Yui respiró hondo.
—Hay algo más —a?adió.
Todas las miradas volvieron a ella.
—El rastro del aura… no termina en la recepcionista. Continúa hacia el interior del laberinto.
Un murmullo recorrió la sala.
— ?Estás segura? —preguntó uno de los patrulleros.
Yui asintió.
—No puedo decir en qué piso se encuentra —aclaró—. El flujo se fragmenta una vez dentro, como si el laberinto mismo lo dispersara. Pero el origen es claro. El rastro comienza en la recepcionista… y desciende.
Mora cruzó los brazos.
—Entonces el líder está dentro.
—Sí —confirmó Yui—. O al menos, opera desde allí.
—Eso significa que… —murmuró Mina—.
—Que confiamos en alguien que trabaja con él —completó Athena, con la mirada frustrada—. Alguien cercano. Alguien que jamás sospechamos.
La idea cayó como una losa. —Yo me encargaré— Dijo Yui.
—Hay otro problema. Por mi licencia, durante aproximadamente una semana no puedo ingresar al laberinto.
Algunos se tensaron.
—Por eso —continuó— debemos acelerar el proceso.
Mora la miró atenta.
—?Tienes algo en mente?
Yui levantó la mirada, decidida.
—Sí. Y estoy segura de que funcionará.
La diosa hizo un gesto con la mano.
—Explícalo. Si es razonable, iremos con todo.
Yui apoyó los dedos sobre el mapa de la ciudad.
—Cuando llegué a Akron, mi percepción no se detuvo en un solo punto. Detecté movimiento en callejones, esquinas, zonas secundarias. Personas ocultándose. No de forma caótica… sino organizada.
Risa la miró con sorpresa.
— ?Desde el primer día?
—Desde el primer paso —afirmó Yui—. En ese momento no entendía el patrón. Pero al ver esta espada… todo encajó.
Se?aló el fragmento.
—El flujo de aura que impregna este metal es idéntico al que sentí en esas personas. No copias. No fragmentos. El mismo pulso, como si se tratara de una sola entidad extendiendo hilos.
Mora entrecerró los ojos.
—Un solo origen.
—Exacto. Y luego fui al laberinto… y lo confirmé.
—El plan perfecto de esta persona se terminó cuando alguien como tú que no estaba en sus cálculos entro en escena—Afirmó Mina
—Mi propuesta es esta —continuó Yui—: durante estas dos semanas, debemos correr la voz. En callejones, tabernas, rutas secundarias. Que el grupo de la diosa está concentrado en los puntos donde ya se desmantelaron redes. Que Akron está “limpia”.
Algunos intercambiaron miradas.
—Queremos que crean que ya tienen todo controlado —a?adió—. Que el laberinto es el lugar perfecto para moverse sin interferencias. Su guarida definitiva.
Mina apoyó los codos en la mesa.
— ?Y cómo confirmamos la fecha?
Yui no dudó.
—Secuestramos a uno de los cómplices en la segunda semana, la primera no actuaran para confirmar y en la segunda se organizaran para que en la tercera puedan moverse claro y conciso estoy segura.
—Como dije antes yo me encargaré de que nuestro amigo baje la guardia y acepte que la operación puede continuar en esta primera semana. Necesitaré tu ayuda Risa
Risa abrió los ojos, impresionada. —Lo haré, lo que necesites
—Tu plan es efectivo —intervino Athena—.
Mora observo a Yui durante varios segundos
—Has pensado esto con demasiada precisión para alguien que acaba de llegar —dijo finalmente.
Yui sostuvo su mirada.
—Porque ya he visto lo que sucede si dejas que esto ocurra como si fuera algo normal
La diosa sonrió lentamente.
—Muy bien —concluyó Mora—.
Miró al resto del grupo.
—Seguiremos este plan. Presión externa, calma interna. Que crean que Akron es segura… y que el laberinto es su santuario.
Se enderezó.
—Cuando muerdan el anzuelo… cerraremos la trampa desde dentro.
Por primera vez desde que la reunión comenzó, la tensión se transformó en algo distinto.
Confianza.
Todos sabían que el verdadero enemigo aún no tenía rostro.
Pero el cerco ya estaba trazado.
La reunión concluyó sin más objeciones. Cuando Mora se retiró, la tensión que había sostenido la sala durante horas se disipó poco a poco.
Uno a uno, los integrantes del círculo se acercaron a Yui.
Primero fue Athena, con una sonrisa franca y una inclinación de cabeza respetuosa.
—Así que tú eres la elfa que puso patas arriba toda la investigación en una sola noche —dijo—. Me alegra que estés de nuestro lado.
Luego Mina, más directa, le ofreció la mano.
—Si todo sale como dijiste, te deberé una buena bebida.
Los patrulleros intercambiaron palabras breves, claramente aliviados. Nadie la miraba con desconfianza. Al contrario: había una curiosidad genuina… y un respeto que Yui no había buscado, pero que se había ganado.
Para cuando la noche avanzó, la torre se llenó de risas, música suave y comida compartida. No era una celebración ruidosa, sino una bienvenida.
Yui, que no solía permanecer mucho tiempo en ese tipo de ambientes, se encontró relajándose poco a poco. Risa no se separó de ella, presentándole a cada uno, asegurándose de que nunca se sintiera fuera de lugar.
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Por primera vez desde su llegada a Akron, Yui sintió algo distinto a la alerta constante.
Cuando la música comenzó a apagarse y los invitados se retiraron, Risa la guió hasta el balcón del segundo piso. La ciudad se extendía debajo de ellas, iluminada por faroles cálidos y luces dispersas.
El aire nocturno era fresco.
Risa apoyó los brazos en la baranda, en silencio durante unos segundos.
—Antes… en la reunión —dijo finalmente—. Cuando dijiste que no volverías a subestimar tu habilidad de detección… sonó como si ya hubieras cometido ese error.
Yui no respondió de inmediato.
La brisa movió suavemente su cabello esmeralda.
—Sí —admitió—. Una vez… no le di importancia a esta habilidad.
Su voz era baja, contenida.
—Creí que no serbia por que no era una habilidad poderosa… cuando me di cuenta que era necesaria ya era tarde.
No dio detalles. No necesitó hacerlo. La preocupación y la tristeza se filtraron en cada palabra.
Risa bajó la mirada, comprendiendo que no debía presionar.
Tras un largo silencio, fue ella quien habló.
—Yo me uní a la diosa Mora… por mi hermano.
Yui giró lentamente hacia ella.
—Fue secuestrado —continuó Risa—. Por personas como las que estamos cazando ahora. Nunca volvimos a saber de él. Nadie quiso investigar. Nadie quiso meterse.
Apretó los dedos contra la baranda.
—Cuando escuche un rumor de que la diosa Mora estaba metida en este tema para cortarlo de raíz… si ayudaba… tal vez algún día podría encontrar una pista. Algo.
Su voz tembló apenas.
—Hasta hoy… solo sentía ansiedad. Cada día esperando que pasara algo...
Levantó la vista hacia Yui, con una peque?a sonrisa cansada.
—Pero cuando te vi por primera vez… sentí esperanza. De verdad.
Yui la observó en silencio. Luego habló con suavidad.
—Por eso necesito tu ayuda.
Risa parpadeó.
— ?La mía?
—Sí —respondió Yui—. No tu fuerza. No tu rango.
Hizo una breve pausa.
—Tu alegría.
Risa quedó desconcertada.
—Necesito que vayamos juntas al gremio todos los días, yo fingiré pedir información de aventurero básico, tú serás clave, dirás de forma casual para que el entorno escuche lo controlado que está este tema, filtraras peque?os pedazos de información cada día para que ellos estén confiados.
—Como quien comparte un secreto que “ya no importa”. Que Akron está tranquila. Que todo está bajo control. Cada día, un poco más relajado que el anterior.
Risa comprendió al instante.
—Bajaran la guardia…
—Exacto —asintió Yui—. Y nadie transmite calma mejor que alguien genuinamente optimista.
Risa respiró hondo. Luego sonrió, esta vez con determinación.
—Entonces lo haré —dijo—. Por mi hermano… y por Akron.
Yui volvió la mirada a la ciudad.
Las luces parecían tranquilas.
Demasiado tranquilas.
Durante siete días, Akron fue escenario de una calma cuidadosamente fabricada.
Cada jornada, Yui, Risa y el resto del círculo de Mora actuaron con una precisión silenciosa, como si todas siguieran una coreografía invisible.
Día 1.
Las patrullas se mostraron de forma deliberada en los distritos externos. Conversaciones casuales en mercados, risas audibles… pero sin tensión. Los rumores comenzaron a circular: “La diosa ya limpió lo peor”, “Quedan solo restos”.
Día 2.
Risa y dos recepcionistas avanzadas del gremio comenzaron a hablar con naturalidad.
Comentarios sueltos. Frases incompletas.
“La diosa se va a mover pronto”, “Akron ya no es prioridad”.
Nada que pudiera rastrearse como información oficial.
Ese día, Yui detectó algo distinto: aura repetida en distintas personas, como una misma respiración fragmentada.
—Son personas controladas —explicó—. Mensajeros que no saben que lo son.
Día 3.
Uno de los grupos de patrulla fingió abandonar la ciudad al amanecer. Se aseguraron de ser vistos.
—Demasiado fácil —murmuró Yui desde una terraza—. Están empezando a creerlo.
La sensación era clara: las corrientes de aura que antes se ocultaban ahora fluían con más confianza, como animales que dejan el refugio.
Día 4.
Un error calculado.
Athena dejó escapar información incompleta sobre una redada fallida. La noticia se deformó rápido, como toda mentira bien sembrada.
—Si esto sigue así, se moverán pronto —dijo Mora en una reunión breve—. No les gusta esperar cuando creen tener ventaja.
Día 5.
Yui empezó a reconocer patrones.
Las mismas firmas de aura, fragmentadas, aparecían y desaparecían cerca del laberinto… pero nunca dentro durante el día.
—Están preparando algo grande —susurró—. Ya no se esconden. Se están reuniendo.
Día 6.
La ciudad respiraba tranquila. Demasiado tranquila.
En los mercados nocturnos hubo música. Risas. Alcohol. Incluso algunos miembros del bajo mundo parecían relajados, confiados.
—Cuando la calma es tan perfecta… —dijo en voz baja— …es porque la tormenta ya eligió dónde caer.
Yui había identificado uno de los cómplices directos que daría la información a diferencia de uno que estuviera controlado por el domador
Día 7.
Al atardecer, ocurrió.
El cómplice que marcó Yui fue capturado en un callejón secundario. No opuso resistencia al ser rodeado por varios integrantes de la diosa.
El interrogatorio fue rápido con información clara y concisa, no hubo tortura. No fue necesaria.
—Habrá una transacción ma?ana por la noche, entraran cuando la recepcionista este al frente—informó Mora con el rostro serio
—Dentro del laberinto —a?adió Yui sin dudar—. En el sexto piso. Hay un entrepiso nuevo descubierto que conduce a pisos superiores, hay una intercepción donde los monstruos no pueden pasar
Un silencio pesado cayó sobre la sala.
Risa apretó los pu?os.
—Entonces mordieron el anzuelo…
—Esta noche —dijo finalmente, abriendo los ojos— creen que ganaron.
El laberinto los esperaba.
La diosa reunió a su círculo esa misma noche para que el plan sea infalible
El plan era preciso:
- Encerrarlos desde afuera
Una vez se confirmara el ingreso de todo mundo al laberinto un grupo de dos estarán en la entrada haciendo guardia hasta que lleguen los refuerzos del gremio - Luego en la entrada del entrepiso quedaran otras dos integrantes para que no pueda escapar nadie, ambos grupos una vez el gremio esté a disposición se unirán al combate principal
- Necesitaremos las habilidades de Nerfex y su sigilo para rescatar a los esclavistas
- El resto enfrentará directamente al enemigo liderados por Athena y Mina
—Según mi confirmación del cómplice, existe la posibilidad de que pueda controlar a cualquiera del grupo. ?Cómo contrarrestaremos esa habilidad?—A?adió Yui pensativa
—Existirán requisitos para una habilidad de ese estilo, al principio creí que podría ser de acuerdo al nivel de la persona, pero estoy segura de que él no es tan débil así que si mi intuición no falla el domador necesita un sello y tiempo para domar—Agregó de forma segura la diosa
— ?Aún así no creen que somos pocos integrantes en cantidad? Solo iremos 6 y no sabemos la cantidad de enemigos en el centro, si tan solo estuvieran las demás— dijo Asuma nerviosa
—Nosotras iremos al frente como las más fuertes que quedaron, no hay de qué preocuparse mientras yo esté aquí prometo proteger a todos— Exclamó Athena
Todos se animaron gracias a las palabras de la líder de turno
La ma?ana amaneció distinta en Akron.
No hubo campanas ni anuncios oficiales, pero la noticia se propagó con rapidez, como lo hacen siempre las verdades a medias. Desde temprano, los habitantes vieron cómo varios miembros del círculo de Mora abandonaban la ciudad por la ruta principal, equipados para un viaje largo. No marchaban con sigilo ni urgencia: lo hacían a plena vista, dejando que los rumores hicieran su trabajo.
—Dicen que van al norte —susurraban en los puestos del mercado.
—Otra aldea pidió ayuda…— ?Será Osterd?
—Akron ya es segura oficialmente.
Los rumores crecieron sin resistencia.
Al mediodía, las patrullas habituales ya no recorrían los callejones más conflictivos. Las miradas vigilantes desaparecieron de las esquinas donde antes nadie se atrevía a hablar en voz alta. La ciudad, poco a poco, se relajó.
Solo dos presencias permanecieron.
La diosa Mora no se ocultó. Caminó por el distrito central con la misma serenidad de siempre, como si nada estuviera por ocurrir. Athena, a su lado, mantenía la compostura, aunque sus ojos no dejaban de analizar cada movimiento, cada gesto sospechoso.
Para quienes observaban desde las sombras, aquello fue la confirmación final.
—Si la diosa se queda, es porque no espera nada —pensaron—. Si su círculo se va, es porque Akron está limpia.
En los callejones más profundos, las corrientes de aura comenzaron a moverse sin cuidado. Mensajeros cruzaron miradas, se?ales mínimas que solo los suyos podían entender. El laberinto, silencioso durante días, volvió a respirar.
Al caer la tarde, una certeza se asentó entre los involucrados:
esa noche, Akron sería el lugar más seguro del mundo.
Y justamente por eso, sería el último.
La noche cayó sobre Akron con una calma enga?osa.
Las antorchas de la ciudad se encendieron una a una, ba?ando las calles con una luz cálida que invitaba al descanso. Para la mayoría, era una noche más. Para otros, era la razón misma de su viaje. Carruajes discretos comenzaron a llegar desde distintos puntos del continente, sin emblemas visibles, sin escoltas oficiales. De ellos descendían hombres y mujeres bien vestidos, rostros serenos, palabras medidas. Familias influyentes, mercaderes de renombre, nobles menores cuyo poder no se exhibía, pero se sentía.
Llegaban directamente para ir hacía el laberinto.
Entraban en peque?os grupos, siempre después de intercambiar unas palabras con la recepcionista nocturna. Ella los recibía con la misma sonrisa profesional, asentía, y les indicaba el acceso con un gesto preciso. Desde afuera, no había nada fuera de lugar.
Mientras tanto, lejos de la vista pública, el círculo de Mora regresaba.
No lo hicieron por la ruta principal ni en formación visible. Aparecieron en distintos puntos de la ciudad, como si nunca se hubieran ido. Uno por uno, se mezclaron entre la gente, cruzaron patios internos, descendieron por escaleras ocultas, se reagruparon en silencio. La ciudad no los notó. Y eso era exactamente lo planeado.
Risa fue la primera en confirmar el movimiento.
—Empezara pronto —susurró.
Mora observaba desde una terraza elevada, su presencia contenida como una llama cubierta por cenizas. Le da la orden a su escolta para reunirse con los demás.
Yui y Risa eran las más cercanas al laberinto.
—Entraron más de los que esperaban —murmuró Yui—. Eso significa que confían por completo.
Era la confirmación final.
Dentro del laberinto, en un piso cuidadosamente preparado, los implicados tomaban asiento. El lugar había sido reforzado con runas de aislamiento y barreras de sonido. Las jaulas permanecían cubiertas. Las voces eran bajas, ansiosas. El líder daba órdenes con precisión, sin saber que cada palabra quedaba registrada en la memoria de la noche.
Y más arriba, en la superficie, Akron dormía.
Dormía sin saber que todas sus piezas estaban, por fin, en el tablero.
Cuando la última familia cruzó la entrada y la recepcionista cerró el registro nocturno, Mora abrió los ojos.
—Ahora —dijo con calma absoluta.
Y el laberinto, que había sido usado como refugio, se convirtió en trampa.

