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EL GRAN ARQUITECTO

  Hubo un tiempo en que las dimensiones son un estruendo de historias entrelazadas: guerras que romaníes sus límitas, décadas que borraban galaxias y sistemas que evolucionaban sin fin. Ahora, todo eso era estática en una cinta borrada. El "Guion de la Existencia" había llegado a su última página, y el libro se había cerrado.

  En el centro de la Nada Absoluta, sentido en un tronco forjado con la oscuria de un trillón de solos muertos, se encontraba él.

  Su apariencia desafiaba cual ley física. Su piel era un mapa estelar vivo, una nebulosa contenida en forma humana donde las constelaciones nadían y morían en cada poro. Su cabello fluía como mercurio líquido, brillando con un fulgor plateado que recordaba a una divinidad antigua. Pero erán sus ojos lo que más aterraba: dos alegrías doradas con patrones de anillos infinitos que no solo veían la realidad, sino que dictaban lo que era real.

  - ?Queda algún rastro de la vieja lógica? susurró la entidad. Su voz no viajaba por el aire, sino que vibraba directamente en el tejido de la no existencia.

  Dentro de su conciencia, una inteligencia suprema, fría y perfecta, respondió al instante:

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  ?[Análisis completo: Las leyes de la causalidad han sido asimiladas. El 100% de las fuentes de energía y los registros de las almas han sido reclamados por el Vacío Absoluto. No existen anomalías externas.]

  ?El ser suspiró. Un suspiro que, en el pasado, habría extinguido galaxias enteras. Con un movimiento perezoso, las sombras a sus pies se agitaron. Billones de ojos carmesí se abrieron en la penumbra. Eran su ejército: El Vacío Absoluto. No eran soldados, sino ecos de todos los seres poderosos que alguna vez existieron, ahora convertidos en extensiones de su propia voluntad.

  ?-Incluso el poder de negar la existencia se siente inútil cuando ya no queda nada que negar -pensó el ser, cuya voluntad era tan pesada que el mismo destino se arrodillaba ante él.

  Se puso de pie. Detrás de él, diez esferas de oscura perfecta flotaban perezosamente. Cada una no era una simple arma, sino un "Huevo Cósmico" que contiene las cenizas de universos enteros, esperando ser moldeados de nuevo.

  él posea la tenacidad del sol, la frialdad de la luna, el hambre del abismo y la autoridad del autor.

  -Si ya no hay una historia que seguir... -digo, mientras sus ojos brillantes con una determinación que habría hecho temblar a los arquitectos primordiales -. Entonces yo seré el pincel y el enlace.

  La entidad extendida su mano y, con gesto de su mano creo un nuevo universo.

  -Levántense-ordenó.

  Y en ese instante, la Nada obedeció. El derecho blanco se ti?ó de negro y estrellas, y una nueva crónica, una que jamás podría ser borrada, comenzó a escribirse.

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