. Su visión se oscureció por completo. Y en los últimos destellos de su conciencia, Yui pasos escuchó…pasos apresurados…y una voz infantil diciendo:

  — ?Papá, ven rápido! ?Hay una chica tirada acá!

  Luego, todo fue silencio.

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