Tras el caos y las revelaciones, ambos grupos finalmente tuvieron unos días de descanso. El edificio del SOPP ya estaba funcional y los turnos de vigilancia, entrenamiento e investigación eran parte del día a día. Algunos pasaban horas revisando grabaciones, otros salían a patrullar ciertas zonas, mientras que algunos se encargaban de revisar y organizar los informes de testigos. Sin embargo, entre todo eso, también había espacio para respirar.
Las ma?anas dentro del edificio comenzaban temprano. El sonido de puertas abriéndose, pasos apresurados por los pasillos y el leve zumbido de los equipos electrónicos llenaban el ambiente. En una de las salas principales, varias pantallas mostraban fragmentos de cámaras de seguridad de distintos puntos de la ciudad. Algunas imágenes parecían normales: autos pasando, gente caminando, calles tranquilas. Otras, en cambio, quedaban marcadas con etiquetas y horarios específicos, esperando ser revisadas con más atención.
El SOPP había empezado a sentirse como un lugar vivo. No solo por las pantallas y los equipos, sino por las personas que lo habitaban. Algunos hablaban entre ellos mientras tomaban café, otros cruzaban miradas silenciosas cargadas de entendimiento. Cada quien tenía su tarea, pero todos compartían la misma sensación de estar caminando hacia algo que aún no podían ver con claridad.
Karen y Sarah caminaron juntas hasta una cafetería cercana, buscando distraerse de la rutina. Entre risas contenidas y silencios compartidos, se notaba el ambiente más ligero… al menos por ese momento.
La cafetería era peque?a, con mesas junto a una ventana que daba a la calle principal. El aroma a café recién hecho llenaba el lugar, mezclándose con el murmullo bajo de otras conversaciones. Afuera, la ciudad seguía su curso habitual: personas cruzando la calle, bicicletas pasando, autos deteniéndose en los semáforos.
Karen apoyó los codos sobre la mesa mientras observaba cómo el vapor se elevaba lentamente desde su taza.
—?Crees que estamos cerca de descubrir quién es el que está detrás de todo esto? —preguntó Karen, removiendo su bebida.
Sarah tardó unos segundos en responder. Su mirada estaba fija en la calle, como si estuviera intentando leer algo entre el movimiento constante de la gente.
—No lo sé. Siento que nos acercamos… pero también como si alguien jugara a mantenernos lejos —respondió Sarah, con la mirada puesta en la calle.
Karen siguió la dirección de sus ojos. Durante un momento ninguna de las dos habló. No era un silencio incómodo, sino uno de esos espacios donde las palabras no eran necesarias.
—A veces pienso que todo esto es demasiado grande para nosotros —dijo Karen en voz baja.
Sarah negó levemente con la cabeza.
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—Tal vez. Pero si nadie intenta entenderlo, entonces nunca sabremos qué está pasando realmente.
Karen soltó una peque?a risa.
—Siempre tan optimista.
—No es optimismo —respondió Sarah—. Es terquedad.
En el otro lado de la ciudad, Kael y Bob trabajaban en la recolección de información dentro del SOPP. Bob organizaba los nuevos datos recopilados mientras Kael revisaba comunicaciones digitales interceptadas. Entre los dos había una sincronía efectiva, pero ocasionalmente se daban el lujo de bromear o distraerse viendo lo que Michael llamaba “momentos raros” en la red de vigilancia.
En una de las pantallas apareció un clip donde un gato caminaba tranquilamente por una calle vacía antes de detenerse justo frente a una cámara de seguridad.
—?Ese gato acaba de mirar directo a la cámara? —preguntó Bob.
Kael inclinó un poco la cabeza.
—Creo que sí.
—Te juro que ese gato sabe algo.
Kael soltó una risa breve antes de volver a la pantalla principal.
Bob seguía moviendo archivos, clasificando horarios, ubicaciones y nombres. Cada peque?o detalle podía ser importante. Habían aprendido eso de la peor manera.
—Oye —dijo Bob después de un rato—. Si todo esto termina… ?qué piensas hacer?
Kael no respondió de inmediato.
—Dormir —dijo finalmente.
Bob sonrió.
—Suena como un buen plan.
Taenut, aún en recuperación, se dedicaba a leer y estudiar documentos relacionados a cristales y posibles anomalías multiversales. Sabía que su rol en este universo seguía sin completarse.
La habitación donde se encontraba estaba llena de papeles, libros y notas escritas a mano. Algunas hojas estaban marcadas con símbolos o diagramas que intentaban explicar la relación entre los cristales y las distorsiones dimensionales.
A veces levantaba la mirada de los documentos y observaba por la ventana. La ciudad parecía normal desde esa altura. Demasiado normal.
Sabía que esa calma era temporal.
Volvió a sus apuntes y escribió algunas palabras nuevas en uno de los márgenes. No tenía todas las respuestas, pero cada peque?o dato lo acercaba un poco más a entender el sistema detrás de todo.
Y mientras todos seguían con sus días entre tareas, Maenut y Karen se escapaban una tarde para caminar por una zona tranquila del parque. A pesar de todo lo ocurrido, poder reír juntos o compartir peque?os momentos era un lujo que ambos apreciaban más que antes.
El parque estaba casi vacío. Algunos árboles proyectaban largas sombras sobre el césped y el sonido del viento moviendo las hojas creaba una especie de calma que contrastaba con todo lo que habían vivido recientemente.
Caminaron sin prisa, siguiendo uno de los senderos de piedra que atravesaban el lugar. A lo lejos, un par de ni?os jugaban cerca de una fuente mientras una pareja paseaba a su perro.
Karen miró alrededor durante unos segundos antes de volver la vista hacia Maenut.
—Es raro… —dijo—. Después de todo lo que pasó, se siente extra?o que el mundo siga igual.
Maenut observó el cielo entre las ramas.
—Tal vez el mundo siempre sigue igual. Somos nosotros los que cambiamos.
Karen pensó en esas palabras mientras seguían caminando.
—?Sabes? A veces quisiera congelar este instante y quedarnos aquí —dijo Karen, apoyándose levemente en su hombro.
Maenut no respondió de inmediato. Solo asintió con una leve sonrisa, viendo cómo la luz atravesaba las hojas sobre ellos.
Durante unos segundos simplemente se quedaron ahí, escuchando el viento y el leve murmullo de la fuente a lo lejos.
Era un momento peque?o.
Pero para ambos, después de todo lo ocurrido… era suficiente.

